• Caracas (Venezuela)

Álvaro G. Requena

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Ciegos, sordos, mudos y…

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Los famosos tres monitos, aquellos que se tapan los ojos, la boca y los oídos para no ver, no hablar y no oír, son solamente una caricatura parcial de la vida política de los venezolanos. La realidad es que el gobierno se ha valido de su poder y su fuerza represiva para lograr que una enorme cantidad de ciudadanos no miren lo que ven, no escuchen lo que oyen y no digan lo que piensan. Por supuesto, todavía no ha podido instalar en la vida nacional el que sería el cuarto monito, el de no hacer o no actuar. Pero está clarísimo que va camino de imponerlo.

El actuar de acuerdo con nuestras conciencias y deseos es una prerrogativa, un derecho inalienable, en principio, claro está. Pero hasta los derechos de hacer lo que nos parece correcto y apropiado cuenta con una crítica mordaz y demostradora de la intolerancia gubernamental. Así, pues, nos están preparando una celada más.

¿Cuál? No lo sé, pero tiene que ver con la máxima expresión, con el acto más definitivo dentro de la política, con el hacer lo que sentimos necesario: votar.

Sí, a las elecciones del próximo diciembre llegaremos mudos, sin haber visto a nuestros candidatos y sin haberlos oído lo suficiente, y cuando depositemos nuestro voto, si es que tal cosa sigue siendo posible, no habrá quien verifique, supervise y testifique con la independencia, distancia y objetividad suficiente. Como las que puedan enarbolar organizaciones internacionales como la OEA o la Unión Europea, por ejemplo.

El gobierno no solo ha descalificado a la OEA, entre otras cosas por haber recibido el secretario general a Henrique Capriles. También ha descalificado a cuantas organizaciones, parlamentos, asambleas, etc., han mostrado interés en venir a presenciar en calidad de observadores las elecciones en Venezuela. Además, todos hemos sido testigos de cómo senadores de países como Brasil y España han sido mal recibidos y descalificados.

No hay ni habrá observadores extranjeros respetables aceptables para el gobierno venezolano, pero a algunos tarifados, previamente ilustrados y suficientemente amañados, sí los traerán y ya sabemos lo que dirán.

Ese panorama de coartación de expresión política tan severo se irá agravando con los días. Las inhabilitaciones, carcelazos, descalificaciones, acusaciones y agresiones de otro orden serán la regla y la única forma de defensa de este régimen caduco, desprestigiado, destructor, desordenado, represor y moribundo.

No hay y no habrá debate político en este país, no hay contendores para ello. Hay solo una carrera con obstáculos para unos y en bajada para otros. Pero debemos actuar, debemos votar aun contra todos los pronósticos y posibilidades, porque allí está la única clave posible: la avalancha de votos decididos, la indiscutible mayoría demostrando que aunque traten de privarnos de la posibilidad de hacerlo, lo haremos, actuaremos, votaremos.

 

alvarogrequena@gmail.com

@arequena