• Caracas (Venezuela)

Alicia Freilich

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Alicia Freilich

Botar y votar ¿o viceversa?

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Un rebaño sin rumbo no tiene futuro… Líder es alguien con determinación para no dejarse  doblegar… Cuando las masas callan, hablo por ellas usando las palabras adecuadas… Si cedemos ahora no resolveremos el problema en mucho tiempo… Luchamos por nuestros propios sindicatos, pues son nuestros derechos fundamentales… No ha sido mi lucha, sino nuestra lucha… Dios nos libre de los intelectuales de la política, necesitan mucho tiempo para comprender lo obvio… El gobierno juega con nosotros a las damas y al ajedrez sobre el mismo tablero, pero creo que ya es hora de jugar una sola partida… No hay libertad sin solidaridad…

Frases de la entrevista que en 1980 Lech Walesa concedió a Oriana Fallaci luego de que el régimen comunista lo apresara por un año y sirvió de guion para el filme Hombre de esperanza (2013) dirigido por Andzej Wajda. En 2009 Hugo Chávez ordenó a su canciller Nicolás Maduro prohibir la visita de Walesa a Venezuela invitado por grupos opositores.

El fin del comunismo en Europa del Este comenzó cuando en 1989, cuatro meses antes del derribo del Muro de Berlín, la Polonia ya walesiana tras continuas huelgas parciales y generales junto al nada complaciente Vaticano de Juan Pablo II, convocó a elecciones parlamentarias. La victoria arrolladora de Solidaridad que ganó todas las senadurías provocó el desplome del  gobierno. En España acuñaron una frase: Los comunistas fueron pasados por las urnas.

Es que pese a la roja represión criminal en aquella inmensa cárcel, aún Venezuela no era el modelo soviet-chavista del Hombre Nuevo. El maná cayó una década después con millonarios petrodólares para lubricar una corrupta y sofisticada trama: registro electoral con zamuros cuidando la carne de muertos votantes, maquinaria esmarmatizada y sus captahuellas de altas comisiones para sumar votantes con cédulas falsas, acomodos distritales a capricho, 2 millones de nuevos votantes que no pueden registrarse por falta de información sobre locales y horarios a su alcance, un ejército paramilitar oficialista equipado para amedrentar, dispersar y disparar a mansalva contra electores en cola y en el umbral del CNE para espantar los reclamos, candidatos que juran defender cada voto hasta con su propia vida y luego acceden al fraudulento veredicto gubernamental que anula el cotejo entre cifras electrónicas, cuadernos de votación y papeletas, prisión sin juicio regular ni derechos humanos a la dirigencia disidente destacada y confiable, fijación arbitraria de fechas comiciales. Bajo tales trampas, en una masa electora de 15 millones o más, 600.000 votantes opositores o más (7%) no garantizan un logro concreto. Ya ocurrió en 2012.

La realidad grita que desesperados pretenden imponer la ley marcial del autogolpe, un estado de excepción bajo el pretexto de lucha contra la creciente delincuencia común, su creación, que manda impune por 15 años, así este régimen puede permanecer al costo de 25.000 asesinatos por año, hasta que al castrismo le convenga. O si implosiona por sus pies de barro, el urgente papel principal de la disidencia unida es impedir que un nuevo hamponato llene ese vacío de poder. Que sin caciques, tribus ni sectas, tenga listo su plan de transición, un pacto cívico-militar hacia la voluntad popular con justicia primero en acciones democráticas de solidaridad.

La calle no es gentío sino domicilios personales. Al mismo pueblo que eligió el militarismo populista, debido a los errores del tenaz caudillismo con soporte constitucional, le toca decidir ahora si relegitima la dictadura o reforma la imperfecta república liberal.

Walesa lo dijo a su gente: La clave para triunfar contra el comunismo es liderazgo con empeño firme capaz de conducir la eficaz desobediencia legal. Esa es la cuestión.