• Caracas (Venezuela)

Alicia Freilich

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Alicia Freilich

La crisis hormonal del chavismo

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Viejo(a) verde es un papel tragicómico que puede experimentar quien alcanza una incierta edad, casi siempre la tercera. Si se supera con dosificado autocontrol resulta una medicina eficaz para aplicar como lección de buen humor en lo personal y político, pues en ese trayecto hacia la decadencia se borran varios tabúes, por fin hacemos lo que nos gusta sin muchas condiciones, pero también se desata lo mejor más lo peor de cuerpo y alma. Por lo común, ellos buscan rejuvenecer con la pastillita azul y o la carne fresca. Nosotras, por lo general, con bastante ridiculez, aspiramos a un amor total, de entrega gratuita, mezclando fantasías de cortesana con el afecto maternal.

Mientras la democracia venezolana caía por la infantiloide conducta de sus partidos políticos, reeligió a Rafael Caldera y expulsó al reelecto Carlos Andrés Pérez. El actual régimen multiplica ese nefasto síndrome de repetir la pareja disfuncional y, mientras implosiona reprimiendo a sus opositores, padece su propia ruina en dos lentos procesos. El de la menopausia porque nació como hembra vacía, histriónica, ambiciosa y buscona del chulo castrismo que le otorga base y nombre para su fama protagónica. Se deja explotar hasta la última gota de su sangre petrolera pero quedó exhausta sin fuerzas ya para recuperar su riqueza y decencia perdidas durante ese tercer lustro. Mientras la mujer normal  reconoce sus síntomas, se recupera de la transición difícil pero superable porque la falta ovárica es compensada por otras glándulas, comprende que a veces lo inevitable es para mejor pues las arrugas equilibran por fin la sexualidad neta con el más refinado erotismo.

Pero el régimen chavista no logra combinar esta etapa de su deseo pasional por un dueño posesivo y déspota con la andropausia, el climaterio masculino de la calva, el abdomen crecido, las canas y su disminuido impulso seminal que en el hombre, si es bien macho por tradición histórica, duro caudillo de su entorno y hogareño dictador cotidiano, de escasa o nula inteligencia emocional, de repente estalla con suprema chifladura y puede terminar su faena libidinosa en acciones muy autodestructivas llevándose por delante logros ajenos y propios.

Mientras se consolida la unión masiva del pueblo ciudadano contra esa locura sectaria se puede entender algo de este complejo fenómeno leyendo por ejemplo Fantasìa Roja (Debate,2007) y El comunista manifiesto (Galaxia Gutenberg, 2013) del agudo ensayista y crítico cubano-español Iván de la Nuez, oyendo conciertos de sabrosa fusiòn lograda por los tan distintos C4 Trìo con Desorden Pùblico y siempre consultando al doctor Freud desde el clásico filme Pasión Secreta dirigido por John Huston.

Dios y sus agentes terrenales pueden ayudar por un ratico, pero no basta. Se requiere de mucho sano amor por la breve vida misma y el coraje suficiente para elegir entre la idiotez manipuladora del muy hembrista machismo revolucionario que se derrite postrado ante los uniformes verde oliva y la sensata, erótica, placentera libertad que nos permite escoger con quién, dónde, cómo y cuándo.