• Caracas (Venezuela)

Alicia Freilich

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El voto-cambio del chavismo engañado

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Este poder castrista y castrense fue el error colectivo de una sociedad políticamente muy inmadura, impaciente, superficial y oportunista. Pero el enamoramiento más hondo provino de la enorme población que crecía marginal, ignorada largo tiempo, harta de promesas incumplidas por partidos ciegos y sordos. Por eso su re-despecho es todavía mayor y decisivo en estas elecciones parlamentarias.

Al margen de las trampas G2, CNE y PSUV, de su conducta final depende el cambio calificado con el número de asambleístas necesario que libere al país del control bolivarista, modifique o recupere leyes básicas y se pueda refundar el país.

Es un hecho que la oposición obtendrá diputados para alcanzar la mayoría simple. Pero nada puede cambiar si continúan de adorno, como han sido durante el ciclo chavista, reprimidos con humillantes fechorías del régimen militarista, sostenidos allí de fachada para simular que el populismo totalitario es una democracia plena con representación opositora en ese circo malandro. Hoy aquella masa enamorada de un resentimiento hecho carne en Hugo Chávez Frías es un 20% votante de adictos a su fantasma, sujeto con regalos, ridícula cháchara revolucionaria, vigilancia, castrado en absoluta sumisión y listo para cumplir órdenes de violencia criminal.

Hoy, el resto es un numeroso pueblo de ex chavistas, antes adecopeyanos, de otras militancias y Ni-Ni. Doblemente resentido y rencoroso, en desengaño mayor, un tanto a la deriva, sin líderes libres que lo dirijan y en su mayoría deudos de los 260.000 asesinados en 16 años. Consciente víctima del embuste aún recibe limosnas y sabe que se acabó el dinero para misiones repartido a cambio de su obediencia total pero más empobrecido que antes, rechaza los sacrificio que aún se le exigen, pues a pesar de la censura en los medios, ven, oyen, palpan y rechazan a esa cúpula dirigente como a la peor oligarquía, una derecha represora de facto, corrupta a niveles que producen asco, millonaria mediante el robo de la riqueza pública y privada, desde el dólar subastado y la cocaína, cogollo de una mafia sin vergüenza.

Si no votan, su gran abstención numérica compensará el vacío de los 28 diputados opositores ya casi anulados, pues deben ser elegidos bajo los Kalashnikov de distritos fronterizos en estado de sitio para ese propósito. Si ceden a controles y amenzas gobierneras, tienen dos opciones.

Se hacen los locos, a todo riesgo pulsan la tarjeta azul, esquina inferior izquierda de la mano por la unidad del cambio con la sigla MUD. Así se liberan de la servidumbre y serán ciudadanos con derechos y deberes ordenados por la Constitución democrática de 1999 violada cada día desde entonces.

Si ya sufren de resignación aprendida a juro y votan de nuevo por sus amos y verdugos, como si fueran rojos yihadistas tropicales, con su elección se suicidan y destruyen gran parte del entorno todavía en pie.

Por eso, de la voluntad puesta en acción por ese mismísimo pueblo civil y militar depende si la Venezuela libre, justa y decente resucita y los integra a la república liberal que respetará por ley a sus personas y los escasos logros que obtuvieron durante quince años mentirosos.

Su nuevo poder está en la tarjeta azul esquinera y no es boleto de lotería.