• Caracas (Venezuela)

Álvaro Requena

Al instante

Con ella o sin ella

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Sí señor, así es, con ella o sin ella, con la mesa o sin la mesa. Lo importante es estar claros en que el país está hecho un desastre. Se derrumba todo, desde las instituciones hasta la moral de los anteriormente exaltados por la supuesta revolución, que terminó siendo un embaucamiento multitudinario practicado por unos pocos entusiasmados que con frenesí pretendieron imponerle al país modos políticos, económicos, judiciales y sociales, anacrónicos e injustos.

Tristemente tuvieron que suceder las injusticias de las que hemos sido testigos, las represiones y agresiones mordaces a las que se ha sometido a los disidentes. El encarcelamiento de algunos líderes políticos, el estrangulamiento de los medios de información de todo tipo y los juicios apresurados de parte de las más altas autoridades judiciales, quienes, en su afán de complacer, primero al finado líder omega y ahora, al beta y al sigma de la manada, han sido capaces de adelantar opinión en juicios a través del infame acto de sentenciar sin haber realizado juicio alguno; junto con el muy incapaz manejo de la economía del país y la abrumadora carencia de bienes para producción y mantenimiento industrial y de alimentos, medicinas y servicios a la salud. Para que la población muestre su apoyo mayoritario a aquellos venezolanos que lo han tratado de capitalizar a través de su posición política y su sacrificio personal y familiar, y también a aquellos que sin estar presos manifiestan su deseo de liderar de forma integral e inclusiva el cambio de este país que es, sin duda, la salida de este derrumbe extenuante que nos mantiene en vilo y vulnera nuestras esperanzas por un futuro más adecuado y remunerador para nosotros y nuestros hijos, nietos y las mil generaciones por venir.

El ejemplo de las esposas, madres y padres de los presos políticos ha sido un factor determinante en la generación de la actitud que vivimos el 30 de mayo en las calles de toda Venezuela y de muchas partes del mundo. No es casualidad la presencia de tantas personas. Por fin entendimos que se puede tener presencia, que no hay que ir a hacer cosas por hacer algo, ni que ir a pelear, hay que mostrar la fuerza y la fuerza no es solo las armas, la fuerza es la actitud de la gente, su determinación, su presencia, su constancia. Gandhi lo dijo muchas veces y estuvo preso por ello, al final prevaleció su actitud de no violencia y de estar allí, presente, con valentía, sin miedo, con decisión y constancia. No hay un reto más serio y contundente para un dictador y su estamento dictatorial que la serenidad de los oponentes, que, sin odios ni violencia, muestran su pasión y determinación por el cambio.

No basta tener ideas políticas claras y programas socioeconómicos eficaces, también hay que contar con eso que vimos el 30 de mayo: el esfuerzo colectivo de apoyo a los familiares y a los presos políticos. Sus familiares son nuestros modelos de templanza y sus esposas el epítome de la mujer venezolana.

 

alvarogrequena@gmail.com

@arequena