Al calor de la butaca: Los olvidados

Escrita por Román Chalbaud en 1967, Los ángeles terribles constituye sin duda una de las piezas fundamentales en la obra del dramaturgo venezolano. Ese mismo año fue presentada en su estreno por El Nuevo Grupo (formado por José Ignacio Cabrujas, Isaac Chocrón y Chalbaud), en un montaje dirigido por el mismo autor, con las actuaciones de Rafael Briceño, América Alonso, Eduardo Serrano y Luis Abreu.

En 1979 fue nuevamente escenificada, esta vez bajo la dirección de Cabrujas, con Julio Jung, Elba Escobar, Luis Colmenares y Jorge Díaz como protagonistas. Presentada en la sala de teatro Alberto de Paz y Mateos, se le recuerda particularmente por su imponente escenografía, obra del artista Jacobo Borges.

Los ángeles terribles fue seleccionada por Rafael Barazarte para participar con ella en el Festival de Jóvenes Directores del Trasnocho Cultural (se presentará hasta el domingo 4 de marzo), mediante una nueva aproximación que cuenta con las interpretaciones de Luigi Sciamanna, María Alejandra Tellis, Jósbel Lobo y Raoul Gutiérrez, como Zacarías, Sagrario, Ángel y Gabriel, respectivamente.

El realismo social abordado por Chalbaud en su producción artística de la época, desde su labor como escritor y director de teatro y cine, estuvo sin duda influenciada por el neorrealismo italiano de mediados del siglo pasado, preocupado por el rescate de las condiciones más auténticas y humanas de la sociedad, sumándole un toque surreal, del cual Luis Buñuel fue especialista, en particular por el correspondiente a su producción cinematográfica durante el llamado período mexicano.

Una visión que se complementa, además, con la literatura latinoamericana de aquellos años, próxima al realismo mágico (Cien años de soledad fue publicada también en 1967), confiriéndole en conjunto a la obra del autor una particular personalidad enfocada en ciertos aspectos de la marginalidad, abordados con un particular carácter metafórico, logrando un importante significado como registro de una época convulsionada por importantes cambios políticos, sociales y culturales.

En Los ángeles terribles, la cama es el centro del espacio en el que Zacarías comparte con Sagrario, la prostituta embarazada; junto con Ángel (acompañado por sus dibujos y ocasionales libros) y Gabriel, el lazarillo, el puro, quien sin desplazarse de su lecho participa como miembro de la particular familia que forman.

Ese universo, entre sagrado y profano, está rodeado por muñecas de trapo, con las cuales conviven (como lo hizo Armando Reverón en su castillete junto a Juanita) y donde Aspasia, una nueva figura en formación, les obliga a enfrentar su pasado y su presente, sometido a la voluntad de Zacarías, quien tratándoles como marionetas les domina y controla.

Oscar Salomón crea una efectiva escenografía, fundamental como quinto personaje. Transforma el espacio escénico con el apoyo del juego de luces y sombras que se logra gracias al diseño de iluminación de Alfredo Caldera, capaz de transportarnos al submundo en el que habitan sus personajes.

Luigi Sciamanna como Zacarías demuestra de forma sobresaliente su talento como intérprete, acompañado por el sutil y destacado trabajo realizado por María Alejandra Tellis, junto a Jósbel Lobo y Raoul Gutiérrez, quienes sobresalen en la construcción y tratamiento de sus personajes, regidos por la segura conducción de Barazarte, sólida en el manejo de la puesta en escena y perturbadora por su historia.