• Caracas (Venezuela)

Álvaro Requena

Al instante

Mala índole

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Es muy triste y perturbador que en un país joven como Venezuela estemos viviendo una etapa de tanta desidia, maltrato personal, inseguridad jurídica, económica y sanitaria. Nadie se merece eso y no hay ideología política que justifique semejante desafuero. Afortunadamente, todos tenemos en la mente el convencimiento, cada vez más arraigado, de que se trata de algo temporal. Está claro que la agonía del régimen comenzó y nuestra esperanza se recupera progresivamente. Ciertamente, el gobierno actual se comporta de una manera tal que no queda otro remedio que pensar que, como dijo alguna vez CAP, se están autosuicidando, con el agravante de que se están llevando al país en sus diabólicos y malignos cachos.

Las pruebas de lo dicho anteriormente son muchas y ya son reconocidas por todos. No solamente por nuestros críticos locales, también insignes economistas, criollos y no, de reconocida trayectoria profesional y respeto, lo ponen de manifiesto en sus escritos, tal y como sucedió hace dos semanas con los economistas de Harvard Hausmann y Santos, y hace ocho días con la revista The Economist. Pero también los actos de efecto público como las presiones al presidente del Colegio de Médicos del estado Aragua por denunciar lo que ya todos sabíamos desde hace tres meses sobre las fiebres infecciosas, las detenciones de quienes son denunciados por "ciudadanos cooperantes" por alertar y decir verdades incómodas a los planes hegemónicos gubernamentales, los retardos y argucias legales para mantener prisionero a Leopoldo López, y la reciente decisión del TSJ de otorgar la casa por cárcel a Iván Simonovis, son una muestra de la descomposición moral y la mala intención de la que hacen gala los asociados gubernamentales.

El asunto es tan avieso que incita a la rabia y el desespero. Apartando la opinión de cada quien respecto de la culpabilidad o no del comisario Simonovis, lo cierto es que casi todos coincidimos en la necesidad de permitirle un respiro, tanto desde el punto de vista de su salud, como desde el ángulo familiar.

Gracias a Dios le fue concedida esa medida que nos alivia a todos y devuelve algo de paz a esa familia y esperanza a ese cuerpo, pero cuando lo pensamos un poco nuestro contento se vuelve desgraciada repugnancia, pues al deseo de que se mejore se le opone la sentencia del regreso a la prisión si tal cosa ocurre. ¿Qué podemos desearle, que siga enfermo y no mejore para que permanezca en su casa, que se cure y regrese a un estado de salud óptimo por muchos años, para que los pase en prisión o se vuelva a enfermar? No sé que desearle a él, pero sí se qué pedirles a los magistrados que planearon esa tortura moral. Solo la concesión de la casa por cárcel para el cumplimiento de la pena es aceptable, todos las otras condiciones de temporalidad son arteras y de mala índole.

alvarogrequena@gmail.com

@arequena