• Caracas (Venezuela)

Álvaro Requena

Al instante

Lo esencial y lo superfluo

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Al contrario de lo que cree hacer el gobierno, las acciones que este despliega, en su casi totalidad, tienen muy poco que ver con las necesidades básicas de los ciudadanos y por ende no son actos esenciales para la estabilidad, tranquilidad, seguridad, salud, correcta alimentación y adecuada instrucción de los venezolanos.

Las carencias a las que nos ha obligado este gobierno mal administrador, peor planificador y pésimo gestor son de tal calibre que han convertido la sensibilidad social y política de nuestro pueblo en una continua irritación, fuente de agresiones, envidias y maltratos a unos y otros, de forma indiscriminada, con la sola finalidad de conseguir productos y servicios básicos y esenciales que han sido confiscados del uso corriente del ciudadano de a pie, que no de los enchufados y favorecidos por nexos de amiguismos o familiaridad. Siguen siendo legión los protegidos por el nepotismo y la complicidad en la corrupción. Siguen habiendo muchos miles de millones de dólares en cuentas personales de dudoso origen financiero y sospechoso origen criminal o al menos delincuencial, por decir lo menos. Continuamos viviendo bajo la inicua presión de la arbitrariedad oficial y de la ejercida por algunos entes militares o policiales en nombre de una justicia impulsiva que pretende ser equitativa exprimiendo y confiscando del comerciante, legal y socialmente constituido, sus mercancías, que luego revenden o reparten, con beneficios inconfesables, a quienes siguen estando necesitados por las carencias generadas por ellos mismos. Círculo vicioso de malignidad social y enriquecimiento ilícito.

Así estamos, entre lo básico y lo innecesario, comiendo mal, con problemas para mantener nuestra salud y nuestra paz, y pendientes de una fecha en el calendario que exigirá de todos, uno y otro bando, el acto voluntario importantísimo de ir a votar. Nunca antes una votación electoral tuvo la importancia de medir verdaderamente cuánto ha calado en el ánimo del ciudadano las presiones, el miedo y la incapacidad para gobernar y echar para adelante al país más prometedor del nuevo mundo.

El continuo amedrentamiento a la población y a sus líderes de oposición cobrará, en algún momento, su efecto y la sanidad mental y la resistencia de algunos se quebrantará. Nada extraño entre los seres humanos que seguimos siendo frágiles, sensibles y compasivos. Eso puede suceder y tendremos sufrimiento que llevará a la indecisión y hasta la autoexclusión física, mental y sentimental, del proceso político. Pero, también veremos el fenómeno contrario y de la aparente pasividad, sumisión y discreción podría surgir una bestial defensa personal y grupal, que de forma incontrolada y expansiva marque con sufrimiento y mucho dolor la historia de un pueblo que aceptó, por la paz y la esperanza, las más duras e inmerecidas condiciones de subsistencia, convivencia y tolerancia social y políticas.

Ese es el juego maligno en el que ha caído este país. Pero, lo esencial sigue siendo básico e imperativo: ir a votar el 6-D.

 

alvarogrequena@gmail.com

@a.requena