• Caracas (Venezuela)

Álvaro G. Requena

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Castigos morbosos

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O psicología de la envidia, el revanchismo y la incapacidad de entender y aceptar a quien es creativo, original, decidido, perseverante, paciente y con voluntad de hierro.

En días pasados leímos la noticia de que a dos presos políticos en nuestro país, Venezuela, que aguardan juicios que no se efectúan o son pospuestos por cualquier razón, los guardias les echaron encima excrementos y orinas y luego les impidieron asearse. No es esta la primera vez que se somete a presos en nuestras cárceles a humillaciones y vejámenes de ese u otro tipo, y el hecho de que se trate de dos personajes importantes de la política nacional, aunque lo hace más llamativo, de ninguna manera lo alivia o lo convierte en un acto de advertencia pública o de reprimenda por sus acciones. Por el contrario, genera en los ciudadanos un sentimiento de asombro, asco y repulsión, que termina incitando los más bajos instintos de todos y convirtiéndonos en potenciales o teóricos asesinos y vengadores de semejante ignominia. No sé qué se merecen los guardias de esa cárcel, o los de aquella prisión iraquí en la que maltrataron tanto a los prisioneros que Estados Unidos, como nación, tuvo que tomar cartas en el asunto contra sus propios soldados encargados de la custodia de los prisioneros devenidos en víctimas.

Ya de por sí es incómodo y limitante estar en la cárcel. En el caso de los políticos es además injusto, indigno y no tiene por qué ser humillante ni vergonzoso. Pero, además, es inaceptable y motivo de denuncia criminal que, por ensañamiento y mala uva, se maltrate, aísle, torture y se sancione con castigos infamantes a quien por su ideología y acciones públicas no esté de acuerdo con el grupo gobernante. Por tanto, deberían ser objeto los perpetradores de tal desafuero de que se haga caer sobre ellos todo el peso de la ley y el desprecio público.

La cárcel no siempre es para pagar deudas con la sociedad y las leyes, a veces, tristemente, es el crisol donde van a tomar forma personalidades en proceso de formación en situaciones de extrema incomprensión y máxima represión. Por eso las condiciones individuales de creatividad, originalidad, decisión, perseverancia, paciencia y voluntad de hierro signan el carácter de esos presos de hoy, hombres del mañana y líderes permanentes. Con ellos nos sentimos presos muchos y maltratados también. Con ellos y por ellos se encienden nuestras pasiones y disminuye nuestra capacidad de comprender, entender, aceptar, ser pacientes y esperar tiempos mejores. Quizá ellos, los presos políticos, aprendan a tener más paz interior y la perseverancia les haga más pacientes y tolerantes, pero a los que estamos afuera no nos sucede así, el tiempo se nos acaba, la paciencia se nos colma y la rabia por las injusticias y los maltratos nos convierte en seres a punto de explotar…