Adiós al Dipro

Ha fracasado estruendosamente el aberrante experimento que trató de insuflar vida al difunto modelo comunista. De cumplirse los cálculos del FMI para 2018, en solo 3 años se habrá destruido 55% del PIB, así como una de las más sólidas industrias petroleras del planeta con una caída, en solo un año, de 649.000 barriles diarios. La escasez es abrumadora. Después de haber arrasado con la economía, y con el sector agrícola y agroindustrial, se ha hundido a Venezuela en la más perniciosa hiperinflación que existe hoy en el planeta. La pobreza crece aceleradamente.

Arrinconado por la profundidad de la crisis y un aislamiento internacional progresivo, el régimen intenta recurrir a algunas medidas económicas aisladas.

La eliminación del Dipro –que apunta en una dirección correcta– es una de esas medidas parciales. Pero, aisladamente, acarreará graves consecuencias y pocos beneficios. Se trata de una de las tasas dentro del control de cambios a través de la cual se podía importar alimentos, medicinas y algunos rubros esenciales a un tipo de cambio de 10 bolívares por dólar.

Se prestó el Dipro a casos de brutal corrupción, pues allegados al régimen se hicieron con groseras fortunas. Cerca de 70% de las importaciones del país que se realizaban a la tasa Dipro tendrán ahora que recurrir a la tasa Dicom (tipo de cambio administrado flotante), cuyo nivel resultará de subastas en las cuales el gobierno ha dicho que no ofertará dólares y, por tanto, la oferta se limitará a la que puedan hacer los particulares.

Entiéndase que el sector petrolero, en manos del Estado, es el que recibe 96% de todos los dólares que ingresan al país. Si esos dólares no participan en la subasta, la oferta será claramente insuficiente y, por tanto, el tipo de cambio que resultará de las mismas tenderá a subir.

No está claro el incentivo de los particulares para ofertar divisas en las subastas del Dicom. A pesar de ello, el paralelo bajó en los últimos días ante las expectativas generadas por el nuevo régimen cambiario. Si no resulta exitoso, el rebote sería inevitable.

En todo caso, el impacto inflacionario derivado de la eliminación de la tasa Dipro será fenomenal. Basta con calcular el precio que alcanzarán los alimentos y las medicinas que se venían importando a razón de 10 bolívares por dólar y que ahora tendrían que importarse a 25.000 bolívares por dólar, conforme a la última subasta Dicom.

El nuevo mecanismo podría, sin embargo, atraer algunas empresas mixtas asociadas a Pdvsa. Hasta el momento ellas carecían totalmente de incentivos para invertir. Un nuevo tipo de cambio más atractivo resultante de las referidas subastas podría estimular esas inversiones. En contrapartida, hay que resaltar que la participación que ellas tienen en las empresas mixtas alcanza a apenas 40%, que el accionista mayoritario, que es Pdvsa, no ha aportado su 60% y ni siquiera paga sus deudas. Además, ha sido declarado en “default selectivo” por las calificadoras de riesgo y no tiene acceso a nuevos financiamientos. A ello hay que agregar la inseguridad jurídica prevaleciente que no constituye el ambiente más propicio a las inversiones, como tampoco el entorno político cada vez más enrarecido.

Cuando una economía llega a tener tantas y tan profundas distorsiones, no es factible recurrir a parches aislados. Se requiere un cambio de modelo político y económico. Nada se gana con eliminar el Dipro si no se adoptan las demás medidas de racionalización de la economía, indispensable para restablecer la confianza y la seguridad jurídica sin las cuales no se recuperará el aparato productivo.

Hemos visto un continuo desfile de experimentos cambiarios fallidos: Cadivi, Sicad, Sicad 2, Simadi, Dipro, Dicom, etc. La eliminación del control de cambios sería la opción racional, conjuntamente con otras medidas de carácter social, fiscal y monetario, así como el apoyo frontal del FMI. De lo que se trata es de estimular al máximo la economía, las inversiones y la producción de bienes de todo tipo, con el fin de que el aumento de la oferta actúe sobre los precios, forzándolos a la baja. Se trata de frenar el empobrecimiento.