• Caracas (Venezuela)

Alfredo Cedeño

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EN NOMBRE DE FÁTIMA

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La señora Fátima tiene 73 años, ella nació en San Vicente, isla de Madeira, y llegó a Venezuela hace 51 años. Es una mujer imponente, alta, robusta, de pelo corto y sonrisa fácil; su acento portugués lo mantiene intacto, es inconfundible, y es de una chispa que hace sonreír con frecuencia a los que están a su alrededor. Ella, como buena hija de su tierra, es una trabajadora incansable, y ha hecho de todo para ganarse la vida y sacar a sus hijos adelante; por largos años fue conserje, labores en las que con frecuencia era ayudada por su hija mayor, quien por cierto ahora ocupa un alto cargo en una cadena comercial.

Esta amiga de quien les hablo hoy ahora tiene una panadería en Miranda, pero como nadie es perfecto, y para asombro de su prole, ¡Fátima se hizo chavista!, roja rojita furibunda, al punto de que en la sala de su casa colocó una foto inmensa del comandante galáctico. Sus  hijos trataron de hacerle sacar la bendita imagen. Nones. Nada fue más inamovible que dicha imagen de ese espacio donde el difunto era venerado más que el propio San Vicente de Saragoza, santo patrón de su pueblo natal. Y ay de quien mencionara algo contra su comandante. Las miradas homicianas cuando se hacía algún comentario respecto al señor en cuestión terminaron por hacer que sus descendientes asumieran un pacto de estoica tolerancia respecto al bendito icono.

Hace un par de meses los muchachos llegaron a visitarla y lo primero que notaron es que ¡no estaba la foto! Cruce de miradas entre ellos, cuchicheos, y Fátima impávida. La mayor, cabeza de descendencia al fin, se lanzó: Mami, ¿aquí qué pasó? Con seriedad se limitó a responder: Ya no quiero saber nada de estos fulanos, ninguno quiere servir de nada, y no hablemos más del punto. Silencio total y respiro de alivio colectivo. Poco a poco fueron notando cómo ella se decantaba, pero sin pisar el terreno de esos escuálidos “gavones”, cuando no los tildaba de pandeleiros. Sus juicios sobre el señor presidente realmente eran muy duros: Este Maduro ya lo que está es pudridu, nunca sirvió de mucho y ahora meinos va a serví, que no me foda la vida ese pandeleiro.

El domingo en la noche ella estaba exultante, sus hijos sin querer hacer mucho énfasis se miraban entre ellos con sonrisas contenidas, y celebraban que por fin mami hubiera regresado al redil. Cuatro días más tarde, el pasado jueves, les dijo: Por euso es que este país tá fodido, estos gavones pajúos de la oposición lou que hacen es gastar el tempu peleandu entre ellus, en vez de peliar con el Maduro.  ¡Lo que están es loucos, vai para merda todos!

¿Cómo no darle la razón a Fátima? ¿Alguien puede explicar de manera didáctica los ataques contra María Corina Machado principalmente por parte del bachiller Tomás Guanipa? ¿Ese boconcito infeliz tendrá conciencia de cuanto le debemos a ella en el escenario de victoria que ahora vivimos? A Machado le pasan factura por tener voz propia y haber ido abriendo nuevos espacios junto a Lilian Tintori, Mitzy de Capriles y Patricia de Ceballos, sin cuyas gestas no estaríamos viviendo el escenario donde ahora estamos. María Corina defendió la que debía ser candidatura natural de Eduardo Gómez Sigala frente al saltimbanqui Alfonzo Marquina, quien de ser diputado en el año 2000 por Sucre bajo la sombra de Acción Democrática, pasó a serlo en el 2010 por Miranda pero entonces amparado por Un Nuevo Tiempo y desplazando a Yon Goicochea; para ahora aparecer de la mano de Primero Justicia para darle el esquinazo a Gómez. A este ritmo no nos debe extrañar verlo en futuros comicios de la mano del PPT como candidato por Amazonas.

El triunfo se nos ha de convertir en génesis de una estrepitosa derrota si no se dejan a un lado los intereses minúsculos que ahora se muestran en todo su esplendor. Es necesario dejar las mezquindades a un lado si realmente se busca la unidad. No podemos, ni debemos, permitir que “La Unidad” se convierta en un cadalso automático para aquellos que se atrevan a disentir de las decisiones de una dirección que si bien ha sido acertada, también ha errado. ¡Y cómo! No son pocos los puñales que están brillando en el pescueceo manifiesto por la presidencia de la Asamblea Nacional, ya han salido los que dicen que había un pacto para que el cargo fuera para la tolda política que obtuviera mayor cantidad de votos y por ende el premio es para Manolito el de Mafalda –lease: Julio Borges–; mientras que otros  vociferan que es Ramos Allup quien debe gerenciar dicho puesto. No he ocultado nunca mis reservas con respecto al señor valenciano, pero es justicia decir que no hay en este momento otro que conozca mejor el escenario parlamentario que él, no en balde fue el jefe de la bancada de Acción Democrática en la ya desaparecida Cámara de Diputados, y en aquellos tiempos no le tembló la mano a la hora de negar permiso de viaje al presidente Carlos Andrés Pérez. Sin embargo, el argumento más poderoso que han utilizado algunos para fortalecer su candidatura es que él tiene amplio burdel político. ¿Qué vaina es esta? Por lo visto hay quienes quieren que sigamos retrocediendo y lleguemos a los tiempos de Raimundo Andueza Palacio, quien se hacía tocar el Himno Nacional cuando llegaba a las casas de putas que había en Puente Hierro.

En un momento tan duro como el que vive el país, es muy triste ver al ya citado Ramos y al querido Chúo Torrealba embarcados en un torneo de morisquetas, cual si estuviéramos en una función de Gaby, Fofó y Miliki que eran expertos en provocar la risa fácil en una teleaudiencia inhabilitada para participar. ¿Ese es el respeto que tienen por ese “pueblo” con el que tanto se llenan la boca? ¿A cuenta de qué han caído en la provocación de Nicolás y su combo para convertir el debate político en la mediocre caricatura de una gallera? El poder fue otorgado por mandato popular y se ejerce, nadie pone en duda la autoridad de la reina Isabel, a esa frágil anciana la respetan y punto, ella no sale a pararse cual versión sofisticada y del primer mundo de Desirée Santos a plantarse, brazos en jarras, a las puertas de Buckingham a exigir la respeten, de eso se encargan aquellos a quienes les corresponde.  Diosdado puede decir misa, ¿quién lo ordenó clérigo? En consecuencia todo cuanto oficie, y por más sahumerio que emplee, será una payasada que sólo busca impresionar incautos.

Es tiempo de triunfo pero también de reflexión, es tiempo de gozo pero tiene que ser también el de ganarse el respeto de gente como Fátima, que el domingo, en contra de sus emociones, votó por la democracia real; es tiempo de que volvamos a ganar los afectos de ella y que logremos que no siga diciendo, y con razón: ¡Vai para merda todos!

© Alfredo Cedeño

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