• Caracas (Venezuela)

Alfredo Cedeño

Al instante

Con maledicencia apoyada

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Cada vez que publico mis notas las comparto con un grupo de amigos, unos más añejos que otros, y algunos más acuciosos que aquellos, pero por todos hay un profundo respeto y cariño que trato de demostrar al momento de compartir con ellos mis reflexiones. Estas últimas hago todo lo posible para que sean un reflejo del sentir del ciudadano de a pie, de aquellos que tan sabiamente nos plasmó el inolvidable y muy querido Chuchú Rosas Marcano en su canción “¿Quién ha visto negro como yo?”: “…de los que andan mudos yo soy la opinión”.

Escribo esto porque uno de esos a quienes hago llegar mis notas suele comentarme sus impresiones. Debo decir que por él tengo un particular respeto, porque es uno de los escasos casos que conozco de quien fue capaz de abandonar la presidencia de un ente oficial para dedicarse en alma, corazón y vida a la defensa de los derechos de los trabajadores del sector al cual había pertenecido. Confieso que quiero llegar a los 75 años que él ha vivido con la capacidad de entrega y empuje que mantiene en la pelea que no abandona contra ese escarnio aparentemente infinito que nos ha tocado por gobierno en estos años.

Él es un caballero a la vieja usanza, respetuoso en grado sumo y quien en uno de los pasados artículos me hizo una sutil reconvención por mi mención a cierto ex candidato presidencial a quien he renombrado como el Bobo de la Yuca, así como por otras consideraciones de similar tenor que he empleado para con otros pájaros de análogo pelaje. En esa ocasión me escribió: “Me permito sugerirte que critiques sus actuaciones, pero que no le pongas motes ya que caer en plano personal no ayuda a vender el concepto de que ha cometido errores graves en política y el artículo pierde nivel, abrazos”. Como bien han de suponer, su nombre no viene al caso y sé que él no estaría de acuerdo con que lo publicara ya que, además, es hombre de proverbial modestia; sin embargo ahora escribo teniéndolo muy presente y trato de no caer en lo que sutilmente me señaló. Así que trataré de sobrevivir a dicho intento y ruego al cielo que mi contumaz maledicencia no me haga quedar mal. 

No hago ascos de usar lo que otros ya han escrito cuando interpreta de manera impecable lo que quiero decir.  En esta oportunidad recurriré al poeta chileno Neruda quien publicó su poema Aquí estoy, en 1938 en la capital francesa, porque es lo que me viene a la mente cuando veo las hordas rojas agrediendo a mansalva a un grupo de periodistas:

Y con la garganta y el alma os vomito catorce veces,

Os vomito cuatrocientas veces, a vosotros y a vuestras jeringas,

Aunque colaboréis en la opinión y en la MATONERÍA

Aunque cada día cultivéis con mayor atención vuestra bilis y vuestra mierda.

Recurro ahora al verbo viperino de Francisco Gómez de Quevedo y Villegas, el temido Quevedo, puesto que es su poema “Desengaño de las mujeres”, publicado a comienzos del siglo XVII, en el que pienso al ver la actitud jacarandosa con la cual la ilustre Tibisay Lucena Ramírez anuncia la serie de maromas que se saca, cual maga talentosa, de su roja chistera para jodernos la paciencia con la carrera de obstáculos en que se ha convertido el bendito Referéndum Revocatorio,  y rezan así los versos del citado bardo español:

Si de otras tales putas me pagare,

porque las putas graves son costosas,

y las putillas viles, afrentosas.

Ahora,  si bien es cierto que todos saben de cual pata cojeo y hacia donde me inclino en mis querencias políticas y por aquello de no arrearle rejo a una sola parte del cotarro, ya que de este lado también hay quienes merecen su dosis de invectivas, mirando cómo se pretende convertir la voluntad popular en una especie de franquicia política en la que un grupete de caballeritos, de lo más pintiparados ellos, aparecen como los propietarios de esa privatización del electorado; no me queda más que evocar al lusitano José Saramago quien publicó en 1997 Cuadernos de Lanzarote donde dice: “para florón y remate de tanto privatizar, privatícense los Estados, entréguese de una vez por todas la explotación a empresas privadas mediante concurso internacional. Ahí se encuentra la salvación del mundo... Y, metidos en esto, que se privatice también a la puta que los parió a todos”.

También ocurre cuando uno ve a ciertos voceros del sindicato partidista que pretende conducirnos con aires de manifiesta superioridad, y recurriendo al mote de antipolítica o de escasez de criterios para con aquellos que osan cuestionar alguno de sus dislates, como haber estado llenando de falsas expectativas a la colectividad con unas elecciones legislativas y un revocatorio que cada vez se ve más maniatado que burro con reumatismo,  el recuerdo que aflora tiene que ver con El inagotable Quijote, y es aquella escena en la cual un cabrero se burla del caballero de La Mancha y le acusa de cargar “vacíos los aposentos de la cabeza”. Ante lo cual él le  contesta:

“Sois un grandísimo bellaco, y vos sois el vacío y el menguado, que yo estoy más lleno que jamás lo estuvo la muy hideputa que os parió”.

Finalmente, y por aquello de que el Ejército formal y esa fuerza de malvivientes en aparente expansión que han bautizado como colectivos, son quienes al final del cuento manejan el real poder de fuego, quiero recordar de la Biblia, el libro del Deuteronomio: “Maldito el que recibiere soborno para quitar la vida al inocente. Y dirá todo el pueblo: Amén”.

Espero haber escrito sin colocarle motes a nadie y sí llamando las cosas por su nombre, aunque para ello haya necesitado pedir prestadas palabras de otros que interpretan a cabalidad el sentir de una ciudadanía cada día más huérfana y desasistida.

© Alfredo Cedeño

http://textosyfotos.blogspot.com/

@bandolero69