• Caracas (Venezuela)

Álvaro G. Requena

Al instante

Declarar la independencia, varias veces

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Son muchos los países que han declarado su independencia, uno de los más famosos y que se hizo verdaderamente independiente es Estados Unidos, que hoy está de aniversario y lo celebrará en todos los lugares donde se encuentre un estadounidense.

Otros países que también han declarado su independencia no han sido tan independientes como sus promotores pensaron que debían ser y, simplemente, siguieron tan dependientes en tantas cosas que siguen fundidos con sus antiguos patrocinadores, protectores y explotadores. Hubo también países que declararon su independencia y lucharon por ella denodadamente y ahora, después de muchos años, son otra vez dependientes, esta vez, con peores resultados que antes de la independencia primigenia. Véase el caso de Venezuela, por ejemplo, que económicamente depende de China y socio-política y militarmente de Cuba. Los gobernantes se llenaron la boca con consignas y dichos en contra de las dependencias económicas y tecnológicas de los países más desarrollados, pero al final esa rebeldía resultó nefasta y se tradujo en atraso en todos los sentidos; ya que suplir los avances de la ciencia y la tecnología con las experiencias limitadas de países de estancado desarrollo, escasos recursos y mínimas capacidades, equivale a establecer un rezago definitivo de la sociedad, tal y como lo estamos viviendo hoy día.

Estoy seguro de que la razón fundamental de nuestra situación actual como país se debe al deslumbramiento conceptual de los “revolucionarios chavistas” al copiar las direcciones marcadas por el texto fundamental del manifiesto comunista de 1848 de Marx y Engels, y decidir que en 1998, es decir 150 años después, teníamos los mismos problemas que las naciones apenas industrializadas del siglo XIX. Para probar su punto ideológico, nostálgico y arrebatado, tuvieron que expropiar, destruir o desmontar lo poco que teníamos y dejarnos en la inopia, para que tuviéramos que pedir cacao a quien tampoco podía ser de utilidad a nuestra nación venezolana. Eso no lo entendió el finado, no lo entiende el nominado y tampoco lo comprendieron, o lo hicieron tarde, los acólitos y cómplices del alquímico proceso de convertir la riqueza de un país en el beneficio de otros países y de algunas personas ambiciosas sin escrúpulos.

Aprecio en Giordani su cuasi sinceridad en esta hora agónica del país y también a Navarro, Rangel, Bernal y cuantos les apoyen, porque al fin se dan cuenta del desagradecido pasado inmediato y presente de los gobernantes de un país al cual ellos y otros decidieron dejar sin futuro.

Somos ahora más dependientes que nunca de potencias imperialistas, que como su nombre lo indica imponen sus economías, defectos y necesidades a nuestras costillas. Pero así mismo, como nunca, debemos luchar por ser libres y verdaderamente independientes.

alvarogrequena@gmail.com
@arequena