Epa musiú

Odié esta expresión mientras viví en Catia.

Así llamaban a mi padre, un inmigrante italiano que llego a Venezuela el día en que caía la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Musiú: Viene del vocablo francés “Monsieur” que significa “Señor”.

Según los entendidos, es una expresión que se utiliza para referirnos a un extranjero o alguien con apariencia tal.

En todo caso, sé que muchos en aquel tiempo donde corría una sociedad amable, lo decían hasta con cariño. Sé que no lo hacían con la intención de molestar. Aunque no faltaba aquel que con la ignorancia del que no valora el esfuerzo ajeno lo apuntaba en todo peyorativo. La intención, una y otra vez, era hacerles sentir,  a aquellos que un día vieron en esta tierra un sinfín de posibilidades, que eran extranjeros.

Estuve casada durante años con un joven de origen portugués. Recuerdo que la hora de levantarse era a las 3:00 a.m. Previo café,  se salía a trabajar. La misma historia repetíamos en casa con mis padres. El mismo guión, 4:00 am, aquello era un festín en la cocina;  tazas, platos para dejar el almuerzo listo, ruido por doquier y todos queriéndolo o no terminábamos levantándonos de madrugada, había que o estudiar o trabajar. No había espacios o tiempo libre. Había mucha necesidad.

El extranjero que llegó a Venezuela, sobre todo esa inmigración italiana, portuguesa, española, vino a aportarle mucho a esta tierra, sumo multiculturalidad, tradiciones, mezcla de pieles, de sangre;  y sobre todo, nos entrego mucho progreso. Porque esos hombres y mujeres provenientes del viejo continente solo tienen más que clara una cosa: El valor del trabajo.

Veo con profunda vergüenza algunos videos donde uno de los que acompaña a esta especie de justicieros de estos tiempos,  que están “supervisando panaderías” decir: “Ese portugués que está allí,  ese es un rata”, en el sentido más vejatorio de la palabra.

La manera en que irrumpen los negocios. La forma en la que irrespetan a los trabajadores y como hacen de todo el procedimiento un show, es poco menos que repudiable. Porque el problema no es la especulación. El problema es que no hay materia prima para producir. El problema es la manera en que se han conducido los destinos de esta nación. Ese es el problema.

Sé de muchos casos de gente que tiene estos negocios por generaciones, que no sabe qué hacer, presos del desespero se les va la vida viendo como les socavan lo que les llevo años construir. Sin poder hacer nada.

Si algo hay que agradecer de aquella Venezuela de entonces, fue que inspiro a tantos en venir aquí. Tantos que decidieron invertir y construir.

Yo nací donde honrosamente nació el maestro Cabrujas, y es que  si algún sitio reivindicó en José Ignacio Cabrujas el sentido de ser caraqueño, ese fue Catia“Allí los inmigrantes principalmente europeos, llegados entre los cuarenta y cincuenta, encontraron cobijo a su desarraigo. Los aires de progreso le bautizaron con el pomposo nombre de -Nueva Caracas-“.

El poeta describió Catia “como un gran bazar iraní, los árabes con sus quincallas y su mezquita al final de la Plaza Catia, los obreros italianos y sus trattorias, los españoles y portugueses con sus panaderías”.

En todo caso,  Catia es como ese hervidero de progreso que replico en el país entero y lo quieran o no aquellos que hoy penosamente se niegan a aceptar, Venezuela es el resultado de gente trabajadora, de connacionales y de inmigrantes que así como mi padre dejaron la vida trabajando en este lugar. La historia no tiene baches. No excusa. Y estas deshonrosas historias seguramente serán facturas por las que alguien deberá pagar,  con el absoluto perdón de los inmigrantes honestos y trabajadores que siguen amando a este país a pesar de todo y por el que aún tienen todas las ganas de luchar.

Caterina Valentino