• Caracas (Venezuela)

Álvaro Requena

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Álvaro G. Requena

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En estas últimas semanas hemos visto suceder eventos que, tanto a los ciudadanos comunes y corrientes como a los más duchos observadores de la realidad venezolana y latinoamericana, nos han creado desazón, incertidumbre y malestar por haber sido arteramente engañados y no poder demostrar lo contrario. Es decir: mostrar la realidad objetiva y dolorosa de aquello que repentinamente nos han vendido como la cura quirúrgica necesaria para el tumor ominoso que devora nuestra economía y nuestra paz, pervirtiendo a nuestros conciudadanos de tal manera que los han convertido en “bachaqueros” y “contrabandistas”, además de haber sido infiltrados por paramilitares al mando del ex presidente colombiano Álvaro Uribe, con la venia callada y obtusa del presidente Santos.

La complejidad del argumento del gobierno de Venezuela es de tal calibre y con tantas explicaciones que toda la trama resulta fantástica, casi delirante, paranoica, persecutoria, y lo que tenga de verdad ha sido tan tergiversado y queda tan poco de su esencia que sin confianza en el concepto de verdad el pueblo está desarmado ante las mentiras y se las traga todas.

Obviamente, no me estoy refiriendo solo a ese episodio de la frontera. Esa misma situación de tergiversación y moldeado de lo que queda de las verdades la estamos padeciendo desde hace 16 años. Se ha agravado con los años porque la repetición ha traído como consecuencia la especialización y, lo que en un tiempo era ocasional, hoy es constante. Sin embargo, debo comentar que así como se ha hecho costumbre la tergiversación, el doble discurso, la culpabilización de terceros y el manejo de la población a través de crearles necesidades y carencias, se ha perdido la habilidad del perfeccionamiento y si hoy son más frecuentes, también son más burdas.

Ya no engañan a nadie, pero ante no saber qué creer, se cree en la mentira repetida salida del laboratorio de tergiversaciones, retoques y colorización de la nueva realidad, de lo que quedó de la verdad. Los cómplices de tal barbaridad contra la sociedad se quedan tan tranquilos, pues parte del hecho es estar convencidos de que la realidad es la que se crea como consecuencia de la actuación artera del Ejecutivo.

¿Qué pensarán en el exterior de las acciones de este gobierno? No importa, hay que seguir con el plan, con la presentación bizarra de la verdad imposible. Lo que importa al gobierno es lo interno: no perder el poder, mantener la sumisión y el control y solo confiar y compartir con aquellos que aceptan la complicidad espontáneamente. Y para aquellos que no lo acepten, duden o no apoyen los dislates, quedará la acusación de traidores a la patria.

Ese es el mundo en que vivimos, pensar en que veremos justicia, equidad, libertades políticas, de reunión o económicas, es una patraña. Razones de más para cambiar de sistema de gobierno a través de una nueva Asamblea Nacional.

 

alvarogrequena@gmail.com

@arequena