• Caracas (Venezuela)

Álvaro Márquez Fernández

Al instante

Política y medios de difusión

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El espacio comunicativo de la producción del discurso hegemónico.

Los escenarios públicos de la acción política, a pesar de las fuertes restricciones que sufren por parte de los grupos hegemónicos del poder de clases y de ciertas fuerzas de cohesión institucional en manos del Estado, no quedan exentos del impacto de movimientos sociales emergente que insisten con su palabra verbal y escrita en la fractura de esos sistemas de control social que permanentemente suscitan conflictos que pueden ser develados a través de prácticas sociales comunicativas favorables a cambios parciales o radicales, en las formas clásicas del quehacer político propio de las democracias representativas y neoliberales.

Precisar este momento de acción directa sobre las estructuras de poder mediático de la sociedad política actual desde emergencias de insurrección teóricas y prácticas es propiciar una conciencia política desideologizada acerca de la implantación de patrones de conducta y obediencia social. Ello significa, entre otros planos de análisis, considerar la capacidad de los intelectuales orgánicos de la sociedad para insertarse en el sistema de coacción y sus representaciones sociales. Es decir, generar una deconstrucción comunicacional donde la crítica política a los poderes hegemónicos del Estado haga viable una formación de ciudadanías que tenga por objetivo estratégico el desarrollo de un tipo de diálogo con los otros, donde la transformación a fondo de la esfera de intervención política es el resultado de un encuentro para la deliberación y el consenso, en términos discursivos.

No se puede entender de otra forma la injerencia de la ciudadanía en la construcción deliberativa de estilos de coparticipación democrática que no estén insertos en sistemas discursivos, donde el sentido de la acción social práctica o fáctica pase por la intervención del sujeto parlante en el orden semiótico y pragmático de las interpretaciones. Se  requiere de una producción del sentido de los lenguajes sociales a partir de la pluralidad de una comunicación compatible, en su emergencia, con la lengua y el habla que sirven a los ciudadanos para hacerse interlocutores de los interés sociales que se deben debatir, sobre todo, en el campo de la opinión pública, con la finalidad de llegar a legitimar esos discursos cuyo sentido social responde a prácticas políticas libertarias.

 

La contrahegemonía pública del discurso emancipador.

En el modelo político de la modernidad, sostenido por la centralidad discursiva de la palabra a través, principalmente, de los partidos políticos y de una élite de intelectuales tradicionales, absorbidos e insertos por los sistemas de integración política donde se privilegia la reproducción ideológica de la cultura hegemónica, las posibilidades de una ruptura o diseminación de este orden dominante, por discursos que provenían de la alteridad, eran mínimas. Sin embargo, la crisis del sistema neoliberal fragua un desequilibrio o decadencia de sus formas de poder político y coloca en riesgo la estructura comunicacional de sus representaciones sociales, ya que deja al descubierto gran parte de escenarios hegemónicos que hacen permeable la crítica política que se construye desde filosofías y ciencias sociales contrahegemónicas. Uno de esos espacios que sufre el déficit de legitimidad discursiva del sistema de producción lingüístico del statu quo queda expuesto claramente en la escasa capacidad de resistencia o respuesta que puede lograr el Estado a la hora de implicarse en la toma de decisiones capaces de satisfacer las exigencias del amplio espectro de actores sociales contrarios a su orden de poderes.

Esa otra dimensión de la comunicación, la que se encuentra del lado de los oprimidos, no puede ser tan fácilmente invisibilizada por teorías comunicacionales o medios de difusión que, por otra parte, deben acatar ciertos principios universales de la ética del discurso que hacen presuponer que se respetan las libertades públicas para la libre expresión y los derechos humanos que le sirven de fundamento político. A este intersticio de la estructura del poder mediático que subyace en la hegemonía sobre la conciencia de clases y el orden de control que se puede ejercer a través de la opinión pública es que nos referimos de un modo objetivo. Pues es el escenario donde las praxis contrahegemónica de la comunicación implica una posibilidad de subvertir el sistema de relaciones coactivas de las que se vale el Estado neoliberal para restringir o censurar, proscribir o inhibir aquellos discursos que por su disidencia y alteridad no pueden ser sometidos a las regulaciones mediáticas o normas comunicacionales de las agencias de información y noticias, privadas o públicas, que pueden dictaminar lo que es válido y no contradictorio con sus ideologías.

Los estudios efectuados sobre las prácticas públicas de nuestro comportamiento ciudadano en la esfera interactiva de la comunicación o difusión social demuestran, contundentemente, que la sindéresis que propicia la opinión pública deberá ser el sustrato o referente discursivo para debatir el sentido de las obediencias o desobediencias que se deban cumplir para la obtención de los consensos y las legitimaciones de los diferentes discursos políticos. Actualmente las condiciones de poder del dominio mediático, puestas sobre el tapete, a través de los medios de difusión social, nos despejan las incertidumbres y nos dan una clara idea para descubrir cuáles son los escenarios de luchas donde podemos ubicarnos para superar el modelo hegemónico de la comunicación neoliberal. La pregunta por el lugar político de esos escenarios nos lleva indiscutiblemente a la sociedad civil represora donde se gesta y desarrolla nuestra ciudadanía; la pregunta por la identidad de esos espacios es imprescindible porque nos visualiza el sistema ideológico de su reproducción.

Muchas y diversas pueden ser las respuestas que pueden hacer posible una cancelación de estas relaciones opresivas de la comunicación a través de sus medios; sin embargo, acá se trata, sin ambigüedades, de postular, reiterativamente, una toma conciencia del papel político de las nuevas fuerzas contrahegemónicas que en la actualidad cumplen su función a través de movimientos de indignación pública que quiebran los bloqueos y censuras informativas. Pero también debemos atender y ser consecuentes con la difusión de los proyectos editoriales de las universidades públicas latinoamericanas en la construcción de una opinión pública y medios de expresión comunicativos, en su efecto, más emancipadores y críticos.

En tal sentido los intercambios investigativos que se promueven entre las diversas universidades latinoamericanas para reforzar y desarrollar redes de investigación conjuntas es la premisa que va a potenciar las praxis investigativas directamente relacionadas con los problemas más acuciantes de marginalidad, pobreza, injusticia, etc., que se viven en la sociedad y que puedan lograrse niveles de comprensión comunicativa en beneficio de procesos de desalienación ideológica. En la medida en que las publicaciones universitarias, a través de libros, artículos en revistas científicas, puedan ser órganos difusores de un panorama de ideas para el debate, pero, más aún, que los investigadores puedan contribuir en la generación de una opinión pública a través de la prensa escrita y cualquiera de los medios audiovisuales, se harán posibles estrategias y escenarios de cambios radicales para la conformación de una cultura del diálogo a partir de un receptor público cada vez más apto para hacerse de procesos hermenéuticos que hagan fiables sus experiencias discursivas respeto al sentido que porta el mundo como contexto de lenguaje para todos nosotros

 

*Universidad del Zulia, Venezuela.

C-electrónico: amarquezfernandez@gmail.com

 

Alex Fergusson A Tres manos