• Caracas (Venezuela)

Álvaro G. Requena

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Transparencia total

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En la OEA saben más que “pescao frito”, como diría cualquier ñero a propósito de alguien que se hace el pendejo, o el “sueco”, como es costumbre decir aquí en el centro del país. Se trataba de que iba a hablar María Corina Machado desde la posición de Panamá y, por supuesto, había que impedirlo y así fue. Después de todo, Venezuela lleva quince años comprando votos y conciencias o simplemente anestesiándolas en esa y otras organizaciones donde estén países con carencias, líderes con agallas y diplomáticos sin escrúpulos.

Sí, el gobierno venezolano está haciendo lo que tanto criticó y los diplomáticos gringos hicieron por años, doblegando a los altivos independentistas y convirtiéndolos en peones del nuevo ideal americano y unas cuantas organizaciones pro yanquis dolarizadas y explotadoras de los nacionalismos criollos latinoamericanos y de otras latitudes.

Ahora Venezuela es el macho dominante a temer y todos prestan sus rabitos para que este gobierno les muestre, demuestre y penetre sus fronteras morales con las mentiras, tergiversaciones, represiones y subyugación política de las acciones que despliega en nombre del socialismo del siglo XXI, ya prostituido y maltratado por la endogamia que practica con sus adulantes.

Poco queda por hacer, pero, como todas las opciones valientes que valen la pena, hay que apoyar a los países y líderes que nos apoyan y se juegan también su paz interior y prestigio. No tenemos, lastimosamente, un organismo ni una tribuna fuerte y sólida a la cual recurrir. La OEA nos ha sacado el cuerpo sistemáticamente. No se compromete con nada ni con nadie que no sea un pozo de votos cómplices. Los hombres que se encuentran en posiciones directivas están más pendientes de conservar sus cargos y carreras políticas que de dejar la impronta de honestidad, valentía y bonhomía que en su momento exhibieron para conquistar sus actuales posiciones. De los otros organismos internacionales latinoamericanos, ni hablemos, su origen, estructura y dependencias están selladas por pactos de sangre entre dictadores y no por las necesidades de los pueblos y nuestras capacidades para resolvérselas.

Nuestros jóvenes líderes políticos son muchos, valientes, arrojados, decididos y hasta temerarios. Han planteado una pelea difícil, pero no imposible, que va a depender del número de veces que se enfrenten, y la oposición, por definición, es infinita en paciencia y mística; el oficialismo tiende a agotarse en mística y en paciencia, se desesperan, a veces antes de empezar. Los líderes sufrirán el maltrato que estamos presenciando, con dolor y orgullo, y nosotros, que somos solidarios con su honor y padecimiento, seguiremos luchando de una u otra manera, pero siempre hacia delante y con la mira puesta en una Venezuela distinta, en la que cabemos todos.

 alvarogrequena@gmail.com

Twitter: @arequena