• Caracas (Venezuela)

Alicia Freilich

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Latinoamérica en el diván de Carlos Rangel

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En gratitud al periodista venezolano pionero del  moderno análisis político-social de nuestro continente (1929-1988)

 

-Mi libro será rechazado, violentamente incluso, por más o menos el mismo proceso que lleva a muchas personas –no soy psicoanalista– a retroceder horrorizadas cuando emprenden un psicoanálisis y entienden de qué se trata, de cuál es el problema.

-Digo lo que sabemos pero nos lo decimos entre amigos íntimos. Gran parte de la aparente novedad de este libro reside en haber escrito en forma coherente, dentro de un esquema interpretativo global, cosas que están fragmentadas en el ambiente y son parte de la conciencia latinoamericana.

-La alternativa es comportarnos con cierta racionalidad para llegar a ser independientes. Y lo trágico de América Latina es que toda retórica revolucionaria nos mantiene en la dependencia, porque mintiéndose nadie se puede independizar.

-El buen salvaje no es un mito distinto al que ahora se llama buen revolucionario. Es la perfección del círculo, un mito exactamente reaccionario.

-La irresponsabilidad paterna del latinoamericano es uno de los elementos más desastrosos de nuestra sociedad.

-Es absurda y disparatada la tesis de que la fuerza de los imperialismos se debe a la explotación que hacen de los países débiles. Estos les derivan solo una riqueza adicional.

-Las víctimas del imperialismo no pueden excusarse ni consolarse con eso de que si somos pobres es porque nos explotan. Sí, nos explotan miserablemente, pero ellos fueron fuertes antes y nosotros débiles antes.

-Arrastramos, en tanto descendientes de conquistadores, una gran carga de culpa que no está referida al pasado, porque en Latinoamérica persisten las poblaciones indígenas maltratadas, marginadas y explotadas. ¿Lo positivo? Que somos una cultura con potencialidad de conciencia inquieta, somos un continente insatisfecho.

-El  tercermundismo es la sensación de no tener un sitio estable y digno, de no estar bien en el mundo, de ser maltratado en el orden mundial, tal como existe.

-Esos grandes y profundos mitos como el de la Edad del Oro y la Caída se han transformado en mitoides, el de la Salvación, la Redención, de la Revolución, claro que el hombre requiere de referencias míticas para sus actos, pero hay mitos perniciosos.

-Todos los gobiernos son más o menos malos. El más soportable es la democracia, el que menos interfiere en la vida de cada cual y el que más nos permite avanzar. Los no democráticos son brutales, asesinos, torturadores. Democrática es una sociedad donde el gobierno no es una amenaza, no tenga la pretensión de que les abandonemos la administración pública de nuestros haberes comunes, el privilegio de las armas, los métodos de coacción social y que encima nos exija entusiasmo y adhesión diarios.

-A mí me han calificado tantas veces de derechista que ya no me molesto en discutirlo. Algún día, esa gente descubrirá que anticomunista y derechista no son sinónimos.

Frases de respuestas largas que concedió para mi libro Entrevistados en carne y hueso (Suma, mayo 1977) cuando apareció Del buen salvaje al buen revolucionario (Monte Ávila Editores, Caracas 1976, 1ª edición), cuyos cuarenta años de potencia y vigencia recordamos con respeto y admiración.

Lea ese diagnóstico y el remedio, por su bien, de su familia y del país. Lo aconseja Carlos Alberto Montaner: “Ayer este fue un libro muy importante Hoy debe servir de bandera a los venezolanos que no se resignan a perder las libertades”. Que así sea.