• Caracas (Venezuela)

Alfredo Cedeño

Al instante

Optimismo estéril

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Dejaría de ser yo si me abstuviera de escribir sobre la infinita ola de náuseas que recorre todo el país. La decisión de la “jueza” Susana Barreiros era absolutamente previsible, la verdad es que no debiera haberse producido el encendido coro de indignadas protestas contra su decisión, ni el diluvio de declaraciones altisonantes alrededor de sus destrezas como jurista, tampoco la avalancha de denuncias sobre un supuesto cargo diplomático a manera de premio por su sentencia del pasado 10 de septiembre crucificando a Leopoldo López.

No ha debido haber nada de eso. Lo que sí ocurrió, como bien era de esperarse, fue una llovizna de declaraciones altisonantes de los mariscales de campo de la oposición, dando curso a su natural incompetencia para dar cauce legítimo a la indignación que nos sacude a todos. Junto a dicha previsión hemos visto su habitual sarta de improvisaciones, que solo reflejan y conforman la falta del trazado real y factible de una vía para salir del infierno que llevamos desde hace 16 años encima. Cada vez son más parecidos a un pobre hombre que deambula por las calles del centro de Caracas, quien arrastra una larga hilera de latas vacías que colecta en los diferentes locales de comida de la zona, para luego revenderlas y obtener una mísera ganancia.

Largos meses llevan empeñados en tratar de sumergirnos en una ola de optimismo estéril, que terminará como siempre llevándonos a una desolación cada vez mayor. Ya la mayoría ha olvidado el desastre del referéndum revocatorio, que terminó atornillando al difunto y destruyendo un segmento valioso de la dirigencia opositora, lo cual permitió que una serie de sargentones de medio pelo llegaran al estado mayor de esta dirigencia que ahora padecemos. No olvido aquellas peroratas infinitas que a diario se daban en la llamada quinta La Unidad en Chacao. Nunca se asomó siquiera la posibilidad de una derrota posible, y ahora están apareciendo testimonios de actores de aquellos tiempos quienes revelan que en petit comité esa probabilidad fue conocida, sin embargo, al país no se le habló claro, ni se le preparó para lo que luego vino. A manera de cabeza de turco surgió la muletilla con la cual nos atiborran cada vez que nos conducen al fracaso: ¡Fraude! Y con esa palabra mágica arreglan todo, nunca hemos oído a ningún “dirigente” asumir alguna cuota o error. ¡Ni de vaina! Todos ellos dejan a Clausewitz, Rommel y el mismísimo Alejandro Magno como unos soberanos pendejos al lado del genio estratégico de ese combo.

Ya son varios los meses que llevamos oyendo a distintos candidatos a la Asamblea Nacional que repiten a manera de nuevo mantra que el 7 de diciembre, al controlar el Poder Legislativo, van a regular las cadenas presidenciales, se decretará la libertad de todos los presos políticos, se regularán los viajes presidenciales. Por los vientos que soplan hasta se restituirá la virginidad de María Guevara, las caraotas se venderán a locha y el queso lo darán de “ñapa”. ¿Cómo no va a crecer la indignación entre los ciudadanos de a pie que vemos con asombro la incompetencia manifiesta de un clan de pillastres de toda laya que se empecina en poner la torta? La única respuesta que recibimos cuando señalamos los riesgos que hay, cuando exigimos, por el supuesto derecho que nos asiste como miembros de este babélico rompecabezas que somos, es la descalificación, o el silencio.  Ninguno dice qué van a hacer con un Poder Judicial torvo, sesgado e integrado al Poder Ejecutivo, que será un imponente obstáculo, al que veremos repartiendo inhabilitaciones a su real saber y entender, y veremos los lloriqueos de siempre sobre “los atropellos inconcebibles del régimen que amenaza el funcionamiento de las instituciones”. Perdonen, pero: ¡No me jodan! ¿Hasta cuándo el mismo discurso manido y lloricoso? Cierro este párrafo citando a Ramón Piñango, quien en tweet reciente afirmó: Endulzar la realidad para crear esperanza constituye una receta perfecta para un desastre.

Esa dirigencia maneta y corcovada que dejó solo a Leopoldo López ahora pretende, con su habitual estilo carroñero, apropiarse del caudal de sufragios que puede llegar a representar su figura. Deleznable es lo menos que puedo decir de ese coro desafinado que se llama Primero Justicia y donde la batuta la lleva Manolito el de Mafalda –léase Julio Borges–, quien no ha vacilado en sacarle la escalera al ex alcalde en diferentes oportunidades. Al revisar mi archivo al voleo encuentro las declaraciones que este señor le diera a Elvia Gómez acerca de “ver en qué terminaba ‘La Salida’. Lamentablemente eso cayó en el museo de cosas que han fracasado”. Por eso es que indigna leer el comunicado de prensa que dicha agrupación envió ayer. En la mentada nota sus candidatos a la Asamblea Nacional saltan raudos a manifestar su apoyo a Leopoldo sin ningún pudor y dejando ver la costura de buscar capitalizar los votos que ello podría redituarles. Un poco de vergüenza siquiera no les vendría mal.

Y han sido partidos y hasta la misma organización matriz de ellos, como en tal se ha querido erigir la malhadada Mesa de la Unidad Democrática, quienes le han dado la espalda. No olvidemos que un alto representante de ella, en julio del año pasado, al ser abordado sobre el encarcelamiento de Leopoldo y las previsiones de dicha organización para que fuera liberado, respondió de lo más campante que ellos no tenían ningún plan para lograr su liberación, dado que “el único que inventó el plan para estar en la cárcel fue él mismo”. ¿Se puede ser más imbécil y miope? Guste o no, lo que tenemos es una dirigencia estuporosa sin capacidad de reacción, y es Leopoldo desde la cárcel quien se perfila como el dirigente necesario al seguir marcando pautas. ¿Qué van a decir ahora ante la convocatoria que él hizo ayer para el próximo 19 de septiembre? ¿Repetirán la bufonada de mayo? ¿O es que no recuerdan muchos ahora que cuando Lilian hizo pública su convocatoria a marchar el 30 de mayo la célebre MUDa emitió su  comunicado titulado “El cambio es urgente, el camino es electoral, la unidad es obligatoria”, donde anunciaban con bombos y platillos que no apoyarían el llamado a marcha el 30 de mayo?

Disfrutamos de una representación de dirigentes que gozan de cualidades similares al agua potable: inodora, incolora e insípida. No puedo dejar de pensar en mi abuela paterna, la vieja Elvira Cedeño, quien los hubiera despachado breve y certera como solía ser en sus juicios: son como la mierda de paloma, ni huelen ni hieden. No tienen siquiera el tino que Aureliano Babilonia, personaje con el que García Márquez cierra su obra maestra, cuando comprende que “las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra”.

 

© Alfredo Cedeño

http://textosyfotos.blogspot.com