• Caracas (Venezuela)

Alfredo Romero

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Prisionero del odio

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A propósito de la visita a Venezuela de dos galardonados con el Nobel de la Paz, Oscar Arias y Lech Walesa, y dos de los familiares de Desmond Tutu y Nelson Mandela, traigo a colación una memorable frase de este último: “Un hombre que le arrebata la libertad a otro es un prisionero del odio, está encerrado tras los barrotes del prejuicio y de la estrechez mental”.

Además del aspecto ético que mueve a muchos a luchar contra lo oscuro de la injusticia y el sentimiento humano por el sufrimiento de los presos políticos y sus familias, hoy me voy a referir al error político que el gobierno de Maduro ha cometido usando la represión del Estado como mecanismo para mantenerse en el poder. 

Tal como lo señala el científico político Christian Davenport de la Universidad de Maryland, la represión del Estado tiene su beneficio: proteger a los líderes políticos antidemocráticos así como a las élites aliadas al gobierno que de otra manera serían incapaces de mantenerse en el poder.

Solo en el gobierno de Maduro, desde 2014, se han registrado más de 3.664 detenidos políticos hasta el presente. Ello solo producto de manifestaciones. Y aquí no incluyo a los detenidos por supuesto bachaqueo y otros. Por su parte, en el gobierno de Chávez la mayor cantidad de detenidos políticos ocurrió en 2007 y llegó al número de 251 estudiantes, producto de las manifestaciones por el cierre del canal de televisión RCTV. Situación que criticamos y denunciamos en su oportunidad como una exageración de detenciones arbitrarias y violación de derechos humanos.

Ahora bien, intentando analizar este tema desde la perspectiva de Davenport, no cabe duda de que para el gobierno de Maduro los presos, detenidos y perseguidos políticos, y la represión del Estado en general ha representado un costo político importante. Pareciera que la relación costo-beneficio de la represión ha sido erradamente analizada por el gobierno. Ejemplo de ello fueron los resultados de las elecciones del 6 de diciembre. Entonces ¿cuál es el beneficio de mantener esta situación?

Me atrevo a dividir en dos el análisis sobre la utilización de la represión de manera errada por parte del gobierno. Por un lado, si asumimos que se trata de una reacción emocional, es decir, si consideramos que la represión es un simple resultado del odio, entonces debemos considerar la frase de George Bernard Shaw (1856-1950) quien señala que “el odio es la venganza de un cobarde intimidado”. Ello implicaría considerar que el propio Maduro es un prisionero de sí mismo, está encerrado en sus sentimientos de la venganza sin sentido y atemorizado por asumir la paz democrática como camino, lo que implica la necesidad de llamar a sectores contrarios políticamente a conversar y construir un futuro en reconciliación.

Por otro lado, si consideramos que la represión del gobierno ha sido resultado de un proceso de asesoría  política, no cabe la mínima duda de que Maduro se ha dejado guiar por algunos que desean su disminución política para beneficiarse ellos.  

Precisamente, en cualquier caso Nicolás Maduro es un prisionero del odio. Ya sea porque su odio personal lo maneja o porque el odio de otros hacia él lo han llevado a tomar decisiones que en definitiva lo perjudican.

Consideramos que nunca es mal momento para recapacitar.

Para salir de la oscuridad a veces solo es necesario atreverse a encender la luz.

Tal como lo dijo Mandela: “Deja que la libertad reine. El sol nunca ha iluminado un logro humano más glorioso”.