• Caracas (Venezuela)

Alfredo Cedeño

Al instante

Dentelladas

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La obsesión de los hombres entrados en años por las féminas de menor edad se puede tildar de ancestral, o al menos milenaria. Al comienzo las prácticas eran un tanto irregulares, como en el caso de Akenatón, faraón entre 1353 y 1336 AC, quien estuvo casado con su prima Nefertiti, y que le parió seis niñas.  Las aberraciones dieron un salto en el año 1340 AC cuando en la Ciudad de Atón yació con su propia hermana, la cual parió a Tutankamón, el también llamado rey niño.  Es decir, los reales miembros de la XVIII dinastía practicaron de manera consecuente y militante, una generación tras la otra, el incesto.

El despelote duró dos siglos y medio, y dicha dinastía cerró cuando Amenofis III padre de Akenatón y abuelo de Tutankamón, aseguran que al tratar de salvar la dinastía, casó con su nieta Sitamón. Parece que esta laxitud no era exclusividad de los faraones y su divina parentela. Si nos ponemos quisquillosos al leer La Biblia, la refelexión natural que podemos hacer es: Si Adán y Eva fueron los primeros seres humanos, de donde venimos todos, ¿la esposa de Caín era su hermana?, ¿todas las primeras relaciones bíblicas eran incestuosas y calcadas de las prácticas egipcias? Si nos mantenemos en nuestro libro sagrado nos enteramos que Abraham se casó con su media hermana Sara de Ur. Pero más escandaloso aún es lo que revela el Génesis al final de su capítulo 19, cuando luego de la destrucción de Sodoma y Gomorra, las hijas de Lot deciden pasar por las armas inguinales a su propio padre.  Lean:

“19: 31 Entonces la mayor dijo a la menor: Nuestro padre es viejo, y no queda varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra. 19:32 Ven, demos a beber vino a nuestro padre, y durmamos con él, y conservaremos de nuestro padre descendencia. 19:33 Y dieron a beber vino a su padre aquella noche, y entró la mayor, y durmió con su padre; mas él no sintió cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó. 19:34 El día siguiente, dijo la mayor a la menor: He aquí, yo dormí la noche pasada con mi padre; démosle a beber vino también esta noche, y entra y duerme con él, para que conservemos de nuestro padre descendencia. 19:35 Y dieron a beber vino a su padre también aquella noche, y se levantó la menor, y durmió con él; pero él no echó de ver cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó. 19:36 Y las dos hijas de Lot concibieron de su padre. Y nueve meses más tarde las hijas dieron a luz a dos hijos, Moab el cual es padre de los moabitas hasta hoy, y Ben-ammi, padre de los amonitas hasta hoy”.

Supongamos que la culpa no fue de Lot sino del alicoramiento a que fue sometido por sus benjaminas y dejemos a las sagradas escrituras en paz por esta ocasión, y ahora cito los casos reales de Felipe IV que en octubre de 1649, a los 44 años, casó con Mariana de Austria quien tenía 15. Luego sería el turno de Felipe V, quien llevó al tálamo nupcial a su prima María Luisa Gabriela de Saboya, cuando tenía 13 años. Pero vayamos ahora al mundo plebeyo y encontraremos al autor de “Los asesinatos de la calle Morgue”, “El cuervo” y “Eureka”, quien en el siglo XIX, el 16 de mayo de 1836, contrajo matrimonio con Virginia Clemm de 13 años, y el señor Edgar Allan Poe 27.

En 1955 el escenario literario mundial fue sacudido por una novela que comenzaba así: “Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.”  En ella el autor ruso Vladimir Nabokov narra la historia de la obsesión de Humbert Humbert por su hijastra de doce años, y como dicha nínfula le corresponde.

Son infinitos los ejemplos similares, y las diferencias etarias se han manifestado unas veces de manera más ruidosa que otras como fue el caso de Hugh Hefner, fundador de la revista Play Boy, quien contrajo nupcias con Crystal Harris pese a una diferencia de 60 años.  También mostraron en su momento una brecha de 47 años Cary Grant y Barbara Harris al momento de casarse en abril de 1981. Venezuela no ha sido la excepción a este tipo de situaciones.  Recuerdo a comienzos de los años 80 oír en la casa de un amigo, que vivía en La Lagunita, a su padre contar que una conocida ex candidata de belleza y en aquellos días actriz triunfante en la televisión, que por 10 mil bolívares, más de 2.300 dólares americanos en aquel tiempo, cualquiera podía pasar la noche en el antiguo Caracas Hilton.

Hace unos diez años el ex encapuchado Elías Jaua ocupaba una cartera ministerial, cuando su hombre de confianza fue secuestrado en su vivienda de El Rosal por un grupo que exigió entregara el dinero que tenía. El rehén se negó porque no era de su pertenencia, se habla de que era medio millón en billetes verdes, y los malandrines se comunicaron con el señor ministro y le hicieron saber que no sólo tenían su número directo como estaban demostrando, sino también el de todos los directores, así que lo mejor era que le diera instrucciones al rehén para que entregara el efectivo. Y así se hizo.  Me han asegurado varias fuentes que el hijo de Caucagua se movió cual peso pluma para silenciar que ello no apareciera en ninguna parte, y así ocurrió. Lo cierto es que ese grupete era asiduos a ciertas fiestas que se celebraban en Tanaguarena en el “nidito de amor” de otro de los miembros del tren ministerial de entonces.

La información que llega es que en aquel entonces como mampara para conseguir a las ninfas que eran trasladadas a dichos ágapes se utilizaban los servicios de una agencia de modelos que funcionaba en una quinta de La Castellana, y cuyo propietario también manejaba una productora de televisión que hacía un concurso con el nombre de un canal por suscripción dedicado a la música,  y, aseguran con bien ganada fama de ser una tapadera para suministrar damas de buen ver a ciertos caballeros desesperados.

Recientemente se ha hablado mucho de un caso de similar tenor, y la pregunta que muchos nos hemos hecho es por qué trascendió y quién dejó que rodara de la manera que ha pasado. Una voz amiga me comenta, luego de mil peripecias para comunicarse: “Esa historia y las cifras de inflación, lo hacen para tener la primera pieza sacrificada del PSUV”. Por otro lado un miembro del Alto Mando deja saber: “Los hermanos están disminuidos y sin fuerzas para defender  a nadie más".

Hasta ahora todo apunta a un pase de facturas que solo dejan ver las grietas de la sentina en que se ha convertido nuestra élite gobernante. Me aseguran que Diosdado, quien en infinidad de oportunidades “carajeó a su gusto” a Jaua, y su hermano han perdido el poder de antaño. Sigue la voz verde: “Ya ni Vladimir le para.  González López, Diosdado y Rodríguez Torres eran un trígono perfecto, pero al abrirse el último perdieron un excelente aliado, y gran parte de su ascendencia sobre nuestro mundo.  El juego adentro de los cuarteles está más enredado que nunca, pero los rojos no están ganando precisamente”.

En este momento, que trato de cerrar estas líneas, recuerdo los versos de “Aullido” de Allen Ginsberg:

¡Moloch!¡Soledad!¡Inmundicia!¡Fealdad!¡Latas de basura e inalcanzables

dólares!¡Niños chillando bajo las escaleras!

¡Muchachos sollozando en los ejércitos!¡Ancianos llorando

quedamente en los parques!

 

© Alfredo Cedeño   /   http://textosyfotos.blogspot.com/