• Caracas (Venezuela)

Álvaro Benavides La Grecca

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Un calendario para la democracia

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La palabra tiene muchos poderes. Uno de ellos es su inmensa capacidad para engañar y sembrar odio. Tanto lo es que ha sido capaz de crear en la mente de cientos de venezolanos la falsa y perversa idea de que la democracia venezolana fue un fracaso, que en esos cuarenta años no se construyeron obras públicas de envergadura para enriquecer la infraestructura de nuestro país.

Para muchos, las palabras del descrédito han sido más ciertas y creíbles que la realidad que se manifiesta, se ve, en los millones de toneladas métricas de acero y concreto que durante esos años fueron destinados por nueve gobiernos democráticos para sembrar a Venezuela de sorprendentes obras de ingeniería que están allí para servir a sus ciudadanos.

Obras que cubren prácticamente toda la gama de construcciones que la Venezuela moderna necesitaba para que contáramos con una mejor calidad de vida y modernizarnos: hospitales, represas, puentes, escuelas y universidades, complejos culturales, complejos industriales, obras de desarrollo urbano, ciudades, viviendas, puertos y aeropuertos, vialidad, transporte.

La evidencia de los hechos, las pruebas imbatibles sobre los miles de construcciones de interés público erigidas por esos nueve gobiernos democráticos, aparecen ahora bajo la forma del espléndido Calendario de la Democracia 2017. Obras icónicas (1958-1998).

Sorprende pasearse por las páginas de este calendario y constatar el patrimonio público que legaron para siempre a Venezuela los gobiernos democráticos que los venezolanos nos dimos luego de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Trabajos que comenzaron unos gobiernos fueron continuados y culminados por los siguientes, en una demostración de madurez política marcada por los intereses de la nación. La central hidroeléctrica de Guri fue iniciada en el gobierno de Rómulo Betancourt (1963) y fue continuada por los gobiernos de Raúl Leoni, Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi, quien la concluyó en 1986.

La lista de obras es interminable. Sobresalen, desde luego, las de magnitudes extraordinarias como Guri, el Metro de Caracas, Ciudad Guayana y el complejo industrial vecino, el Puente de Angostura sobre el río Orinoco, la Universidad Simón Bolívar, el Poliedro de Caracas, el Teatro Teresa Carreño, la urbanización Caricuao, el distribuidor El Pulpo, el Banco Central de Venezuela, el complejo petroquímico El Tablazo, el Parque Central, el Hospital Universitario de Maracaibo, el Foro Libertador. Y hay decenas de miles más en todo el territorio nacional.

Fotografías de algunas de esas obras ilustran el calendario, en el que se enumeran además las edificaciones que vieron vida en esos años: entre 1959 y 1998, por ejemplo, fueron creadas más de 21.000 instituciones educativas en todo el país, un promedio de más de 500 por año.

Vale la pena detenerse a preguntarnos cuántas obras y de qué magnitud han sido construidas en el último gobierno. Nos referimos a las que han sido realmente construidas y puestas en funcionamiento. No a las que solo vieron sus fundaciones hoy abandonadas, ni a las miles de obras que las palabras engañosas de estos dos gobernantes crearon en las mentes de tantos venezolanos incautos que siguen pensando que esas obras existen.

El Complejo Cultural Teresa Carreño fue construido por la democracia venezolana entre los años de 1972 y 1983 para promover los valores de la cultura universal. Una obra de extraordinaria belleza y funcionalidad. Concebida como la casa de la música, del ballet, del teatro, recibió en sus escenarios a los más grandes representantes nacionales e internacionales de la cultura. Presentarse en el Teresa Carreño llegó a ser alta aspiración para los artistas de todo el mundo.

El mismo recinto ha sido convertido hoy en madriguera para la conspiración contra los valores democráticos, y como púlpito para sembrar entre nosotros palabras falsas y corrosivas. Palabras de odio.

Las obras icónicas de este gobierno que va a registrar la historia son el odio, la corrupción y la destrucción del país durante esos diecisiete años del mismo gobierno que ha tenido dos presidentes.