• Caracas (Venezuela)

Alfredo Cedeño

Al instante

Testigo de la destrucción de Pdvsa

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Este es uno de esos trabajos que me enredan la vida, es de esas notas que se redactan con una mezcla de emociones que te hacen bambolear por mil estados. Escribo con admiración, respeto y cariño por este hombre que no deja de ser el mismo muchacho que nació en Caracas el 20 de mayo de 1953; también lo hago con dolor, rabia, frustración y tristeza por el lote de mujeres y hombres como él que hemos perdido físicamente, pero que siguen apostando por el país y siguen tratando de aportar su granito de arena para la reconstrucción necesaria. Comparto con ustedes una larguísima conversación con Horacio Medina, sostenida en su actual residencia en Estados Unidos, donde debió asilarse ante la persecución implacable de los rojos rojitos.

“Nunca he cedido en mis posiciones y en mis principios, no es una posición que adopto en 2002, es algo que siempre he tenido desde que en la Universidad Central de Venezuela fui presidente del centro de estudiantes de la Escuela de Petróleo, lo que pasó con De Colubio en Pesas y Medidas, y después en la Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleos. Ha sido un posición de vida”. Con su parquedad característica, en menos de 30 segundos, Horacio Medina hipersintetiza cuatro episodios de su vida: su papel como vocero de los empleados de Pdvsa en el año 2002, su enfrentamiento sin cuartel con César Pieve Duarte en la Facultad de Ingeniería, sus denuncias de corrupción en el Servicio Nacional de Metrología Legal en Pesas y Medidas; y su gestión vertical en la SVIP, donde dejó su huella.

Hombre humilde que no esconde haber sido vecino de San José del Ávila: “Después estuve un tiempo en la parroquia Santa Rosalía, muy cerca de donde estaba originalmente Radio Caracas,  y luego me fui a Monte Piedad, en la parte de abajo de los bloques, donde estuve hasta ya haber entrado a la Universidad Central de Venezuela. Primero estudié en  el colegio Luis Razetti, después me gradué de bachiller en ciencias en el liceo Andrés Bello. Provengo de una familia que no tenía recursos suficientes y eso significaba que tenía que trabajar porque tenía que contribuir también a la casa. Mis padres son inmigrantes de las Islas Canarias, mi papá ya falleció, mi mamá todavía vive, gracias a Dios. Mi papá era carpintero, trató de hacer algo cuando llegó aquí en la época de Pérez Jiménez, pero luego las cosas se complicaron y terminó manejando taxis. Mi papá tuvo bastantes problemas de salud, primero tuvo un accidente casi mortal y puedo referir que la vida se la salvaron el Periférico de Coche, cuando los periféricos funcionaban y fui testigo de eso, mi papá estuvo al borde de la muerte por un accidente muy grave en la Coche-Tejerías, y más adelante tuvo también un infarto. Por todo eso, mi mamá que era conserje tenía que fajarse y yo procuraba ayudarla”. Debo explicar que revivir estos episodios para Horacio son latigazos afectivos que le quiebran la voz y moja muchísimo los ojos. Traga grueso y sigue: “Yo procuraba también con algunos ingresos por lo menos ser independiente y contribuir de alguna manera con la casa. Creo que esos fueron unos años muy duros, pero de mucho aprendizaje. Pero logramos salir adelante y fueron momentos de mucha unidad familiar”.

Fue la época cuando, amén de ayudar a su madre a limpiar las escaleras del edificio, consiguió trabajo como motorizado en La Exhibición Industrial. “Era una empresa familiar muy pequeña, y a ellos yo les hacía lo que era el cobro, después pasé a ser despachador, después fui facturador, estaba de Madrices a Ibarras en  el centro de Caracas”. Ya eran días en que cursaba estudios regulares en la Facultad de Ingeniería, donde ingresó en abril de 1972.  “En esa empresa me  dieron un gran apoyo, sin ellos yo creo que hubiera sido muy difícil graduarme, tenía muchas facilidades, no era fácil estudiar Ingeniería, ayudar a la casa, trabajar, y además lo que todos los jóvenes hacemos: la rumbita, la cosa”. Ello no significó que se desentendiera de su entorno universitario y fue así como llegó a encabezar una plancha unitaria con el apoyo de Ruptura, la Liga Socialista, Copei, Acción Democrática: “O sea una mescolanza extraña, el único que no nos apoyaba y había una razón fundamental, era el MIR, quien tenía un candidato para la presidencia del Centro de Estudiantes, un gran amigo mío, una de las personas que yo políticamente más respetaba en aquel momento, lamentablemente falleció en un accidente, Iván Guerra, quien fue el secretario general del Centro de Estudiantes e hicimos  una gestión que básicamente era una, no había ninguna diferencia profunda. Yo tuve muy buenas relaciones con todos, en aquellos años en la Universidad Central ebullía, años 76-77, la izquierda; la mayoría de  mis amigos eran todos de esa tendencia, nosotros sacamos un periódico hecho con multígrafo, que se llamaba El Reventón, no Reventón como el de Richard Izarra”.

Horacio tiene bien ganada fama de ser una persona afable, pero firme, que no se le agua el ojo para abordar lo que sea y a quien sea, es por eso que no me extrañó cuando en el momento más inesperado me soltó: “Para definirlo de una vez y que no le quede a nadie ninguna duda, yo soy un hombre pro partido, yo defiendo a los partidos políticos, de la tendencia que sean, dentro del marco de la defensa de la democracia porque son insustituibles para ella, sin embargo, yo nunca he militado en ninguno y no lo digo por mal, sencillamente no lo he hecho. Yo tuve una relación muy cercana con la Liga Socialista donde tuve muy buena relación con Alberto Berroterán, vegetariano para más señas. Con Ruptura también y pude participar en varias de las discusiones cuando ellos estaban haciendo los libros sobre la industria petrolera, que dicho sea de paso -y aquí suelta Horacio una de varias revelaciones que confió el día de nuestra conversación- los escribió Bernard Mommer con un seudónimo; eran unas discusiones interesantes donde participaban Néstor Francia, Argelia Bravo, y algunos otros líderes de Ruptura -se está refiriendo a gente como Douglas Bravo, Francisco Prada Barazarte, Ramón Morales Rossi, Eligio Sibada (comandante Magoya), Alí Rodríguez Araque, Dimas Petit Vásquez, Diego Salazar y Kléber Ramírez, entre otros-. Fue una época donde tuve muchísimo acercamiento con grupos de izquierda pero con independencia, siempre con total independencia y además siempre comprometido con muchas de las propuestas que, a mi modo de ver las cosas, eran viables y tenían  sentido, otras que yo considero y sigo considerando que estaban muy amarradas a las ideas primitivas del siglo XIX del marxismo leninismo que no tienen absolutamente ninguna vigencia. Por supuesto tuve también cercanía con grupos de Copei, con Acción Democrática, en fin fue muy enriquecedor para mí mantenerme en esa independencia pro partido y yo creo que eso a lo mejor ha sido una bendición a lo largo del tiempo.”              

En el año final de la carrera, que hizo en seis años, entró a trabajar como fiscal en el departamento de Pesos y Medidas del Servicio Nacional de Metrología Legal, que era dirigido por Ramón De Colubi. Medina se graduó cuando atravesaba serios problemas con la institución que lo empleaba: “Acusé formalmente ante la Consultoría Jurídica a varios personajes de matraca, de corruptos, y hubo algo que me rompió todos mis niveles de paciencia y se fue la tolerancia pal’ carajo: los termómetros deben ser calibrados, son usados por niños, por personas mayores, sobre todo, para tener el control de la temperatura y si tú no los tienes bien calibrados puedes ocasionar la muerte de personas inocentes y había un grupo allí que pasaba termómetros sin calibrar y yo  no podía aceptarlo.  Eso ocasionó que me suspendieran sin goce de sueldo por unos meses, estuve a la orden de la Consultoría, hasta que hubo la remoción de esos funcionarios, poco tiempo después también removieron a Ramón De Colubi, estoy hablando del final del gobierno de Carlos Andrés Pérez.  Me gradué y me llamaron a una entrevista en Meneven, ya estaba casi listo cuando mi mamá se enfermó muy gravemente, yo pensaba que mi mamá iba a fallecer y tuve que dejarlo; yo tengo otros tres hermanos, pero soy el mayor, y tomé esa decisión para poder ocuparme de mamá; hablé con Orlando Méndez que trabajaba ahí, y le dije: Mira Orlando tú me conoces, has sido mi profesor sé que esto no es lo correcto, pero esto me obliga a tomarme un tiempo. Me dieron un plazo de tres meses, mi mamá no mejoró y tuve que definitivamente declinar. Cuando ella se mejoró pude entrar a trabajar en la industria petrolera, el primero de julio de 1980 en Lagoven en Tía Juana, Costa Oriental del Lago”.

Ahí comienza en la sección de perforación y reparación de pozos: “Un trabajo bien duro, bien complicado, de muchas responsabilidades desde el primer día, fueron unos años de profundo aprendizaje. Tengo un profundo agradecimiento por el estado Zulia, que me vio nacer como profesional”. Luego de cinco años en la Costa Oriental del Lago, donde era coordinador de Operaciones de Lagoven en el estado Zulia, lo transfieren a la Gerencia de Planificación de Producción del mismo Lagoven en Caracas. “Justo en el momento que llegué, en el año 86, Lagoven estaba revolucionada porque la gente de Geología había hecho un descubrimiento que iba a marcar un cambio significativo en la capacidad de producción de la industria petrolera: el descubrimiento del campo El Furrial, en Monagas, y era necesario hacer un plan conceptual de desarrollo de ese campo luego de haber perforado un pozo y tenido los primeros estimados, ese fue mi gran primer reto. Lo hicimos entre un gran amigo, Ciro Quintero, y yo, y se lo presentamos al gerente del Departamento de Producción, Arnaldo Salazar, y empezaron a desarrollarse todos los planes. Nos quedamos un poco cortos, habíamos estimado que ese campo podía producir unos 200.000 o 250.000 barriles por día, y terminó produciendo 450.000 barriles diarios.” De allí fue cambiado a ser el coordinador de producción de Lagoven para Occidente y Oriente, de donde luego fue promovido a la Gerencia de Evaluaciones Económicas.

“Ya estamos hablando del año 89-90, y este último año el gobierno de Carlos Andrés Pérez había tomado la decisión, siendo ministro de Energía Celestino Armas, de comenzar el proceso de apertura que se iniciaría con los convenios operativos con campos  petroleros, que estaban cerrados o con producción casi 0, donde ninguna de las empresas filiales estaba dispuesta a seguir poniendo el poco dinero que tenían. Y surgió entonces la Primera Ronda, para lo cual contrataron asesores externos internacionales que vinieron e hicieron una fórmula, sobre la base de lo cual en la gerencia donde yo estaba hicimos unas evaluaciones que desde el punto de vista Lagoven eran negativas. Hay una reunión de la directiva, a la cual voy acompañado del gerente de producción en ese momento que era Wilhem Klindt, y el doctor Julius Trinkuna, que era el presidente de Lagoven me pregunta y le digo: eso es algo que no es rentable para Lagoven. Eso causó una conmoción; yo me fui a mi oficina y estaba sentado allí escribiendo, alzo la mirada y me encuentro al propio doctor Julius Trinkuna, ¡el presidente de Lagoven!, y a Wilhem Klindt entrando en mi oficina, yo me dije: ¡estoy botao! El doctor Trinkuna me pregunta: ¿Tú estás seguro de lo que dijiste? Por supuesto que sí estoy seguro, esos son los resultados. Él me dice: ¿Tú sabes que esto es algo muy complicado, muy delicado? Sí lo es doctor Trinkuna, yo lo sé, pero hemos hecho los estimados sobre la base a tres escenarios de precios, tres escenarios de producción, y en todos algunas veces daba más negativo, unas veces menos negativo, pero siempre negativo. Él él me dice: Está bien que estés seguro, recógete lo que te tengas que recoger, vamos a una reunión con el viceministro. Perfecto, ¿cuándo? En 15 minutos te espero allá abajo. ¡Vaina! En efecto en 15 minutos estábamos en el carro yendo para el ministerio, cuando el ministerio funcionaba, porque el ministerio sí hacía la gestión de control de auditoría y de supervisión, quizás no era la mejor auditoría, ni la mejor supervisión porque no tenían el personal suficiente. Ojo, no estoy diciendo no capacitado, había personal capacitado pero mas no suficiente para hacer ese tipo de trabajo. Entonces vamos a Parque Central y el viceministro Rafael Guevara nos recibe: Doctor Trinkuna ¿qué es lo tan importante que nos quiere hablar…?  Me dicen que presente, presento el asunto y él me dice: Oye chico, pero tú eres un poco negativo. Le digo: esto es lo que dicen los números. Pero tú  sabes que los precios pueden…  Lo atajé: Sí, los precios  pueden ser mucho mayores pero nadie los está viendo. Y empezamos a darle vueltas al asunto y  él me dice: ¿Qué propones tú? Le dije: propongo algo muy sencillo –y viene una segunda confidencia de Medina en la conversación-, en la ley de Hidrocarburos del año 43 dice muy claramente que la regalía es una regalía ajustable que puede ser de 1% hasta 16,66% y es ajustable ¿en función de qué?, de que se haga posible la producción del campo, la propuesta era muy sencilla, ponemos 1% como punto de partida y si el campo comienza a producir, se puede hacer una revisión como ministerio, aumentar hasta que alcanzas 16,67% que era el máximo de la regalía en ese momento. Eso significaba que podía ser una regalía ajustable pero que permitía el arranque, y se tomó la decisión.  Con el paso del tiempo la manipulación ha venido porque siempre  han dicho que se regaló y que se le estaba dando el petróleo regalado y que no se le cobraba las regalías, cierto como lo acabo de explicar, al principio. Lo que  sucede es que el Ministerio de Energía ¡jamás! revisó esos convenios aun a petición de nosotros, y yo puedo decirlo con toda la autoridad, porque fui en varias oportunidades al ministerio a pedirlo llevándole las evaluaciones; hago eso cuando ya estaba Caldera en el gobierno, y no se revisó, era Erwin Arrieta ministro. Hubo críticas muy duras sobre ese 1%, que estaba establecido en la ley, que era absolutamente legal y tenía un procedimiento para poder ser aumentado, que eso no se hizo es otra cosa.”

Su ascenso dentro de la industria petrolera continuó hasta que llega el año 1999, cuando el señor Chávez asume la presidencia de la República.  “Estaba  en la Gerencia de Estrategia Corporativa cuando hay el cambio de gobierno y nombran vicepresidente corporativo de planificación corporativa a Héctor Ciavaldini. Yo siempre he tenido una animadversión absoluta por los militares en el poder, yo creo que ellos tienen otras funciones muy claras y  específicas, menos los veo estando en el poder, y Hugo Chávez es un militar que intentó dar un golpe de Estado, cosa con la cual jamás he podido estar de acuerdo.  Nunca tuve ningún tipo de inclinación de apoyarlo y sí debo confesar que cuando leí el apoyo de algunos personajes como el doctor Ernesto Mayz Vallenilla, Ricardo Combellas, Jorge Olavarría,  yo me pregunté: ¿será que estoy equivocado y estoy  viendo algo que no es?, quizás yo estoy equivocado.  Eso lo pensé entre cuando ganó en diciembre de 1998 y el 2 de febrero de 1999, cuando Héctor Ciavaldini nos reunió a todos los que estábamos en la vicepresidencia de Planificación de Pdvsa, y en ese momento comprendí que era el principio del fin y que yo no estaba equivocado. Ese señor dio un discurso que siendo vicepresidente de planificación era todo lo contrario a lo que un vicepresidente de planificación podía decir y dejó ver claramente lo que destilaba de resentimiento, de odio y de revanchismo. Ese día me dije: aquí se acabó la película, yo no estoy equivocado.”

Su voz no tiembla a la hora de seguir haciendo la radiografía de la casa que tan bien aprendió a conocer. “El proceso  que tuvo un punto de inflexión el 11 de abril de 2002 comenzó el 2 de febrero del 1999, porque nombran a Roberto Mandini presidente de Petróleos de Venezuela, quien era una de las personas, quizás todavía lo es, más capacitadas que había la industria petrolera, y cuando lo nombran presidente de Petróleos de Venezuela yo me alegré, sin embargo, ya había conocido a Ciavaldini y me dije, bueno, esto suena muy extraño. Mandini fue sometido por meses, y lo pude ver muy cercanamente, a un sabotaje inclemente. Yo pude ver cómo Ciavaldini actuó de una manera no transparente sobre la gestión de Mandini, tenía un correaje directo con Alí Rodríguez Araque, lo baypaseaba, y tanto es así que Mandini no duró más de ocho meses en el cargo y se fue de Pdvsa; lo sustituyen con Héctor Ciavaldini, y lo que se estaba haciendo de una manera soterrada, de perseguir, de menoscabar la institución, se hace abiertamente. Ciavaldini toma el cargo y a los meses ocurre la tragedia de Vargas –surge la tercera confidencia- y pasaron muchas cosas no muy santas: la forma cómo se distribuían las ayudas, se contrataban los camiones, helicópteros, aviones, en fin, mucho tráfico de influencias y eso fue público y notorio en lo interno de Pdvsa. Ciavaldini comienza a transitar un año 2000 ya complicado, mi amigo Carlos Ortega, en ese momento era presidente de Fedepetrol y estaba en discusión el contrato colectivo y Ciavaldini, en un absoluto menosprecio por lo que Carlos Ortega significaba, decía que eso era algo que podía manejar sin problema, que no iba a firmar con delincuentes, una cuestión demasiado arrogante, prepotente. Carlos Ortega llama al paro y viene la intervención directa de Chávez a través de María Cristina Iglesias, dos días después estaban firmando y botaron a Ciavaldini. Es cuando nombran a Guaicaipuro Lameda, quien venía precedido  de unas credenciales extraordinarias, pero llega un personaje vestido de militar a un cuerpo civil. Allí pasó que él comenzó primero a entender de qué se trataba Petróleos de Venezuela, se pasó los últimos meses del 2000 y gran parte del año 2001 entendiendo qué era Pdvsa. Eran reuniones larguísimas, con preguntas muy agudas, difíciles de responder, pidiendo explicaciones de todo y  todo  se le dio. Creo que él mismo se convenció de que el discurso que estaba obteniendo de Miraflores no era el correcto y lo que él estaba viendo era una cosa distinta.

“Así llegan los días en los cuales se firma el Convenio de Cooperación Energética entre Cuba y Venezuela, rubricado por Chávez y Fidel para suministrar a la isla parásita 53.000 barriles de petróleo por día, en el que se contemplaba que 50% del pago era cash, es decir a 30 días y el otro 50% era financiado. Obviamente para lo interno de Pdvsa a nosotros nos lucía que eso era un exabrupto porque nosotros podíamos vender ese crudo y cobrarlo de contado. (Les ruego lean con atención porque Horacio hace una nueva revelación como testigo de excepción y de primera línea) Ahora bien, en el convenio dice que 50% se paga en efectivo, a 30 días, pero cuando se va el primer cargamento, no presentaron carta de crédito, se le dio una displicencia, o una carta de fiel cumplimiento avalada por un banco, y a los 30 días no pagaron, ni apareció la carta de crédito, ni apareció el dinero, y vinieron por el segundo cargamento. Ahí empieza una presión muy fuerte de la gente de Comercio y Suministro por una razón fundamental: hay una Ley de Salvaguarda, hay unas normas internas y hay una relación comercial con  muchas otras empresas, entonces si tú violentas tus relaciones comerciales eso distorsiona tremendamente las relaciones comerciales de Pdvsa. Guaicaipuro Lameda dice de aquí no va salir ese crudo, Alí Rodríguez Araque es todavía el ministro y comienza un toma y dame con Lameda, pide que ese pago se pase a deuda y autoriza que el barco se vaya. Lo que quiero decirte es que nunca se pagó. Cuba jamás pagó ni un barril, nada, desde el principio. Y todo eso terminó por enrarecer el ambiente interno de Pdvsa que tarda en reflejarse a lo externo porque la gente tiene que comprender que había una disciplina, había una normativa y había una meritocracia. Hasta el 28 de febrero de 2002, cuando se publica en la prensa Salvaguardemos a Pdvsa, documento firmado por vicepresidentes, directivos y gerentes de primera línea de Pdvsa no es que se hace evidente la problemática. Allí fue la manifestación clara e inequívoca de lo que estaba pasando.”

Horacio Medina, conversador inagotable, no pierde la paciencia ni la pasión por nuestro derrengado país, asegura que al producirse un cambio retornará de inmediato. Tampoco olvida sus afectos, ¡jamás!, y menos a su inseparable Maritza, su segunda esposa: “Todas estas cosas que hemos hablado tengo que rescatar y debo señalar el valor que ha tenido mi esposa Maritza en todo esto. Ella es un cuatro por cuatro, ella ha estado conmigo en los momentos más difíciles, a la hora del apoyo, de la solidaridad, de asumir las responsabilidades, de echar para adelante con uno, es invalorable. Yo no sé si hubiera podido hacer  todo lo que he hecho, no sé si estaría  aquí  ahorita con esta actitud si no hubiese estado acompañado por ella y tengo que reconocerlo, porque ha sido incondicional conmigo. No es lo mismo hacer esto solo, he visto en el trayecto de esto muchos compañeros que se han divorciado, y eso definitivamente pega. Afortunadamente pude contar con una persona como Maritza para seguir adelante.

“El país ha sido deliberadamente salpicado, rociado, inundando por la corrupción se han corrompido mucho de los estamentos, pero también muchas voluntades. Sucede que en este momento ser bachaquero, o un ‘hacedor de cola’ es altamente rentable, mucho más que ser un profesional. Ser un vivo, que tienes contactos para cambiar dólares de Cadivi, y estafar al Estado, y con eso a los otros venezolanos, es  una profesión muy rentable, que además está valorada porque existe una impunidad total”. Pese a la lejanía, Horacio Medina le mantiene tomado el pulso al país de forma clara. No son recursos retóricos cuando asegura que regresará a Venezuela “el mejor país del mundo”.

Él ha logrado sobreponerse a infinidad de cosas y desde su actual residencia, digna y modesta por demás, en Miami, se dedica a prestar ocasionales servicios de asesoría técnica en la industria petrolera a diferentes empresas. “Cuando se publica ese documento Salvaguardemos a Pdvsa en los diferentes diarios nacionales, y hay ese intento de nombrar la Junta Directiva, que de hecho se nombra, ya yo estaba en Chuao en la Gerencia de Convenios Operativos y Nuevos Negocios de Exploración y Producción. El ambiente había empezado a tensarse más aún y se comienza a hablar internamente de la necesidad de organizarse, para tener voz sobre esta situación. En ese momento yo era todavía el presidente de la Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleo, y por ello me mantenía ajeno a eso, trataba de preservar la parte institucional de esa sociedad, pero no era indiferente a lo que estaba pasando. ¡Por supuesto que me indignaba!, seguía los acontecimientos, pero no participaba directamente. Es así como en cada sede se comienzan a organizar por grupos, y empiezan por escoger delegados de piso. La idea era que se escogían todos esos delegados, y después se hacía una asamblea para escoger el delegado del edificio; porque de esa manera se garantizaba que en Chuao había un delegado y un suplente, en Chaguaramos, en La Campiña, en Pdvsa gas, etcétera, todos los edificios había un principal y un suplente.  Cuando vino la elección en Chuao, que eran 16 pisos, yo no me había postulado, pero me postulan y quedo como delegado suplente… y cuando se hace la asamblea general que se hace en la planta baja del edificio, sorpresivamente yo quedé electo delegado del edificio, ante eso yo no tenía otra alternativa. Hablamos de marzo de 2002. En ese momento tomé la decisión de renunciar a la presidencia de la SVIP, para no comprometer la institucionalidad de la Sociedad, y asumí la vocería como delegado principal de Chuao.”

Esto hizo que Medina se sumergiera en una dinámica vertiginosa de reuniones en lo interno y en lo externo. “Nos dividimos las tareas, todavía no existía ni Unapetrol ni Gente del Petróleo.  Había en el ambiente interno una necesidad de protestar y ahí es que salimos a la calle a protestar en la hora del almuerzo, y diversas acciones que comienzan a tener un impacto enorme ante la colectividad. Un amigo, que no tenía nada que ver con estas cosas, un día me dice: Yo conozco a una periodista, ¿te interesaría dar una declaración?  Le digo que sí, y me llamó la productora de Nitu Perez Osuna cuando ella estaba en Kiss con Jesús Rivero Bertorelli, y recuerdo claramente que cuando ellos me entrevistaron me preguntaron: ¿Pero ustedes no van a arrugar? Les dije: No creo que nosotros vamos a arrugar, no vamos a aceptar esta junta directiva bajo ningún respecto. Y de ahí en adelante hubo más entrevistas, comenzamos a ir a medios de comunicación, Chávez comenzó con sus ataques, y el problema fue escalando. Realizamos paros administrativos, en las áreas tratamos de preservarlo hasta el último instante, donde hubo paros administrativos, más no en las oficinas operacionales porque siempre tuvimos algo muy claro, que era preservar Pdvsa. Para nosotros no había nada más importante que hacer lo imposible por salvaguardarla y fue por eso que salimos a defenderla con las uñas. Nosotros tuvimos eso que algunos llaman espíritu corporativo pero que para nosotros era una actitud de vida insobornable, se trataba de nuestros principios. Así fue que llegamos a un punto cuando ya hay la certeza de que Chávez no va a ceder y tomamos la decisión de llamar a un paro, más allá de las marchas que estábamos haciendo, más allá de protestas, comunicados, entrevistas. Primero fuimos a todas y cada una de las áreas operacionales, consultamos, trajimos delegados, nos reunimos el día viernes 5 de abril en la quinta La Esmeralda, y en una asamblea se toma la decisión de anunciar la paralización de la industria.”

La pausa que hace Horacio en la narración es enorme, la emoción lo sacude de manera manifiesta. Se incorpora un poco sobre la silla, cierra los ojos, toma agua y sigue: “Anunciar esto definitivamente tenía una connotación muy grande. A mí me tocó ser el vocero de esa asamblea y salí ante la prensa, que estaba allí congregada, a leer un comunicado que terminaba por anunciar el paro petrolero, no lo que sucedió en diciembre de 2002 que fue un paro cívico nacional. Hacemos el anuncio de ello y asumimos plenamente la responsabilidad, porque estábamos suficientemente informados de la intransigencia de Chávez. Algunos diputados de ellos se nos habían acercado y nos habíamos reunido. Nicolás Maduro había estado intercediendo, se habían hecho acercamientos, nos reunimos con Gastón Parra Luzardo, con el consultor jurídico que él quería nombrar, en fin, habíamos tenido ya suficiente  reuniones como para saber que esto no iba  a tener una solución sino le poníamos más presión. La respuesta fue el despido de siete de nosotros el domingo 7 de abril con el famoso pito en cadena nacional, yo lo llamo el pito  de la ignominia. Creo que fue uno de los actos más bochornosos, humillantes, que se pueda concebir. En esa acción degradante creo que hubo un detonante para la sociedad civil, ya sabíamos que aquí era todo o nada, y en ese momento ya estábamos absolutamente resteados, ahí sí aplicaba: ni un paso atrás, y fuimos a hacer todos los contactos. A mí me tocó conversar con la CTV y con Carlos Ortega, a donde fui acompañado por otros compañeros; otro grupo fue a hablar con Fedecamaras. Luego de eso Fedecamaras y la CTV llaman a un paro nacional a partir del martes 9 y se llama a una concentración en Chuao, que era para demostrar apoyo a Pdvsa, para el 11 de abril. El 10 fue un día de muchas tensiones, de intermediarios tratándonos de convencer de que podríamos todavía llegar a un acuerdo. Entre esos intermediarios había varios que hacían llamadas telefónicas desde el gobierno, había un diputado del MAS, que fue el que más hizo un esfuerzo para negociar, Luis Salas, de quien nos habían advertido que nos cuidáramos. Nicolás Maduro conversó con varios de los gerentes de Pdvsa. A todos les dijimos que ya no había vuelta atrás. Y el día 11 se dio la concentración”.

Asegura que es necesario no perder de vista el momento que se vivía, donde la sociedad civil venía acumulando una larga serie de descontentos desde el Decreto 1011, las 49 leyes habilitantes que causaron una rabia profunda, y que se vio canalizada el 10 de diciembre de 2001 cuando hubo un paro cívico de Fedecamaras y la CTV de un día, la extraordinaria del 23 de Enero, el ambiente sobre Pdvsa. “Nosotros hicimos un gran esfuerzo por alertar lo que esto significaba como rompimiento de la lógica social, de los principios, de los valores que todavía luchaban por subsistir en Venezuela. Todo esto lleva a que el 11 de abril haya una respuesta impresionante de la sociedad civil.  Nosotros por supuesto esperábamos una respuesta, pero definitivamente no esperábamos una respuesta tan contundente. Yo nunca en mi vida había visto tanta gente, ni había soñado ver tanta gente desde una tarima. Muchísima gente fue allí de manera espontánea a estar en Chuao en la concentración en defensa de Pdvsa que era uno de los  lemas que había ahí: no a la politización, en defensa de la meritocracia, Pdvsa es de todos, todo eso estaba allí presente, ese espíritu. Justo cuando estaba comenzando ya  el fragor de la concentración se me acercan los comisarios Iván Simonovis y Henry Vivas, a pedirme que dijera que la gente no fuera para Miraflores…” Nueva pausa inacabable. “Yo tengo que confesar, pero absolutamente con la mayor honestidad, que yo no tenía ninguna idea de una convocatoria para ir a Miraflores, la convocatoria era en Chuao. Después uniendo uno comienza a perfilar cosas. Creo que obviamente el señor Carmona tenía  esa encomienda y junto con él había otras personas, creo que también había  muchos otros que convocaron a Miraflores sin saber que había otra cosa posterior sino el único y legítimo derecho de manifestar y pedirle la renuncia a Chávez. Allí se mezclaron muchas cosas que serían más propia de un estudio sociológico, histórico, político, mucho más  profundo del que yo puedo hacer. Pero tan pronto este anuncio  se fue haciendo y tres o cuatro voceros lo reiteraron, la gente estaba lista para la chispa y fue impresionante la movilización. Uno veía  la que estaba yendo por la autopista y la que estaba ahí en Chuao. Creo importante recordar que originalmente ese acto era de apoyo a Pdvsa y la junta directiva de la empresa había renunciado a Chávez a las ocho y media de la mañana del 11 de abril. Obviamente para Chávez salir a decir que la junta directiva había renunciado significaba conceder la victoria a los gerentes de la petrolera y él no estaba dispuesto a eso.  Sabíamos que en varias reuniones del gobierno incluso hubo propuestas de rasparnos la cabeza a unos cuantos, fueron avisos que nos llegaron por varias partes, pero nosotros seguimos firmes en hacer la concentración en Chuao. Es por eso que he venido y sigo pidiendo que en algún momento se decrete el día de la sociedad civil, esa que no sabían con que se comía, tiene que ser  el 11 de abril, porque esa fue la respuesta más contundente, más espontánea, de la colectividad. Hubo algún sector pequeño que se montó en esa ola, a navegar sobre ella, con unos fines  que no estaban muy claros y que nosotros, la gente de Pdvsa no conocíamos”.

Califica de lamentable todo lo que ocurrió ese día en el centro de la capital venezolana y el saldo de fallecidos y heridos por armas de guerra. “Creo que es tremendamente lamentable que un pequeño grupo haya secuestrado esa gesta de toda una sociedad civil, de un millón de personas en la calle, de un esfuerzo que se había venido construyendo por la defensa de los principios, para que justamente el día 12  se traicionaran todos los principios y se acabaran con todos los valores, un grupito puso sus intereses subalternos y sus ambiciones personales por encima de los intereses del país y lo que pasó con Carmona no tiene para mí ningún tipo de excusa, yo lo señalo clara e inequívocamente, Carmona y un grupito se opuso a una gesta de emergencia –y aquí hace una nueva revelación de la que el público general no ha tenido hasta ahora información de primera mano- de la cual yo tuve conocimiento que estaba siendo liderada por Luis Miquilena, Alejandro Armas que en paz descanse, Alberto Jordán Hernández, Ernesto Alvarenga y algunos otros  diputados quienes habían hecho contactos con diputados del chavismo y les habían hecho una propuesta que llevaron a Iván Rincón Urdaneta –que era presidente del Tribunal Supremo de Justicia-  para tratar encontrar una solución absolutamente política para evitar de que el vicepresidente, ni el presidente de la Asamblea Nacional, vale decir: Diosdado Cabello y William Lara, asumieran la presidencia –ojo, con esta nueva revelación- y él aceptó. Eso era perfectamente factible y por eso –no dejen de leer con atención- se había estado hablando de un triunvirato de gobierno que incluía al señor Carmona,  al general Vásquez Velazco y a Alejandro Armas. Eso se tiró por la borda y habría sido quizás, y eso nadie lo puede saber, la alternativa  de haber  comenzado la reconstrucción del país.  Todo esto desemboca en el 13 de abril con unos militares absolutamente desconcertados, sin conciencia política y sin voluntad de resolver las cosas. La peor decisión que pudieron tomar, sobre los miedos que los acompañaban de tomar una decisión firme, fue regresar a quien había tratado de asesinar a un grupo de venezolanos con el Plan Ávila, asesinato que no se dio porque Rosendo y otros generales, entre ellos el mismo Vásquez Velazco, no lo acompañan en la decisión de activar el Plan Ávila y sacar  los tanques a la calle. Volver a poner a ese señor creo que ha sido la más estúpida de las decisiones que he conocido y la historia tendría que darme unas cuantas razones de demasiado peso para poder comprenderla. Creo que allí se tiró por la borda todo ese gran esfuerzo.”

Recuerda que Chávez regresa el 14 y les pide perdón: “Es todo aquello con el crucifijo, nos reinstalan en Pdvsa y que fuimos a una entrevista el día lunes, porque ese fue el acuerdo, con el vicepresidente, que ya había aparecido, Diosdado Cabello, fuimos varios compañeros, recuerdo a  Juan  Fernández, Edgard Quijano, Edgard Paredes, y llevamos una lista de  cuáles eran los posibles miembros de la directiva, sobre la base de que el presidente le pusiera el nombre al presidente de Pdvsa con la única recomendación de que los directores fueran escogidos de la lista que estábamos presentando.  Fue una reunión muy desagradable, en la Vicepresidencia. Primero en la entrada alguna gente gritando, unos guardias nacionales que no nos trataron nada bien, el respeto no era mucho, yo no me sentí en ningún momento seguro, afortunadamente no pasó nada. En la reunión la actitud de este señor fue la misma que conocemos hoy en día, no creo que antes era distinto y ahora es, siempre ha sido así: un patán. Días posteriores se tomó la decisión de que el presidente era Alí Rodríguez Araque, que se lo traen de la OPEP y comenzaba  una nueva parte de la historia”.

Horacio Medina continuó en la industria petrolera venezolana. “Luego de abril de 2002, nosotros estábamos plenamente convencidos de que el episodio no iba a terminar allí, vino el Paro Cívico Nacional en diciembre y tomamos una decisión de conformar un grupo de contacto con la sociedad Civil: Gente del Petróleo, pero además de eso vimos necesario crear otro instrumento que estuviera mucho más orientado a la defensa de los trabajadores y creamos un sindicato de profesionales y técnicos, Unapetrol, ambas organizaciones  siguen vigentes, seguimos trabajando, seguimos creyendo en lo que tenemos que hacer a pesar de todas las dificultades; nuestra denuncia se mantiene en la OIT vigente, la denuncia está también en el tribunal Penal de La Haya”. Por supuesto que mientras permaneció en Pdvsa sostuvo varias reuniones con Alí Rodríguez Araque, quien en la última de ellas le manifestó que ellos, los rojitos, no iban a dejar el poder de ninguna manera y que estaban preparados para mantenerse en ello de la forma que fuera necesaria. Finalmente lo despiden y se mantiene con un grupo de excompañeros trabajando en la defensa de los derechos de los trabajadores despedidos injustificadamente de Pdvsa.

“Presentamos nuestra causa en la OIT, trabajamos para el Revocatorio con mucho ahínco, luego del Revocatorio me citan a la Fiscalía en calidad de testigo y después en calidad de imputado, las dos veces fui a la Fiscalía. El caso estuvo durmiendo un tiempo y el 22 de diciembre de 2004, violentando todo lo que ellos saben violentar siempre, yendo en camino al programa Aló Ciudadano, en Globovisión, recibí una llamada de mi abogado: hay un fuerte rumor de que te acaban de dictar una medida cautelar privativa de libertad… En ese momento tomamos las medidas, me oculté, por supuesto no fui al programa, y efectivamente la medida se dio a conocer. Estuve clandestino desde ese 22 de diciembre y el 24 de marzo del año siguiente tomé la decisión final de irme porque ya no había ninguna opción. En el ínterin, el 10 de enero, habían allanado las casas donde yo vivía originalmente en mi primer matrimonio, y donde estaba viviendo en ese momento, fueron allanadas con una fuerza desmedida, con armas largas  y todas esas cosas, vi todo eso por televisión. Llegó un momento que ya  se me hizo como muy cuesta arriba. Cuando Carlos Ortega regresó al país y fue hecho preso, en ese momento dije: bueno, si a Carlos lo hicieron preso yo no tengo ninguna opción de mantenerme en este plan por más tiempo. Tomé la decisión de preparar la salida. Recibí apoyo de algunas personas, de algunos amigos allegados, hicimos algunos arreglos hasta que me recogieron en la Cota Mil y de allí emprendimos camino, era plena Semana Santa,  hacia Colombia. Ya habíamos  hecho algunos arreglos bien interesantes para tener el pasaporte sellado antes de viajar, viajábamos contra el tiempo, pasamos la frontera sin ningún tipo de  problema, todo el tiempo por tierra, no cambiamos de carro, iba con dos personas: una la conocía, la otra jamás me hubiese imaginado que  me iba a acompañar en ese momento, una mujer, nunca la hubiese asociado. Fue un viaje todo el tiempo compartiendo, con mucha tensión al pasar las alcabalas, sobre todo la de Peracal. Miedo, tengo que decirlo. Más de una vez sentí  miedo. Cuando estaba escondido y escuchaba cualquier cosa extraña sentía miedo, ya al final te tengo que confesar que el miedo no era ni siquiera por mí sino por lo que le fuera a pasar a la persona  que me estaba prestando el apoyo. Llegó un momento en que uno siente que le está transmitiendo una responsabilidad muy grande a estas personas que me corresponde a mí, así fue que llegó el momento de irme. Al llegar a Colombia esperé un día, al siguiente a Bogotá y de Bogotá a Aruba y de  Aruba a Miami. Yo no sabía si iba a venir a Miami o no pero las circunstancias no me dejaron otra alternativa.”

Llegó sin tener claro nada, junto con él vino otro compañero cuyo nombre no revela, un amigo los recogió, los llevó a un hotel: “No teníamos ningún lugar, ningún destino porque no teníamos aquí gente relacionada.”  Cargaba lo poco que había podido traerse, le quedaba un repele de unas acciones tecnológicas que se habían desplomado, y pasó el primer mes tratando de calmarse, de pasar toda la situación, de evaluar donde estaba parado. En medio de ese panorama una muela comienza a fastidiarle y va al odontólogo, quien vio algo que no le gustó en la lengua, tiempo después le hacen una biopsia y le anuncian que tenía cáncer en la lengua. “Yo estaba aquí solo, no estaba mi esposa y  recibí  esa noticia. Tengo que confesar que en los primeros  quince minutos casi me desplomé, la verdad. Sin embargo, por alguna razón me sacudí, me dije: espérate un momento la forma de  confrontar esto no es así, por lo contrario hay que sobreponerse. Eso me lo dijeron un día viernes, en la tarde… pasé el fin de semana yendo a la piscina, a la playa, inventé, me distraje, se lo dije a mi esposa. El lunes fui a hablar con el médico y me dijo: no te preocupes, aquí hay una decisión que tomar, vamos a recomendarte con con un doctor para que vea la oportunidad de operarte. Hice todo eso y lo más  pronto que pude me operaron, afortunadamente no se había extendido, fue una operación muy dolorosa sobre todo en su recuperación. Anímicamente siempre estuve bien y recibí el apoyo de gente que ni siquiera conocía que me apoyaron  de una manera importante y uno aprende lo que es la solidaridad. Fue una muestra no solo de los venezolanos, muchos de los cuales no conozco y ni he podido conocer, pero que contribuyeron de una manera importante  para poder sufragar los gastos, y también de cubanos de aquí que no conocía y que estaban relacionados con el Jackson Memorial y me facilitaron todo ese asunto. Tras la operación y en el proceso de recuperación fueron las primeras citas con Inmigración hasta que recibí un permiso de trabajo que es lo primero que recibes, 150 días después de haber introducido esto en Inmigración y en ese momento uno se plantea y ahora ¿qué voy a hacer? Yo tenía 52 años ya. Alguien me dijo mira hay varias cosas que puedes hacer sin mucho problema mientras te ubicas, una de ellas es hacer deliveries, y me sugirieron una pizzería, tenían un repartidor ahí que era venezolano, no lo conocía, me presenté con él, él me recomendó con el dueño”, y estuvo repartiendo pizzas por medio Miami. “Eso me ayudó muchísimo a conocer a Miami y zonas a las que uno hoy en día no frecuenta, me perdía a cada momento, tenía un carro de esos que llaman los cubanos un ‘tranportation’, ahí no había GPS, era un Ford Taurus, del año 90 que rodaba, que tenía aire, eso sí, no había teléfonos inteligentes ni nada de eso, pero uno preguntando y orientándose fui cumpliendo. Conseguí muchos venezolanos que hacían ese tipo de trabajos, muchos que hacían lo que nosotros llamábamos de parqueros, los valet parking,  pero todos jóvenes y me ofrecieron que me fuera con ellos, pero ¿a los 52 años? Estar corriendo buscando una llave, dejando una llave, traer un carro, era un poco complicado para mí ese tipo de trabajo. Luego de eso compré una van  y con ella hacia unos viajes al aeropuerto llevando clientes de una agencia de viaje, pero eso se fue complicando y terminé aprendiendo a manejar un montacargas, donde tenía una remuneración mayor, pero era algo muy caluroso y en octubre del año 2006 cuando estaba trabajando en esto, sufrí un infarto, por lo que tuve que dejar ese trabajo.”

La posterior recuperación y los cuidos del caso lo llevaron a buscar nuevas posibilidades, como no podía salir del país y no había chance de ejercer la profesión: “Hice algunos intentos de encontrar asesoría en algunas grandes empresas en Houston, previendo la posibilidad de mudarme allá, eso tampoco fue posible porque tenía un ‘perfil muy político’, y las compañías no estaba dispuestos a asumir riesgos y consecuencias posteriores con Petróleos de Venezuela y con el gobierno de Venezuela, para mí esa puerta también se cerró. Había que reinventarse y hacer otra cosa, comencé a escribir algunos artículos, hasta que me vinculé más directamente en el periódico El Venezolano, donde estuve trabajando como coordinador de las ediciones, colaborando con el diagramador, revisando los artículos, revisando las publicidades, las pautas, en fin, un trabajo que de alguna manera me fue ayudando a estabilizarme y algunas otras cosas que uno hacía desde el punto de vista de asesoría. Muchos compañeros que trabajan en otras empresas fuera de Estados Unidos me permitieron hacer asesorías a distancia, afortunadamente la tecnología  hoy en día lo permite  y así poco a poco fue evolucionando hasta que finalmente logré estabilizarme, obtener el asilo,  que sería otra historia muy larga de contar, y ya con el permiso de salida del país y la residencia algún tipo de asesorías que han ido abriendo afuera, algunas también en lo interno aquí en Estados Unidos y eso es lo que nos ha permitido sobrevivir no así como dice el troglodita, y él se siente orgulloso de eso, el presidente de  Asamblea Nacional, que  dice que yo he estado aquí todos estos años disfrutando  del dinero que me robé de Pdvsa”.

No cesa de reflexionar y escribir sobre nuestro país. “Venezuela tiene 16 años sometida a un modelo que deliberadamente ha trabajado en la destrucción de las instituciones, de la  lógica  social del venezolano y ha mancillado todos los principios y valores de la sociedad venezolana. Creo que hay todavía en el fondo de ella una reserva moral que es por la cual tenemos que apostar, pero sin duda alguna hay un empoderamiento salvaje, cuando le has dado a unos determinados grupos llámense colectivos, llámense círculos bolivarianos, llámese como quiera llamarse, le has  trasferido una cantidad de probabilidades de ejercer, o de que ellos crean que están ejerciendo, el poder, es muy difícil hacer cambios de esa manera. Encontramos un escenario tremendamente complicado para que se pueda producir un cambio. La gente dice ¿qué es lo que pasa que no pasa nada? Si estuviésemos peleando contra un gobierno democrático, si el presidente fuera Luis Herrera Campins nadie tendría miedo de protestar, o Lusinchi, por nombrar algunos, pero no, es que tenemos al frente un régimen forajido, de delincuentes, de crimen organizado, que asesinan, que desaparecen, que torturan gente. Muchos de los asesinatos que se incluyen dentro de los enfrentamientos entre bandas tienen mucho que ver con pases de facturas políticas en los barrios populares y para amedrentar a los opositores; mucha gente no quiere terminar de entender eso. El poder disuasivo que tiene un AK47 o un FAL es importante, el miedo ha sido perfectamente incrustado, deliberadamente incrustado, la gente siente miedo  de protestar. Para poder ayudar hay que tratar de ayudar a vencer ese miedo, es difícil, muy complicado.  He insistido que hay una vía que es el proceso electoral y mucha gente cuando lea esto dirá que soy un ingenuo, que no podemos ganar, que no hay ningún chance, que los gobiernos totalitarios no abandonan  el poder por la vía electoral, que eso es un error, que estamos legitimando; pero yo digo que ese es el instrumento que debemos abordar a pesar de que es un proceso fraudulento, a pesar de que el RE está absolutamente manipulado y lleno de  personas que no existen y que votan,  a pesar de que se hace trampa, a pesar de que es abusiva la propaganda, a pesar de que se distribuye el dinero de los venezolanos para tratar de comprar conciencias, a pesar de que el populismo es una cuestión que seduce de una  manera desmedida a un sector de la población, yo creo que hay mucha de  esa población silente con miedo que si sería capaz de ir a votar y expresar su opinión. Creo que hay que hacer un proceso diferente en el sentido de que a la gente hay que decirle que no es solo votar, sino defender su derecho a elegir y eso significa quedarse allí  a la hora de las auditorías que son obligante. Yo no creo en fraude  electrónico, los fraudes ocurren cuando no hay testigos, los fraudes ocurren cuando no tenemos representación que defienda eso, hemos ganado en muchas oportunidades: Carlos Ortega le ganó a Aristóbulo en el CTV, en el mejor momento de ellos, les hemos ganado elecciones en todas las universidades, son manuales cierto pero si no estás allí defendiéndolo igual te roban, porque antes eran manuales y te robaban, Ledezma  ha ganados dos veces a dos candidatos del oficialismo en lo que es la joya de la corona y  se ganó la señora Ceballos y  la esposa de Scarano. Creo que  hay que hacerlo de esa manera porque no existe otra opción. Nosotros en los términos de la violencia no tenemos ninguna oportunidad y si se trata de salir a la calle volvemos a rescatar el espíritu del 11 de abril y todo lo que pasó en el año 2002; nunca en Venezuela se había visto tanta gente en la calle como el 11 de abril, el 11 de mayo, el 11 de junio, el 11 de julio, el 11 de agosto, hasta octubre todas las calles estuvieron repletas de gente siempre, ¿por qué no llegamos a donde queríamos llegar? Siempre faltó un operador político, una estrategia y un objetivo. En este momento, no es que las elecciones parlamentarias van a resolver el problema, pero lo mejor que puede suceder es que nosotros lográramos una mayoría, eso  pondría la crisis el modelo que está en el gobierno y propiciaría algún tipo de cambio a corto plazo en el modelo político. Si nosotros no acudimos o perdemos  la Asamblea, sino logramos el control de la Asamblea Nacional, la situación en el país va a ser de mucho, mucho, mucho más largo plazo. Si la oposición venezolana de la alternativa democrática de Venezuela pudiera comprender en este momento que no sirve de nada discutir quien va a ser el diputado, si es este o el otro, y que lo importante es logar una unidad perfecta, una unión en torno al objetivo de ganar la mayoría en la Asamblea Nacional como primer paso, no como solución, sino como primer paso a la solución, lo vamos a lograr, si no tenemos esa convicción y pensamos todavía de que algunos militares van a dar un golpe de estado, ¿quién  va a dar el golpe de Estado? ¿Quién puede dar un golpe de Estado? Solamente los afectos al régimen y no les interesa tampoco hacerlo de una manera abierta. Ya están instaurados en el poder, el golpe de Estado lo han dado reiteradamente contra la Constitución, entonces una confrontación por la vía de la violencia yo no veo ninguna oportunidad. Si tú tienes 200 tipos que tengas 200 AK47 con suficientes municiones pueden acabar con  20.000 personas antes que los toquen a ellos. Yo creo que la gente tiene que entender eso. Yo creo que siempre hay que dar una oportunidad a la política.”

Fueron largas horas de conversación que he tratado de resumir para ustedes, Horacio Medina mantiene los ojos alertas y su mente al servicio del país. En Miami forma parte de la secretaría ejecutiva de la Mesa de la Unidad Democrática “porque hay que buscar la unidad por encima de todas las mezquindades”. No cesa de recordar a todos quienes le contactan: “La gran mayoría de los trabajadores  de Petróleos de Venezuela, ¡la gran mayoría!, de los despedidos de manera injusta e ilegal nunca han podido recuperar su dinero,  incluso nuestro dinero de Caja de Ahorros, de fideicomiso, planes de jubilación, nada, dinero que debe haber disfrutado o estará disfrutando en Nueva York Rafael Ramírez, lo cierto es que nosotros nunca hemos cobrado nada de eso, lo cierto es que no existe nada. No quisiera ser alarmista pero en la Venezuela pos régimen ese es uno de los primeros asuntos que cualquier gobierno democrático tendrá que darle una solución sencilla: reconocer lo que en el marco legal está estipulado desde el punto de vista de la ley y de la Constitución a todos los trabajadores de Petróleos de Venezuela.” Este fanático furibundo de los Tiburones de La Guaira afirma: “Tan pronto haya un cambio en el modelo político en Venezuela y se abra alguna opción de poder contribuir a la reconstrucción de un modelo democrático en Venezuela, o a construir un nuevo modelo democrático en Venezuela de inmediato  me voy. Yo creo que todavía  puedo dar muchas cosas, yo creo que  puedo ser muy útil”.

© Alfredo Cedeño

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