• Caracas (Venezuela)

Alicia Freilich

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Autogolpe de la mafia TSJ

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Tribunal Supremo de Justicia es el nombre ficticio de este circo oficial venezolano. Su sigla deriva de: Tribuna, shows para captar al gran público que desconoce el  teatro legítimo. Sinvergüenza, representan con trampas por falta de escrúpulos para aplicar el manual clásico del buen actor. Y la J final viene del Partido Justicialista argentino, el peronismo con su resentimiento social que ahora se llama populismo del siglo XXI. J es también la inicial de un adjetivo vulgar pero los de la vieja guardia no usamos groserías en público.

Género teatral: farsa del sainete clásico, por tres lustros en continua cartelera.

Autor: tradicional colectivo castrocubano comandado por generales con título en el G2, especialistas en montajes payasos dentro y fuera de su circo.

Gerente de escena local: hoy es un analfabeta en guayabera, incapaz conserje delegado de los dueños foráneos y locales, de nacionalidad desconocida, invasor del Gran Teatro Central.

Director artístico: en su sede principal es una actriz de currículo palaciego en mediocres imitaciones vocales y gestuales de grotesco vodevil uniformado. Sus órdenes se emiten con el trasfondo musical de Milicianos llegaron ya y llegaron marchando  el chachachá…

Reparto: una cúpula de fracasados extras, supersabios en simulacros visibles, útiles como suplentes de emergencia a principios del pasado diciembre, empleados para reforzar al resto del equipo aficionado y sin diploma confiable en estudios actorales que se limitan a repetir frases al caletre y aprobar con señal de costumbre cuando la jefe de escena se los exige. Para ocultar sus billeteras y joyas usan de disfraz un uniforme negro: batola y cartón cuadrado sobre la cabeza. Eso les otorga el aura de respetabilidad que no contiene su código de oficio castrocubano actual y diario, pues cambiaron el original venezolano que consultan solo para inventarle su sentido opuesto. Es el truco que invita sin reserva moral a un juego de beisbol sobre un minado campo de fútbol, además resbaloso por ensangrentado.

Lucen victoriosos pero con ellos comienza un festival de autogolpes finales, fracasos que abren camino a la renovación. Se desnudaron y a punto de cierre porque los antiguos mirones de ese espectáculo que servía para distraer embruteciendo ahora tienen cerquita y seguida por un gentío, a una compañía famosa que se llama AN (Auténtica Nacional) de renombre, experta en presentar piezas de largo prestigio mundial refrendado por sus verdaderos derechos de autor. Eso significa seguridad y educación ya que no pueden improvisar sus parlamentos ni actuaciones sobre las tablas, deben ceñirse al texto que garantiza su perfecta legitimidad profesional. No roban ni falsifican, no regalan entradas, cotufas ni refrescos a cambio del amén, muestran los remedios del mal. Sí exigen un público interesado, atento, activo seguidor de la trama, pendiente y cómplice del conflicto actuante sobre la tarima porque todo lo allí presentado tiene que ver con su vida.

Defender ese primer y difícil éxito permitirá que usted sea libre dueño de su propio y serio guion. No lo olvide, quien se cansa pierde...