• Caracas (Venezuela)

Álvaro G. Requena

Al instante

Aunque se vista de seda, mona se queda

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Hay varios refranes que pintan muy claramente que el hábito no hace al monje, ni la investidura convierte al personaje en estadista o en conductor de una nación. El liderazgo no se compra en botica, ni viene en la caja de jabón en polvo, tampoco la inteligencia se adquiere por ósmosis ni la cultura por sentarse al lado de la enciclopedia.

En este país las cosas están tan distorsionadas, las actitudes de los mandamases han llegado a ser tan desvinculadas de la realidad, que las acciones y decisiones que toman los gobernantes actuales son más producto de puntadas de rabo, como dice el vulgo –léase: el pueblo– que producto de bien meditadas, consultadas, sopesadas y torturantes opciones estudiadas en profundidad. No en vano son llamados ineptos sugestionables aquellas personas que con una apariencia  de seguridad en lo que hacen son, sin embargo, marionetas de otros muy amargados y malignos que con aviesos y demoníacos intereses les inducen a las tropelías que nos hacen padecer. En esas andamos aquí.

Francamente, creo que el tratamiento del gobierno de los problemas fronterizos; el asunto de los presos políticos y sus juicios injustos, amañados y retardados; la presentación mundial propagandística del país como crisol de la protección y defensa de los derechos humanos; el silencio que ha rodeado las denuncias de corrupción más grandes y jugosas del planeta; las defecciones de políticos, jueces, imputados y militares, etc., ha sido absurdo y nefasto. La imagen del país es tragicómica, la de nuestros jerarcas es despreciable y la de las acciones tomadas por el gobierno son lamentables y amargas.

No sé de qué sirvió la reunión de Maduro con Santos. Según ellos había que hacerla, había que mostrar que se hacía algo a ese nivel, no importa qué, solo demostrar que eran capaces de reunirse. Nada puede salir de allí que valga la pena. Palabras muchas y frases varias que tienen lugares comunes y sentido de relleno. Ser presidente no es el hábito que hace al monje, y vestirse de hombre experimentado y curtido por la diplomacia no cambia la falta de respeto por las personas y sus derechos. Del señor Santos no sé qué decir, creo que él tampoco supo. Quedaron en algo, ciertamente: en que otros sigan discutiendo el problema que sabían que no podían resolver. Sigue todo igual. Seguirá todo igual o peor.

¡Ah, se me olvidaba!, ahora somos mucho más pobres que antes, pero tenemos más aviones de guerra comprados a la madre Rusia, probablemente con dinero chino y a costa de…, tantas cosas, que da pena decirlas.

 

alvarogrequena@gmail.com
@arequena