• Caracas (Venezuela)

Alicia Freilich

Al instante

Nuestro mundo de azules boinas

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¿Por qué el régimen vene-castrocomunista quiere acabar con esta institución casi bicentenaria?

Nuestra Generación del 58 pudo distinguir por breve tiempo lo que significó la principal y más antigua universidad el país, bajo la dictadura perezjimenista. Los espías se colaban hasta en los baños, teníamos que hablar por señas, en cuti, susurrando en las aulas y comentando con sigilo en sus jardines anexos donde por algunas horas recibíamos con respeto a la clandestina visita de jóvenes adecos, copeyanos y comunistas buscados por la Seguridad Nacional para anularlos con celdas, torturas y tumbas.

Y fue porque nuestra primaria y secundaria nos fastidió para bien con la obligatoria asignatura Moral y Cívica más clases de historia universal y nacional que permitían vislumbrar lo que es una sociedad basada en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial independientes vigilados por una contraloría detectora de la corrupción administrativa y una defensoría de los sagrados derechos humanos. Caletreamos a Voltaire, Montesquieu, las revoluciones francesa y norteamericana para comparar con el totalitarismo nazi, chino, soviético y pare usted de contar, todo como un abecé que se nos convirtió en irrenunciable credo por la libertad democrática. En bachillerato se aprobaba tres exámenes eliminatorios –escrito, oral y práctico– en casi todas las materias para acceder a la preinscripción en la muy exigente Universidad Central de Venezuela que tuvo espacio para el 23 de Enero, la fracasada subversión guerrillera y todas las militancias partidistas mientras forjaba una clase media diversificada, profesional, competente, brazo ejecutor de la corta Venezuela democrática, hoy arruinada, humillada, ofendida, expulsada, carne de cañón para bestiales “hombres nuevos” que desde Miraflores y Fuerte Tiuna comandan institutos castrenses y populistas escuelas del crimen, robo de dineros públicos, ignorancia de dogmática tribu analfabeta.

En 1827 Simón Bolívar, José María Vargas y Rafael Revenga redactaron el estatuto que la pasó de Real Pontificia caraqueña a UCV nacional, republicana y autónoma. Con sacrificio, coraje y boinas azules luchó contra la tiranía gomecista y ahora junto a sus equivalentes públicas y privadas, es matriz y símbolo de la Venezuela libre, tolerante y progresista. Son luces de resistencia civilista que vencen a la sombría barbarie.

A sus egresados que suman toda una nación, hoy paria y dispersa, nos toca continuar en la medida de cada posibilidad, gran parte ese urgente compromiso. El primero de todos, no callar.