• Caracas (Venezuela)

Alicia Freilich

Al instante

¿Petróleo blanco para la campaña oficialista?

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Ya no existen  reservas monetarias líquidas provenientes de la renta petrolera, eso está clarísimo por la carencia y escasez de todo lo elemental que padece la población venezolana, menos la casta del PSUV y sus acólitos. Además, el turismo planetario que pide limosna por parte  del ilegítimo en Miraflores, el ya agotado crédito de los préstamos chinos, evidencian al más ignorante en materia económica, que la angustia por rellenar las arcas públicas para financiar la propaganda oficial en los comicios parlamentarios, descubre en parte, de dónde manan los cobres.

La respuesta es obvia. De alguna oculta fuente debe provenir el dineral que el desgobierno chavista invierte en su masiva propaganda por los medios de comunicación casi por completo bajo su control, la compra de estaciones radiales, periódicos y revistas, en las pancartas, afiches, reparto de alimentos y enseres retenidos ahora sueltos que dispensan en cada mitin o bajo cuerda en los barrios más desprovistos, en el circo recreativo musical que paga en dólares a los incautos artistas extranjeros invitados, esa masa clientelar comprada mediante engaños, chantajes y amenazas a lo largo de tres lustros, damecracia  ahora en su ritmo más intenso por causas también obvias.

Como no hay contraloría ni banca independientes que puedan mostrar el debe y haber, la contabilidad pública, ese rendir cuentas claras y comprobables a que está obligado un gobierno democrático, decente y correcto, pues surge normal y lógica la sospecha, por ahora no demostrable, de que el negro y lustroso mene, soporte legal durante casi todo el siglo XX para las bases institucionales de la moderna Venezuela, se encuentra en su mínima producción agravado el hecho por los regalos a Cuba y gobiernos caribeños más su bajo precio a nivel mundial.

A falta de pan, en este caso, malas son tortas. Se tienen todos los derechos y deberes de suponer que el chavismo dirigente sostiene su poder sobre otras minas. La agricultura y cría, comercio privado y las industrias productivas nacionales desparecieron o están en su estadio mínimo. Casi todo se importa. Y no les importa.

Queda bastante claro que las arcas palaciegas se llenan con monedas no precisamente aceitosas, sino de esas que convertidas en cocaína y similares, envenenan con enorme eficacia hasta las piedras fundacionales de ciertos países dependientes para mantener y abusar del poder político desde tamañas finanzas. Es lo que llaman narcoestado.

Imposible comprobarlo a estas horas. Luego, con libertad democrática conquistada en cambote con votos, militares y civiles institucionales, republicanos liberales y la voluntad popular mayoritaria, se podrá contabilizar con precisión, de dónde vinieron esos reales, en qué se gastaron y, si queda algo, dónde están.

A todas las cuevas de Alí Babás les llega su hora de los “ábrete y ciérrate sésamo”. Lo sabemos por la lectura de los divinos relatos en Las mil y una noches que alimentaron nuestra infancia de pobres o  menos pobres pero honrados. La misma dicha tranquila que anhel