• Caracas (Venezuela)

Álvaro Requena

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Álvaro Requena

Los hechos hablan por sí solos

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Las explicaciones sobran.

Lo que importa es que aquí se dicen y se hacen cosas: buenas, malas, regulares, injustas o ajustadas a las leyes. El hecho es que se ejecutan órdenes y no se discute su pertinencia. Se cumplen y punto. La base de todo es mantener vivo en el pueblo el concepto de que hay un gobierno que manda, sin tapujos ni cortapisas, sin ambages, sin nimiedades, sin consideraciones. No importa quién, ni cómo, ni dónde, lo que se debe destacar es qué se hizo. El Estado es el padre proveedor y es de él de donde proviene el bienestar, no de los dueños de empresas que pretenden disfrazar su éxito con dádivas y aparentes servicios a la comunidad, ni de los líderes políticos. Ellos son en realidad unos saboteadores del plan de socialización profunda y total de la nación.

El pueblo escogió a quienes considera sus representantes y mandantes en esta saga histórica. El fin justifica los medios y por tanto las conductas individuales de estos gobernantes son aceptadas sin cuestionamiento alguno y autodefendidas a ultranza, pues el principio básico del desarrollo del Estado socialista del siglo XXI es la aceptación indiscutida de las verdades construidas por los revolucionarios con base en las necesidades del momento: si hay que mentir, se miente; si hay que asociarse con la guerrilla o el narcotráfico, se hace; si hay que ir contra principios, valores, leyes y normas constitucionales, se irá; si hay que apartar a fulano o a mengano, se hará, y si hay que apropiarse de alguna empresa o servicio, se hará también. Todas las acciones del gobierno son válidas y convenientes por el solo hecho de ser acciones del gobierno.

La legitimidad de esas acciones es envolvente y fundamental, surge de improviso y del revestimiento íntimo personal del jefe, no son cuestionables excepto por las vías que permiten y señalan las leyes, pero la decisión judicial correspondiente será aquella que los jueces decidan o dejen de decidir, en cuyo caso el tiempo castigará con su guadaña al irrespetuoso ciudadano que osó oponerse o fue apresado por decisiones político-administrativas de sórdido nivel.

Bueno, en este breve discurso expuse, en el lenguaje más perlado del que fui capaz, la realidad actual de Venezuela, nada diferente de la de otros países que han atravesado por semejante prueba. Lo bueno es que no va a durar tanto como algunos creen, ni tan poco como otros deseamos. Lo peor es que el cambio va a señalar nuestras deficiencias sociales y personales de manera cruenta y recuperarnos de tal desgracia nos costará lágrimas, mucho esfuerzo, energía y tiempo, pero al final seremos un pueblo feliz, contento, entusiasmado y todos empujaremos en el mismo sentido con fuerza, acatando la Constitución y manifestando nuestro orgullo de ser un pueblo justo, trabajador, respetuoso de la diversidad y seguros de haber elegido nuevos gobernantes que muestren de manera humilde su vocación de servicio y su respeto por el pueblo y las leyes.