• Caracas (Venezuela)

Álvaro Requena

Al instante

¡Crisis de verdad, verdad!

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Con la venia del diccionario de la RAE (23ª edición, 2014) y sin más preámbulos, me permito copiar las acepciones de “Crisis”:

“1. Cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera en que estos son apreciados.

“2. Intensificación brusca de los síntomas de una enfermedad.

“3. Situación mala o difícil.

“4. Situación política en que uno o más miembros del Gobierno han dimitido o han sido destituidos.

“5. Reducción en la tasa de crecimiento de la producción de una economía, o fase más baja de la actividad de un ciclo económico.

“6. Cambio brusco en el curso de una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya para agravarse el paciente.

“7. Examen y juicio que se hace de algo después de haberlo examinado cuidadosamente”.

Como puede entenderse, en nuestro país, sin dudas, estamos en crisis. Crisis severa, a todos los niveles, de todos los poderes e incluso de nuestras posibilidades económicas y los valores morales.

Estar en crisis severa no quiere decir que se agoniza o que las posibilidades de recuperación son mínimas o nulas. Es difícil salir de las crisis, pero no es imposible y, si a ver vamos, el solo hecho de superar una crisis es el mejor de los aprendizajes y la más importante experiencia que se puede vivir.

Por supuesto que salir de una crisis es difícil y doloroso, nada queda igual que antes, todo se renueva o se cambia, pero los cambios primordiales deben venir de las personas. No se puede salir de una crisis usando los mismos argumentos y actitudes que usamos cuando entramos en ella. El tiempo resuelve muchas cosas pero las verdaderas soluciones van de la mano de acciones directas, planes bien estructurados, estrategias claras y factibles, no detrás de ideologías trasnochadas, de planes económicos y sociales que han probado ser un fracaso, ni de estructuras complejas que pretenden hacer de los ciudadanos simples acatadores de órdenes emanadas de prontos emocionales, que tienden más a perpetuar un problema que a su solución.

El respeto por las instituciones es clave en la estabilidad socio-económica de un país, pero respetar las instituciones no significa que, por el hecho de ser instituciones del Estado, están en lo correcto y, por eso, cuestionarlas es importante.

A río revuelto, ganancia de pescadores, y eso es lo que está pasando. La crisis provocada de manera artera por el gobierno, utilizando supuestos baluartes de justicia como la Sala Electoral del TSJ, añade un elemento de manipulación y tergiversación que, al colisionar con la Constitución, el CNE y la Asamblea Nacional, crea una situación sin salida aparente e impulsa una serie de posibles remedios absurdos e inútiles, como la renuncia de los diputados por Amazonas en aras de solventar el impasse.

Aunque nos duela y nos angustie decirlo por lo peligrosamente trágico de la esencia del planteamiento, la posible solución a la crisis que estamos viviendo ni son los planes económicos de Maduro, ni la retirada de los diputados, pero sí ayudaría un planteamiento contundente del CNE –muy seriamente cuestionado por la sentencia de marras– y uno más contundente y más firme aún de la AN, que no puede ni debe aceptar esa imposición, por ningún motivo.

Con la sensación de firmeza y determinación de nuestros diputados electos a la AN, sentiremos, quienes les apoyamos y entendemos a Venezuela como una empresa común que exige sacrificio y definición de cada uno, que debemos cerrar filas con coraje y seguridad en nuestras convicciones con los compañeros diputados, y mostrar nuestra seguridad en la consecución del ordenamiento civil legislativo que decidimos darnos el 6-D.

La pelea es peleando y pelear es plantarse frente a la injusticia y los antivalores de la mentira, la manipulación y la tergiversación.

La Asamblea Nacional contó con mi voto y cuenta también con mi apoyo incondicional.