• Caracas (Venezuela)

Álvaro Requena

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Álvaro Requena

Si yo fuera Maduro…

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No es posible imaginarse el comportamiento de alguien si fuese otra persona. Sin embargo, en este país, donde el gobernante le dice a uno cómo comportarse, cómo pensar, cómo bañarse, cómo cultivar un huerto y criar gallinas, cómo escoger candidatos y votar en las elecciones y, además, le dan a uno los resultados que a ellos les convienen, sin respeto por los electores, y nos marean con la trampita de la auditoría de las boletas y no de los cuadernos. Para colmo, se creen que tienen la razón y sus controles y marramuncias a la hora de mantener el orden incluyen el abuso, la represión, la violencia de todo tipo, el irrespeto y el desprecio por las manifestaciones de protesta y disconformidad del pueblo, imponiendo sus actos como leyes, sus órdenes como dogmas, y considerando el deterioro de la economía, del ambiente social y de la producción de alimentos y bienes de consumo, como una consecuencia lógica de la evolución al socialismo; entonces, lo que nos está pasando es, además de terrible, doloroso y desgraciado, una tragedia descomunal, cuya solución, como en los dramas griegos o las óperas, es que no quede ni el gato.

El melodrama que estamos viviendo es, sin más, el caos económico, social y político que tanto hemos oído de boca y pluma de ilustrados pronosticadores del futuro, sobretodo, de aquellos que creen ver en el pasado reciente de Cuba las claves del futuro inmediato de este país. Nadie se ha equivocado, todos han acertado algún pedazo de la historia actual de Venezuela.

Pero, si yo fuera Maduro, es decir, si yo fuera el actual jefe de las fuerzas oficialistas, sentiría que mi trabajo ya está hecho, que hemos logrado lo que queríamos: hoy todos los venezolanos tienen algo que decir de Maduro, ningún presidente fue más controvertido y ninguno logró más apoyo y reconocimiento para quedarse en la silla que él. Después de todo el miedo que nos ha hecho pasar, prácticamente no hay quien no esté conforme con que el asunto no es sacarlo de allí por la fuerza, ni fumigarlo, sino que cambie ciertas cosas…

Si yo fuera Maduro estaría más orgulloso de la oposición que de mis rojitos hermanazos. La oposición tiene más verdades en la mano que los oficialistas. Por eso es que entiendo que el diálogo es una tontería. ¿Dialogar sobre qué, sobre algo en lo que todos estamos de acuerdo? ¿Que el país está hecho un desastre, que no tiene arreglo visible ni en el corto ni en el mediano plazo y que este gobierno no lo puede hacer mejor, pero sí peor?

En eso estamos todos de acuerdo y seguro que Maduro y sus acólitos también. Solo que todos ellos saben que o cambian o nos fuñimos, pero ninguno sabe cómo hacerlo, ni se atreve solo.

Pero pronto debe venir algún cambio, pues ni Maduro ni nadie aguanta la situación. De repente es él quién los raspa a toditos y pone caras nuevas o se afeita el bigote y cree que él ahora es otro…