• Caracas (Venezuela)

Álvaro G. Requena

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El drama de ser opositor

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Cuestiones a tener en cuenta en la vida de quienes, comprometidos con sus ideas y principios, esperan que su sacrificio sea premiado con el triunfo al llevar a sus líderes al podio gubernamental y disfrutar así de la ansiada sensación de éxito que anhelamos cuando se trata de elecciones.

En primer lugar, en Venezuela nos hemos tomado a la ligera las acciones del gobierno que ha reprimido con alevosía, agresividad y exceso, las manifestaciones y protestas y ha encarcelado a Leopoldo López, a los alcaldes, a los estudiantes y a otros que también han protestado. Ahora, les toca sacar también del juego político activo a otros líderes de la oposición y para ello seguirán “juicio” con privación de libertad a los supuestos convoyados en conspiraciones confabuladas por el propio gobierno.

En segundo lugar, vendrán los juicios populares y hasta sumarios, que, dicen, los llamarán “Juicios de calle”.

En tercer término, como la Constitución no permite la pena de muerte ni prisión por más de treinta años, no veremos fusilamientos, todavía, pero sí tendremos noticias de los valientes prisioneros que al enfrentarse con las fuerzas del orden público perdieron su vida (“ley de fuga”). Además, como estas injusticias y abusos no se los cala nadie, ni los pranes querrán saber de esos prisioneros. Así que otro de los “inventos” serán las colonias de reos de delitos políticos, como sucedió en Rusia (Gulag) y también en nuestro país (Guasina y Sacupana).

Aprendamos de una vez que ni este gobierno dictatorial e irrespetuoso, ni ningún otro que se considere por encima del bien y el mal y piense que la única conducta posible para el ciudadano es la que ellos decidan, va a actuar de manera diferente y va a inventar una forma de convivencia con la disidencia y la oposición que esté signada por el respeto a los derechos personales y colectivos de los ciudadanos.

Siento mucho respeto por quienes se juegan su paz, tranquilidad y vida por sus ideas. Admiro el tesón y la fuerza de voluntad de los líderes de la oposición. De quienes están presos siento que sus actos les han transformado en modelos del bien hacer, del respeto a sus semejantes y de prueba fehaciente e indiscutible de que estamos viviendo en un país en el que no existe Estado de Derecho. Ellos son la demostración, además, de la importancia de una familia unida, responsable e incansable.

Si quienes no estamos presos todavía –no hacen faltan razones ni actos cometidos, buenos o malos, para tal cosa– no logramos que nuestros conciudadanos se percaten finalmente de lo que estamos viviendo, nuestros admirados líderes presos se seguirán enmoheciendo y sus nombres, aún dichos con respeto, no serán más que historias, anécdotas tenebrosas de un pasado que sigue presente y un futuro que pertenecerá cada día más al terreno de la fantasía.

alvarogrequena@gmail.com

@arequena