• Caracas (Venezuela)

Alfredo Cedeño

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Sic transit gloria mundi

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Mamá era una mujer preciosa, la propia margariteña: Blanca, pelo suave –en realidad suavecísimo–  y ondulado, de porte y plante que encandiló a mi padre, quien la llamaba “mi portuguesa”. Ella estaba muy orgullosa de su tierra natal, pero se cuidaba de pronunciar correctamente cada palabra, y al oírla normalmente no se sentía el típico acento de sus paisanos. Pero, toda regla tiene su excepción y ella era demostración palpable de ello. Bastaba que, dicho con sus palabras, se le “calentara la sangre”, o se juntara con su amada prima Felicia, mi madrina, para que el más rancio cantío margariteño naciera en su boca.

Como bien han de entender, no hay nada de esa tierra que me sea indiferente. En mi época de El Diario de Caracas, fue de las primeras zonas del país donde me dediqué a documentarla de manera extensa e intensa. Fue así como llegó a mis manos La Casilla de Leocadio, un libro escrito por Monchito Borra, profesor Ramón Borra Gómez, quien fue gobernador de la isla durante el gobierno democrático de Rómulo Betancourt. Ese texto, con una serie de observaciones que se le podrían hacer a sus formas, es una de las obras más auténticamente margariteñas –y que me perdonen los fans del profesor Subero, el maestro Prieto y demás plumas de similar tenor– que he leído. Escrito con la pureza y libertad del habla insular, narra una serie de peripecias que ocurrían alrededor de un modesto local que había a la orilla de la playa de Juan Griego donde recalaban los pescadores en la madrugada después de una noche de faena pesquera, o se aprestaban a emprenderla.

Entre los tantos personajes que describe el autor está el que fuera sacristán de la iglesia de esa población, el bachiller Arcay, a quien todos llamaban Bieco.  Este hombre de la iglesia era famoso por su constante maridaje con el licor, así como por su “conocimiento” de la entonces sacra lengua    latina. Narra Monchito que en los años cincuenta el clérigo del pueblo, el cura Montaner, obedeciendo a una solicitud hecha por el presidente del Concejo Municipal, redactó una cita que luego sería pintada en grandes letras góticas sobre el arco que estaba a las puertas del cementerio: SIC TRANSIT GLORIA MUNDI. Por supuesto que todos los pescadores empezaron a preguntarse sobre el significado de dicha frase, y de inmediato acordaron que eso se solucionaría de manera expedita consultando con el flamante sacristán, quien era habitual visitante del local ya dicho.

Tal como lo habían previsto, la próxima madrugada el respetado Bieco estaba entre la clientela de Leocadio y al ser interrogado se limitó a pedir un ron para aclarar su conocimiento. Tal parece que se necesitaron varios pocillitos de peltre, que era donde servían el aguardiente, para que el  asistente eclesial pudiera hacer la traducción del caso, y así fue como ya bien entrada la mañana, se montó sobre una de las endebles mesas que allí había y proclamó: ¡Chacho, eso está fácil! Lo que quiere decir es, porque el que entra allá no sale ¡Aquí en este sitio se jodió tó er mundo!

No puedo dejar de pensar en la libérrima, pero atinada, traducción hecha por Bieco de la  ya transcrita cita al ver las imágenes que llegan de la “concentración” convocada este sábado en Caracas, así como otras ciudades del país, por la dirigencia opositora para anunciar que mañana anunciarán los anuncios que harán pasado mañana para la implementación de los anuncios que pronto serán anunciados…

¿Algunos de quienes me leen, por casualidad, recuerdan la densidad de asistencia del 18 de febrero de 2014 cuando Leopoldo decidió entregarse a la “justicia”? ¿Y qué decir de la que convocó Leopoldo desde la cárcel para el sábado 19 de septiembre del año pasado y de la cual Lilian fue la cara visible?

Me es imposible ocultar mi pesimismo en estos momentos. Quisiera poder sumarme al coro enfebrecido y casi delirante de quienes aseguran con fe carbonaria que ahora sí cae la recua de asnos que el difunto dejó a cargo, de quienes gritan a todo pulmón que ahora sí es verdad que se jodieron y que tienen las horas contadas.  ¿Con ese poder de convocatoria? Sugiero que la próxima vez dejen el culillo y le pidan a Leopoldo que haga el llamado. De resto, tal como declaró embuchado de ron en Juan Griego el sacristán Bieco: ¡Aquí se jodió tó el mundo!

© Alfredo Cedeño

http://textosyfotos.blogspot.com/