• Caracas (Venezuela)

Álvaro Requena

Al instante

Hace 48 años

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En 1968, tal día como hoy, hubo en París una marcha de protesta que terminó en enfrentamiento entre estudiantes, profesores y la policía que había tomado las instalaciones de la Universidad de París. Hubo muchos heridos y detenidos. La protesta se extendió rápidamente. Al día siguiente, otros estudiantes, incluyendo los de bachillerato y grupos de obreros, se reunieron en el Arco del Triunfo y desde allí expresaron sus requerimientos para volver a la normalidad, que el gobierno aceptó.

Creyendo en las promesas gubernamentales, los estudiantes regresaron a sus centros de estudio, para enterarse luego de que estos seguían tomados por la policía y las cosas no habían cambiado. La desilusión y desagrado dio paso a la ira y a la protesta masiva en contra del gobierno. Las cosas se fueron enredando y agravando de tal forma que surgieron por toda Francia comités de obreros y de estudiantes y el día 13 hubo una huelga general y 1 millón de personas marcharon por las calles de París.

El gobierno cedió, liberó los detenidos por la protesta y retiró la policía de la Universidad de París.

La cuestión no terminó allí, se desató una ola de indignación nacional que llevó a tomas de empresas y fábricas y a un desarreglo brutal de la economía. 200.000 obreros fueron a la huelga el 17; 2 millones, el 18, y en los siguientes días llegaron a 10 millones. Esos huelguistas no estaban siendo coordinados por los sindicatos ni por sus asociaciones de obreros. Había sido un acto de espontaneidad generado por la indignación.

En los días siguientes siguieron las protestas y las negociaciones. Hubo varios logros importantes de tipo social y económico para los obreros. El gobierno se tambaleó y por momentos pensaron que caerían, tanto, que el presidente De Gaulle se fue del país, con la excusa de que no podía permitir que si atacaban el palacio presidencial su defensa causaría heridos y muertos. Estuvo horas fuera y cuando regresó amenazó con la fuerza militar e hizo desfilar a sus partidarios y, finalmente, disolvió la Asamblea y convocó nuevas elecciones.

Toda una historia que, brevemente reseñada, apenas pinta la tragedia que estuvo a punto de ocurrir en Francia. “Prohibido olvidar” fue el más repetido mensaje.

Pero es que no es solo Francia la que puede reaccionar ante la indignación y la impotencia cuando quienes detentan el poder no toman en consideración al pueblo en sus sentimientos, necesidades y dignidad. No se puede llevar al extremo la paciencia ni la tolerancia de la gente. Es inicuo y muy peligroso. Las fuerzas desatadas de la ira pueden ser incontrolables y, si lo fueran, el costo en vidas, heridos e inválidos es inaceptable, además de la destrucción material de los bienes de los ciudadanos y de la nación.

El gobierno debe darse cuenta de que está jugando un juego peligroso y maligno que parte del desprecio por la decisión electoral popular y termina en el uso artero, manipulado e injusto de las instituciones nacionales dependientes de la Constitución y no del poder adquirido por el voto, como son las Fuerzas Armadas, el Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo Nacional Electoral y el Ministerio Público.

Aquí no tenemos, contrario a lo que piensa el gobierno, tendencias pendencieras ni queremos la destrucción de las instituciones ni del hilo constitucional, pero no lo soportaremos tampoco como acción de quienes tienen la obligación de defender y hacer cumplir la Constitución. Empezando por el presidente y continuando con los militares, los jueces, los fiscales y, finalmente, todos aquellos que se presten para componendas, tergiversaciones, mentiras, inatención al ciudadano y desprecio de las decisiones de la Asamblea Nacional.

Hoy recordamos. No hemos olvidado.