• Caracas (Venezuela)

Alicia Freilich

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Leopoldo López somos casi todos

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El dilema es complejo pero claro. El gorilato chavista, bestial, ignorante y codicioso ha parido al liderazgo opositor que la disidencia no pudo articular debido al justificado temor a represiones criminales como las de Puente Llaguno (abril 2002) y Plaza Carabobo (febrero 2014). Asesinar protestas es la única defensa que tiene el fasciocastrismo de Miraflores con Fuerte Tiuna frente a 80% de la población que lo rechaza y quiere cambio de sistema.

El civilismo está disperso en destierro y exilio forzados o voluntarios, exilios internos o foráneos, una oposición formal de partidos políticos sin masas militantes promoviendo continuas elecciones fraudulentas que legitiman al régimen militarista y una sociedad disidente en busca de la dirigencia nueva, sin rabo de paja ni techo de vidrio capaz de accionar la opción constitucional 350 que autoriza su derecho a la desobediencia civil cuando el gobierno empoderado viola sistemáticamente los principios consagrados por esa misma carta magna, en su origen democrática, republicana y liberal.

La sentencia condenatoria que pretende aislar por catorce años más a Leopoldo López es una trampa chavera más. No pueden eliminarlo físicamente de un tajo como lo practicaron sus modelos China maoísta, Alemania nazi, Unión Soviética, Corea del Norte, Cuba castrista en sus inicios, porque la era cíber los desnudaría de inmediato como criminales de oficio. Buscan desmoralizar en directo a la víctima encarcelada y a sus seguidores mediante el suicidio espiritual inducido a fuego lento.

Pero el siglo XX entregó ejemplos de triunfante resistencia pasiva civilista con Gandhi, Mandela, Martin Luther King, Lech Walesa. Latinoamérica en el siglo anterior con Simón Bolívar, Francisco de Miranda en sus etapas políticas poscastrenses. Y en Cuba la figura modelo de José Martí. Luego, en su período republicano moderno destaca la figura fundacional, intelectual y práctica del estadista Rómulo Betancourt. Representan la reacción defensiva de una vasta mayoría silenciosa aplastada, humillada, reprimida y abusada por tradiciones colonialistas y caudillescas hoy de signo totalitario.

La inhabilitación forjada, ilegal, continua de Leopoldo López y su prisión injusta propicia el surgir de un liderazgo firme, resistente, hasta ahora insobornable, alejado del antiguo partidismo que cumplió su función histórica al construir la democracia representativa pero sucumbió por sus propios errores y abrió paso a la tiranía chavista.

La cubanía castrense castrista insistirá en negociar con cualquier Satanás imperialista que le convenga la liberación forzada de un Leopoldo López expulsado, puede que con disfraz oficialista de huida voluntaria porque la cobardía armada del chavismo siente pánico, terror, ante quien representa el sentimiento nacional, ya internacional por demás indetenible de la voluntad popular mayoritaria.

Por eso a partir de ahora las protestas deberían adquirir estilo gandhiano y walesista. El pueblo universitario, liceísta, ex gremial, ex sindicalizado, amas de casa, empleados públicos hartos de amenazas, chavistas honestos y desengañados, conjunto sentado en avenidas largas, armado con carpas, cobijas, termos, agua, bacinillas, pilas, linternas, paraguas, radios, alimentos que todavía encuentre, hasta que el cuerpo aguante. Se verá entonces si el joven soldado criollo, todavía de corazón noblemente venezolano, ante los teléfonos móviles que los retratan y ante sus vecinos hambrientos, envilecidos por la limosna, es capaz de disparar a sus paisanos como ya lo hace el grupo OLP que ajusticia por órdenes gubernamentales a sus cocosecos, hijos de la calle oficialista.

Confieso por primera vez públicamente que en 2002 le propuse este método de resistencia a un respetado dirigente izquierdista venezolano con enorme capacidad de convocatoria. Lo animé a que sin que importara nuestra venerable edad sexygenaria y nuestro para entonces 30% disidente, diéramos el ejemplo con nuestra presencia. Lamentó mi falta de la memoria sobre los sucesos de la huelga general fracasada, mi pérdida del sentido común y tanta pendejera intelectual. Hoy reprimido y deprimido seguro que recordará el episodio. Pero hay tiempo. Ahora es cuando.

Está por ver si la gente como él, curtida, lúcida pero ingenua, proclive al autoengaño y sus equivalentes, opinan lo mismo.

Esa es la cuestión. Y se llama responsabilidad directriz frente a situaciones límite.