¿Y cuál es la ruta?

En tiempos de “involución” y muy poco después de haberse instaurado la era populista promovida y dirigida desde La Habana, la sociedad democrática ha ensayado sin éxito diversas fórmulas para sacar al país de un atolladero existencial, que además en los últimos cinco años ha derivado en un naufragio social catastrófico. Es así, como aún enfrentamos la dramática imposibilidad de identificar el camino que nos conduzca a superar y trascender el extravío colectivo derivado de la dinámica retrógrada y de privación impuesta por el desgobierno.

Con cada fórmula ensayada y cada frustrado intento en alcanzar el objetivo de reencausar al país en el curso correcto de la modernidad y rescatarlo de la visión nefasta del gallinero vertical, la molienda de liderazgos ha pasado su factura, dejando atrás no solo a los líderes de cada momento, sino en algunos casos hasta a las propias instituciones que han representado. Pero tal como el adagio indica, “A Rey muerto, Rey puesto”; y como quiera que la lucha por el rescate del país es inaplazable, por una parte el desgobierno neutraliza; y por la otra, se asoman y florecen valientes liderazgos comprometidos con montar a Venezuela en el carril de la modernidad. Igualmente, proliferan las iniciativas en las indómitas redes sociales, que difícilmente pueden ser calladas y que aún con su alcance por lo pronto limitado, bien sirven al propósito de brindar luz ante la autocensura de los medios masivos.

Y a la escena se ha sumado finalmente un nuevo actor, el más temido por los caraduras del régimen, y sin duda el más importante para alcanzar el objetivo de desplazarlos. Ese actor es el pueblo y su sentido reclamo por sus mínimas reivindicaciones insatisfechas, defraudadas y burladas, manifestándose día tras día en un rosario de protestas que se propagan a lo largo y ancho del territorio nacional, tal como se esparce una chispa en la sabana convirtiéndose en fuego indómito.  

En apariencia, los elementos o ingredientes para dejar atrás el accidente histórico chavista, están presentes. Un sector político y un entramado de organizaciones sociales que coinciden en que superar el modelo de gobierno es urgente; una opinión articulada y mayoritaria que circula boca a boca y a través de todas las redes posibles, que está de acuerdo en el hecho de que solo es posible trascender a la tragedia económica y social en que estamos sumergidos,  desplazando al régimen; y por supuesto ese pueblo burlado, atropellado, engañado y herido, con sus necesidades de vida o muerte a flor de piel, cuya protesta y reclamo crece, se hace fuerte y aumenta su volumen e intensidad. Por ello, cabe entonces preguntarse y con razón, por qué aún permanecemos dando tumbos y en una suerte de círculo vicioso, donde no solo no avanzamos hacia la meta, sino que ahora más bien observamos con sorpresa, como los fuegos mayormente se abren no contra los responsables de nuestra suerte involutiva, sino que más bien se han concentrado en carbonizarnos a nosotros mismos, con descalificaciones, burlas, ataques y en fin, poniendo la mira en cualquier parte, menos en quien realmente merece toda la descarga de nuestra artillería ciudadana. 

El drama descrito, es típico de la desorientación y orientarnos requiere entonces de nosotros ir a lo más básico, que es ante todo poner siempre por delante el objetivo de rescatar a Venezuela, sin distracciones; por lo que una vez orientados y teniendo presente el objetivo y nuestro Norte, es que podremos trazar la ruta que nos lleve al destino deseado.

La ruta está a la vista y es la protesta ciudadana, cívica, enérgica y con el contenido y la fuerza que aporta no la discusión distante sobre la inconveniencia de un modelo comunista, sino que es el reclamo directo y sin intermediarios del pueblo en su lucha por las reivindicaciones que le son negadas. Es urgente que nos hagamos eco solidario de ese reclamo y que la acción, experiencia y recursos de la dirigencia política, se sume y contribuya a organizar lo que está en vías de convertirse en un solo sentimiento, que es donde residirá la verdadera unidad. ¡Esa es la ruta!