• Caracas (Venezuela)

Amadeo Leyba

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Unicef ¡ayuda!

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Al presidente Harry Truman le corresponde el funesto legado de aprobar por primera vez el lanzamiento de la bomba atómica contra población civil con deplorables consecuencias y sin importarle el daño ocasionado a una niñez cuya principal característica fue la inocencia en comprender el conflicto bélico que la rodeaba. Los párvulos de Europa, inocentes también, sufrían de los estragos ocasionados por la llamada Segunda Guerra Mundial.

Dicen que por cargo de conciencia el presidente Truman designó al otrora mandatario Herbert Hoover para que estudiase la situación de los niños que habían logrado sobrevivir a ese enfrentamiento bélico mundial. Después de exhaustivo y humanitario análisis recomienda a la recién constituida Naciones Unidas la creación de un Fondo Internacional de Ayuda de Emergencia a la Infancia (Unicef). Su trabajo de los primeros años fue tan valorado por la propia ONU que en 1950 aprobó su permanencia indefinida, y eliminó de sus siglas la palabra Emergencia. Su principal base conceptual se fundamenta en: “No tomar en cuenta las creencias políticas o religiosas, ni la raza o nacionalidad”. Quizás sea por eso que este organismo dedicado exclusivamente a la infancia sea considerado como el más eficiente de la ONU.

Nuestro país atraviesa una crisis humanitaria que afecta a nuestra niñez. Es reiterativo escuchar en nuestra consulta la voz de angustia de las madres venezolanas sobre el desabastecimiento en productos para la salud de sus niños: No consigo leche, ni pañales, ni vacunas, ni desparasitantes, ni antibióticos, ni..., etc. La respuesta que ha dado la industria farmacéutica es que no ha recibido las divisas correspondientes, y nuestra indignación se acentúa cuando recordamos la extinta Asamblea Nacional otorgando un crédito a la Alcaldía de Caracas para  sufragar el pago de artistas –muchos de ellos extranjeros– por su actuación en el Festival de Música Suena Caracas.

La Unicef no solo aporta ayudas económicas para emergencias, sino que también promueve programas para el control de enfermedades como tuberculosis, paludismo, dengue, chikungunya, zika, etcétera.

La nueva ministra de Salud por ser pediatra tiene la obligación de darle prioridad al relevo generacional y ojalá que el axioma del filósofo inglés Bertrand Russell no la termine afectando como a los que la presidieron en su cargo: “Los malos funcionarios y los pañales de los niños hay que cambiarlos a menudo”.

* Pediatra