Un país en duelo

Nos han matado la esperanza.

…Y estamos en duelo. Y el silencio es estruendoso. Y nada moviliza.

Uno está acongojado, retraído, triste, dándole un lugar a lo que pasó. Digiriendo y entendiendo. Pero cuidado, porque no se está en duelo todo el tiempo. De este estado se sale y, muchas veces la lucha repunta con más fuerza. Los golpes nos hacen más fuertes.

Después de un duelo, no volvemos a confiar ciega y absolutamente en un proyecto. Nos damos el lugar que merecemos. Queremos garantías a cambio de la confianza. Exigimos lo que antes no éramos capaces. 

Decía esta semana el padre Ugalde, necesitamos a alguien que le devuelva la esperanza a este país. Yo coincido plenamente. Recuperar la FE de que es posible una salida a esta trágica y penosa historia que nos ha tocado protagonizar.

Toca, además, analizar por qué estos que hoy nos han generado esta borrascosa realidad están donde están. Toca cuestionar nuestro ADN, qué hicimos mal como sociedad. Por qué creemos siempre en el más popular y NO en el más preparado. Cómo llegamos a entregar lo más sagrado que tiene un país que es su gentilicio.

Como bien lo ha dicho Begoña Villacís, la portavoz del Partido Ciudadano en el Ayuntamiento de Madrid en España, de la que por cierto recomiendo ver el video, “Venezuela se está comprometiendo la libertad, la democracia y hasta las necesidades más básicas de los ciudadanos”. Villacís consideró meritorio tratar temas de interés para ambos países como el importante éxodo de venezolanos que se encuentran radicados en Madrid, “no por gusto o negocios, sino por buscar mejores oportunidades”, sostuvo.

Lo que más me impresionó de su discurso es una cosa que creo es menester aprender. A las cosas las llamó por su nombre y a los mal llamados socialistas en España les decía claramente sus verdades en la cara, cuando en su momento no dejaban de halagar al hombre que inició toda esta historia en el país, Hugo Chávez. Sin rodeos, sin tangentes, SIN POLÍTICA.

Pero, en fin, hoy estamos en este proceso de abrir los ojos y despertar a la perdida. ¡Y vaya qué perdida! Somos un país en duelo, pero cuidado, porque de todos los duelos se despierta. No me cabe la menor duda que será el caso de esta Venezuela.