Es hora de recoger los bates en la LVBP

El último out en la Serie del Caribe puso fin a la temporada 2017-2018 del beisbol invernal. Comienza el tiempo de revisión, que para la LVBP tendrá un primer capítulo importante dentro de pocos días, con la Jornada de Reflexión que repasará lo ocurrido y hacer propuestas con vistas a la Convención Anual.

1. El arbitraje fue protagonista. Por primera vez, todos los umpires fueron venezolanos. Eso ocurrió sin desniveles escandalosos. Por el contrario, el balance parece positivo. Hubo errores, siempre habrá. Pero también aciertos. El mayor de todos fue confiar en los nuevos egresados de la Venezuelan Umpire Camp y su programa de formación, en vez de buscar jueces en ligas independientes, ante la decisión de las Ligas Menores de no venir más al país. Las repeticiones de TV dieron más de 60 por ciento de razón a los hombres de gris y negro, aunque eso es anecdótico; lo mandatorio es lograr consistencia detrás del home y mantener una actitud equilibrada, nunca desafiante, frente a managers, coaches y peloteros. El trabajo, en ese sentido, no ha terminado. Pero la apuesta del “purocriollismo” resultó feliz y pide mayor apoyo.

2. Los rosters marcaron el ritmo. Reducir la nómina semanal a 30 hombres (salvo las dos primeras semanas) y recortar a 26 el roster diario tuvo consecuencias interesantes: más allá de igualar a los equipos de menos presupuesto con los que tienen más firmas y dinero, la modificación aligeró el ritmo de los juegos. Hace cinco años, cada escuadra contaba con tres o cuatro lanzadores más, en promedio, lo que obligó a los managers a administrar mejor sus brazos y llamar menos veces al bullpen. No era el objetivo inicial, reducir el tiempo de juego, pero resultó una consecuencia bienvenida.

3. Controles bajo lupa. Terminó la campaña sin que se anunciaran los primeros resultados de los exámenes antidopaje. Las pruebas realizadas entre octubre y diciembre ya se conocen en la liga. Es posible que el despacho de El Recreo esté esperando para emitir un informe completo, que incluya los despistajes de enero. Hay buenas razones para aguardar ese reporte. Una de ellas, el modo inadecuado en que se manejó el affaire de Cacao Valdez, cuya reputación sufrió tanto como sufrió el sistema de controles, al punto de que se desmanteló en gran medida el equipo de la Comisión Antidopaje. Este es un punto que pronto generará más comentarios y análisis.

4. El sistema funcionó. El esquema de competencia con playoffs directos tuvo capítulos emocionantes. Aunque en algunos aficionados todavía quede nostalgia por el round robin —y más allá de que en la Venezuela de hoy es imposible hacer un tour que lleve a los equipos cada noche a una ciudad distinta—, los choques directos resultaron atractivos, cautivantes incluso para para quienes se asomaban a la TV sin tener preferencia por un equipo en particular.

5. La voz del pueblo. La asistencia creció. Las primeras cuentas hablan de casi 15 por ciento de incremento, según la suma del periodista César Sequera, a falta de la confirmación oficial. En medio de la brutal crisis social y económica que sufre Venezuela, los equipos se adaptaron, realizando promociones, incrementando el precio de los boletos a una tasa muy por debajo de la avasallante inflación, y el público respondió.

@IgnacioSerrano

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