• Caracas (Venezuela)

Alfredo Coronil Hartmann

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Un perfil para la transición

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Cordialmente detesto el "yo te lo dije" que, cual derechos de autor acechante, esgrimen muchos y sobretodo muchas, cada vez que una proyecto, importante o no, se ve frustrado o fracasa. La iniciativa planteada por María Corina Machado, Antonio Ledezma y Leopoldo López, está recibiendo ¡Gracias a Dios! importantes y muy variados respaldos.

Un proceso de transición es la única vía pacífica para la reconstrucción del país, de la República y de la democracia, en ese orden. No entenderlo es más que miope, suicida. No obstante, la empresa, de lograrse, es inmensamente compleja y difícil, entre otras razones porque es casi imposible establecer un orden de prioridades, hay que encarar varios frentes al unísono -y encararlos con éxito- la situación, el reto, el "target", dirían ahora que se les olvidó el castellano, podríamos resumirlo en la frase, ya célebre, que pronunciara el conde de Mirabeau, en los atropellados días de la Revolución Francesa: salvar la subitaneidad del tránsito.

El 4 de marzo de 2011, en las proximidades de alguna "elección" presidencial, trajinando estos mismos elementos, que en nada han cambiado, sino para agravarse exponencialmente, escribí "Un perfil para la transición". Lo releí hoy y lo considero plenamente vigente, por ello y como una contribución al debate íntimo o público que el tema reciba, lo envío a mis amigos, a los escasos medios sobrevivientes del proceso, elegantemente denominado "hegemonía comunicacional" y lo traigo de nuevo a pararescatrelporvenir.blogspot.com

Un perfil para la transición

El 2 de marzo, hace apenas unos días, cumplimos 200 años de una fundamental efemérides civil, la instalación del primer Congreso de la República , que aquel que el 5 de julio de ese mismo año, anuncio el nacimiento de Venezuela al concierto de las naciones. Hito incomprendido e irrelevante, para un régimen que solo exalta aquellas acciones aliñadas con pólvora y con sangre, y no las iniciativas cívicas con las cuales la generación libertadora trajo al mundo a Venezuela.

No es un azar que, en nuestra celebración individual de ese hecho, queramos delinear con precisión los principios fundamentales que deben inspirar la transición necesaria del autoritarismo a la autentica democracia. Circunstancia especialmente obligante cuando se marcha hacia un proceso electoral con una Constitución derogada por la Asamblea Nacional pasada, en pocas palabras, sin Constitución alguna, un país privado de su Estatuto político, sin la “Ley de leyes e la República ”, sometido a los raptos de “inspiración” o a los caprichos de un mandatario sin representatividad, divorciado  -hace tiempo- del sentir del colectivo.

El jefe del Estado, y el equipo humano que lo acompañe, para sustituir al actual régimen, deberán encarar necesariamente el reto de un gobierno de transición. No puede, ni debe ser, de  otra forma.

Transición, porque el cambio no es de titular, de uno a otro gobernante democrático, se trata de un cambio de sistema. Venezuela dejo de ser una democracia representativa, plural, inclusiva, para devenir -en una involución incomprensible- en un gobierno autoritario, excluyente y con aspiraciones de eternización.

De allí, que una de las condiciones del nuevo gobernante ha de ser un compromiso indeleble de no aspirar a la reelección. De no representar una bandería política sino una promesa de concordia y autentica unidad, enraizada en lo más profundo del alma colectiva, la tarea que nos aguarda no atiende ni a carnets ni a colores, reclama a los mejores venezolanos para reconstruir y conquistar un futuro de esperanzas en la Patria de todos. Realizar una justicia social verdadera, tangible, consistente, alejada de la vana palabrería populista y de hecho profundamente anti-popular, es una tarea inaplazable. No es sencillamente concebible que, habiendo percibido recursos tres veces superiores a los que manejaron todos lo gobiernos, de todos los signos políticos, que dirigieron el país durante el siglo XX,  juntos. Solo se puedan exhibir los mayores índices de desempleo, pobreza e inseguridad de nuestra historia.

El valor esencial del hogar colectivo que necesitamos crear, ha de ser la democracia, sin libertad nada es suficientemente bueno. Para aquellos que proclamaron el fin de la historia y el choque dramático entre las civilizaciones, los recientes acontecimientos del norte de África y del Medio Oriente, vienen a demostrar, con esplendorosa consistencia, la frescura y modernidad de una organización del Estado al servicio del hombre, de la alternancia en el poder, de la solidaridad y el respeto a los valores humanos, anhelos seculares del individuo racional siempre deseoso de empinarse en dirección a Dios.
El reto material es gigantesco, el país se debate entre el temor al hampa, a bandas armadas de mal disimulada inclinación oficialista, un insostenible costo de vida, la escandalosa ausencia de seguridad jurídica, la criminalización y persecución de toda disidencia, política, gremial, sindical y hasta artística, los 7 anos de cautiverio del dirigente obrero Rubén González ilustran –junto con otros muchos casos- la intolerancia y arbitrariedad reinantes, el colapso de los servicios públicos mas acuciantes, la destrucción sistemática y continuada del aparato productivo, como consecuencia de esto ultimo, las crecientes carencias de bienes de consumo y de insumos vitales.

Hace menos de una semana y según datos del propio Ministerio de Finanzas, el saldo de las obligaciones del Estado había subido para finales de 2010 en 20% es decir, había alcanzado la astronómica suma de 71,7 millardos de dólares americanos. La firma Econoamerica estima que la deuda de la República, que incluye a Finanzas, Pdvsa y el préstamo otorgado por China, hará que cerremos el 2011 con 146.5 millardos de dólares de deuda. Es decir la elevaríamos en 105% más. The Economist, revista británica especializada, bien conocida en el país y en el mundo, afirma que en un breve plazo de dos anos Venezuela entrara en mora, por la imposibilidad de satisfacer el capital y los servicios de su deuda externa.

 Todo ello exige experiencia, conocimientos teóricos y prácticos, no estamos en clima de ensayos o aventuradas buenas intenciones, nos jugamos el futuro, no solo de los que estamos, sino de los que están por venir. El piloto y su variopinta tripulación, no deben ser ni debutantes, ni piezas de museo histórico, una cabeza bien amoblada y unos auxiliares diestros, los mas diestros, son necesarios. También será necesario encarar y proponer una radical reestructuración del Estado. El aparato macrocefálico, enfermo y ahíto de un poder inmanejable, que llevo a este colapso, tiene que ser redefinido y ajustado a dimensiones eficaces, operativas, gerenciables. Y con todo…

Los problemas materiales no son los mas graves o difíciles de transitar, Venezuela es un país de inmensas potencialidades, de enormes recursos, generoso surtidor del mas preciado de ellos, el recurso humano. El aspecto mas dolorosa y profundamente vulnerado en estos 12 anos de desandanzas, es el daño ocasionado en el tejido social de la nación.

El “comandante-presidente” no ha dado descanso a su única iniciativa exitosa, la siembra del odio, de la división entre hermanos, del antagonismo social. Pretendió y pretende hacer de un pueblo igualitario y orgullosamente mestizo, uno signado por la tacha infamante del racismo y la exclusión social. El alma libre y abierta del venezolano no acepta ni puede aceptar horizontes tan estrechos y mezquinos.

Así, los protagonistas de esta transición tienen que ser los sanadores del alma nacional, capaces de recuperar la cordialidad y la amplitud que siempre caracterizaron al venezolano. Con semejante equipaje y con esa guía alcanzaremos la meta que desde el fondo de nosotros mismos, nos reclama. El presente y el futuro, se hacen aquí y ahora.