• Caracas (Venezuela)

Alicia Freilich

Al instante

¿Desobediencia o resignación?

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Contra el totalitarismo chavista la oposición venezolana hizo multitudinarias marchas pacíficas criminalizadas como la de Puente Llaguno 2012, concentraciones dispersas y su mitin de costumbre, comicios generales y locales, reclamos directos por los medios, solicitud de solidaridad ante organismos y gobiernos internacionales, manifestaciones desarmadas que acaban con inocentes en cementerios, celdas, prisión domiciliar, secuestro de pasaportes y un largo etc. Este régimen como el de Corea del Norte, Alemania nazi, Rusia soviética, Cuba castrista, anula de modo sistemático la natural reacción defensiva de todo ser vivo cuando se le agrede mediante el control absoluto de su existencia. Si lo hace el Estado, en jerga chavera es el buen vivir: malnutrición, hambre, hambruna, muerte por falta médica, delincuencia organizada desde el Alto Mando Militar sistema pránico desde ministerios hasta el último puesto de la Guardia Nacional.

Enero 2016. Al nuevo Parlamento de mayoría opositora en más de 80%  votante, lo desconoce, boicotea y quiere aniquilar el resto de los poderes públicos todos a una. Qué hacer para impedir que esta enorme fuerza legal sea  eliminada por la barbarie leguleya. ¿Enmienda, revocatorio, reforma, renuncia presidencial? ¿Se imita el proceder de Gandhi, de Martin Luther King, de Mandela con transiciones lentas y dificultosas que dieron frutos positivos a muy largo plazo? ¿Confrontar textos sabios como Masa y poder de Elías Canetti, los testimonios autobiográficos de Winston Churchill, la novela 1989 de George Orwell con los análisis sobre el artículo constitucional 350 y los derechos de desobedecer y resistir de Allan Brewer Carías y otros notables juristas venezolanos? ¿Olvidar golpes como el que derrocó al presidente Rómulo Gallegos y los continuos entre bandolerismo y cortos lapsos civilizados? ¿Hay tiempo suficiente para discutir cada ambición partidista y al elegir se la imponga  de facto?

Cada respuesta masiva se rige por códigos diferentes de acuerdo con el entorno circunstancial que la determina. Es un error acudir por doctrina a los ejemplos propios y ajenos como si fueran verdades uniformes. Llegado el momento por demás imprevisible, se juntan, excluyen o combinan las opciones, todas necesarias, pero la llave maestra del cambio actual requiere que la ciudadanía se movilice con más participación para coadyuvar, secundar, las decisiones parlamentarias. Por ejemplo, no pagar impuestos hasta que el régimen actual rinda cuentas claras y cada principal funcionario entregue declaración jurada de sus bienes durante diecisiete años. Suspender el pago aumentado de la gasolina por varios días difíciles hasta que el desgobierno elimine el petróleo gratis para Cuba y otros parásitos caribeños, huelgas de brazos caídos organizadas de todos los  gremios y sindicatos cuyos sueldos no alcanzan ni para la cesta básica, rechazo magisterial global a los programas educativos doctrinarios. ¿A esta altura del programa, van a disparar de nuevo contra ellos, padrinos y ahijados de la ya ensangrentada mafia castrense? El domingo pasado, las Damas de Blanco, luego de muchos años recibiendo golpes y cárcel, se sentaron durante horas sobre el piso de una plaza y por vez primera no fueron reprimidas. Su conducta sacudió la insensibilidad de alegres turistas gringos.

Las reacciones son diversas y contagiosas por igual. Pero mientras el desgano pesimista, la muy peligrosa resignación con su obediencia sin límites prevalezcan, nada o poco puede lograr el Poder Legislativo. El sovietismo duró 70 años, el castrismo va por los 60, Corea del Norte es tiranía eterna. Es la costumbre revolucionaria.

Pero no la venezolana. Dice el refrán histórico que somos un cuero seco, al pisarlo por un extremo se levanta por el otro. Pero un estallido social como el que ya se perfila o por el contrario la resignación obligada, promovidos por el oficialismo, pueden servirles para  justificar y alargar su criminal permanencia. Oscar Arias lo avisa. Sí. El tiempo apremia.