• Caracas (Venezuela)

Alfredo Cedeño

Al instante

Carlos Fernández

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Liminar.

Primero fue el periodista y político francés Georges Clemenceau quien soltó aquello de “la guerra es un asunto demasiado importante para ser dejada a los generales”. Luego fue el turno para que el abogado alemán Konrad Adenauer, quien sabe si parodiando al galo, dijera: “La política es demasiado importante como para dejársela a los políticos.” Ambas disciplinas, guerra y política, tienen infinidad de coincidencias y, al menos eso parece, escasas diferencias. Más bien las divergencias son de forma, pero ambas suelen ser sanguinarias. Muchas veces he tenido la sensación de que  esa ciencia que estudia al Estado es aún más feroz, y a veces nauseabunda, que el arte de las armas. Estas últimas entregas que he venido haciendo han sido con el interés, e intención, de aportar claridad al panorama actual de nuestro país. He recibido en las últimas cuatro semanas mensajes de todo tipo, unos más sutiles que otros, otros menos cuidadosos siquiera de las formas.  Muchos diciéndome que hasta cuando sigo dándole tribuna a resentidos, chismosos, y derrotados. Han sobrado las descalificaciones, pocas han sido las voces que han hablado de la necesidad de abrir una discusión en lo ético para darle nuevos aires a nuestro estamento político, que por lo visto ha terminado por convertirse en un sumidero –por no decir albañal–  donde van acumulándose miserias de toda laya.  Siguen apareciendo voces que continúan hablándome y señalando con nombres, fechas y apellidos, situaciones que ojalá nunca más volvamos a padecer y que no dejaré de publicarlas aquí en mi tribuna.  Es mi aporte y no dejaré de hacerlo, ruego a Dios –si es que existe y aún se acuerda de Venezuela– para que un manto de lucidez nos recubra y aleje este enlutado sudario con el que cargamos desde hace largo tiempo… tanto que fueron esos polvos los que nos condujeron a estos rojos lodos del chavismo que ahora padecemos.  Escribo estas líneas para pedirle a todos aquellos que insisten en pedirme moderación en lo hasta ahora publicado, que dejen de joder pues no dejaré de seguir escarbando en la cara real de las trapisondas que en Venezuela maquillan de política. Hoy les entrego la larga conversación con Carlos Fernández, quien fuera presidente de Fedecamaras, luego de la payasada ejecutada y protagonizada por Pedro Carmona Estanga en abril del año 2002.

“Yo sabía el riesgo que estaba corriendo al asumir la presidencia de Fedecamaras, lo sabía tanto que al directorio, que me tocó presidir después de que Carmona toma la decisión de ser presidente de la República, le digo que yo era un hombre de asumir riesgos y que sabía lo que estaba asumiendo; pero esperaba del empresariado que asumiera la posición que yo tenía que asumir en los momentos que lo debía hacer. Eso no lo entendió el empresariado, porque los capitales simple y llanamente no tienen nacionalidad, ni compromisos; los capitales van donde hay seguridad y más rentabilidad, la solidaridad es personal, no empresarial. Tuve algunas solidaridades muy cortas y pequeñas de algunos empresarios pero no de las empresas, y lo entiendo. Por supuesto que hubiera sido más provechoso si esa solidaridad de los empresarios hubiera sido más manifiesta, lo que pasa es que a rey muerto, rey puesto. Tú asumes tus riesgos, asumes tus decisiones pero eso es tuyo, no mío… Y eso pega.”  Carlos Fernández fue presidente de la otrora poderosa Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela, donde se aglutinan los gremios empresariales del país.

Aragonés de nacimiento, no tenía todavía siete años de edad cuando llegó desde su Zaragoza natal a vivir en Caucagua, en la zona de Barlovento, estado Miranda.  Su voz es tranquila, no refleja los infiernos que ha vivido en los últimos doce años. Personas que lo conocen me dicen: “Uno cree que llegó aquí jodido, pero lo de él fue demasiado: familia, amigos, conocidos, todo el mundo se le volteó, y él solo ha podido sacar a sus dos hijos adelante. No las ha tenido nada fácil.”  Otra persona me comenta: “Fui testigo de una comida con un expresidente de Fedecamaras quien supuestamente le iba a echar una mano, lo que hizo fue pintarle una bien grande y de vaina que no tiene que pagar la comida.” El propio Fernández explica: “Conservo la fortaleza, la fe en un Dios que me ha puesto unas pruebas duras, difíciles, pero que jamás me ha abandonado y que sabe que puedo cargar esa prueba y aquí estoy.”

El orgullo se le desborda cuando habla de Carlos Eduardo y Carlos Antonio, sus dos hijos, con quienes ha logrado sobrevivir al feroz ostracismo que le ha impuesto el gobierno venezolano. Llegó a Estados Unidos con 3.000 dólares y fue hace sólo dos años cuando recibieron, ¡por fin!, la green card, que les ha permitido insertarse de manera formal en la comunidad estadounidense.  Fueron diez años de un penoso limbo que algunas voces me aseguran estuvo forzado por el gobierno venezolano, como condición sine qua non cuando otorgó la concesión de la llamada plataforma deltana a la muy imperialista empresa Chevron. Cosas veredes Sancho… Sin embargo, “el hombre del pelo blanco”, como solía decir la mayoría de los venezolanos cuando le veía en sus constantes apariciones en todos los medios de comunicación de Venezuela, no deja de emocionarse cual niño cuando cuenta como tuvo que aprender a hacer de todo para poder ocuparse de sus muchachos como Dios manda. “Yo no sabía hacer nada, y hasta arepas aprendí a hacerles. También a lavar, a hacer todo.”  Explica con toda la sencillez del mundo como se levanta a las seis de la mañana para preparar la comida que Carlos Antonio se lleva para almorzar en la calle entre los turnos de clases y su trabajo. Les doy fe que conmueve oírlo contar su rutina doméstica.

En la medida que seguimos hablando sus recuerdos se van hilvanando. Admite: “No conozco mucho España. Mi padre vino a Venezuela para administrar Agrinco, una empresa dedicada al sector agrícola y que existía en casi toda América Latina. Existían Agrinco Venezuela, Agrinco Brasil, Agrinco Argentina, donde grupos de empresarios locales se asociaban. En el caso de Venezuela allí estaban los Delfino, el catire Lovera, los Benarroch, y otros que no recuerdo. Cuando llegué a Caucagua se iba por la carretera que hicieron los presos  de Gómez por el cerro, y existía una línea de autobuses que se llamaba Amigos del Pueblo.” Estudió primaria en la escuela Germán Roscio de esa localidad, y al concluir el sexto grado lo llevan a Caracas para estudiar en la Escuela Técnica Industrial, cuya sección básica estaba en Los Mecedores, al pie de El Ávila. Luego pasa a la sede de la Escuela Técnica Los Chaguaramos, donde ahora funciona la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela. “Yo estaba ahí cuando se da el allanamiento de la ETI, yo estaba  estudiando Ingeniería Mecánica, y ese día mataron a un muchacho que era compañero de clases, nosotros tumbamos el muro que nos separaba de la Universidad Central, y para poder salir, porque todo estaba rodeado por la policía que se llevaba a todo el que fuera estudiante, boté los carnets, los cuadernos y todo, y me escabullí agarrado de la mano con una señora y un niño que iban saliendo como si fuera familia de ellos. Yo tendría en ese momento como 18 años. Vivía en un apartamentico que mi padre pagaba una habitación, quedaba en Fuerzas Armadas con Urdaneta, en el edificio PFAFF, que tenía la máquina de coser, y los viernes salía al Nuevo Circo a agarrar mi autobusito pá irme pá la finca a Caucagua. Llegaba los viernes en la noche y  los domingos me regresaba, la finca era de naranja. Tenía un caballo que era como el del Llanero Solitario, ¡blanco!, se llamaba Rechoncho, un animal hermoso que se podía jugar baraja arriba de él. Era tuerto porque una espiga me le sacó un ojo, y tenía una verruga en una pata que yo con la cerda de la cola le hacía un nudo y se la iba apretando todas las semanas  hasta que logré tumbársela. Eso me lo habían enseñado los campesinos de allá, era un caballo muy particular al que tenía suelto. El sábado en la mañana yo le ponía un tobo con agua de papelón debajo de una mata de tapara, yo a veces por echarle broma le ponía el tobo pero con agua, se calentaba ese caballo y me pelaba los dientes… Otras veces yo salí a buscarlo y él dejaba que llegara prácticamente a su lado y echaba a trotar, y cuando ya me cansaba de estarlo persiguiendo, me devolvía hacia la casa y él se venía atrás.”

Años más tarde,  Agrinco traslada a su padre al estado Carabobo. “Allí atendía dos fincas, una de cítricos en Guigue que daba pa´l lago de Valencia y en Tocuyito había otra donde tenían sembrado parte madera y caña de azúcar, esa última daba a la carretera que va a Campo Carabobo, eso luego se parceló y se construyó la Urbanización La Esperanza, pero en aquel momento era caña, y una de mis misiones era atender las bombas de agua para regar la caña. Yo tenía que ir, unos motores muy grandes con bombas de pozos profundos y tenía a  mi cargo su mantenimiento, tenía que ir a las dos, a las tres de la mañana, a la hora que me tocara. A los 17 años ya estudiaba y trabajaba, y me tocó en varias oportunidades que mi madre me iba  a servir la comida a las 7 de la noche y yo me quedaba dormido. De verdad era fuerte, entre  estudiar y trabajar tenía unas 18 horas todos los días.” Poco tiempo después crea su primera empresa, un taller mecánico: Talleres FerCon: “Me traje a un muchacho que se llamaba Contreras por eso era FerCon, Fernández Contreras, estaba en Tocuyito y ya me había comprado un camión que lo tenía trabajando haciendo viajes a escala nacional, ahí ya tenía 20 años, y ese camión lo había comprado con mi plata que me había ganado. Era un Ford de los viejos, usado, y  ahí empecé; después compré otros más. Luego estudié Administración de Empresas, e hice el asesoramiento al Banco Nacional de Descuento, que construyó la sede donde yo tenía el taller en Tocuyito y le hice toda la parte de mercadeo. Estamos hablando del año 70, ya tengo 20 años y me caso por primera vez. Ya tenía una casita que había comprado ahí mismo en Tocuyito, en la urbanización Pocaterra. Y ahí entro al gremio de los ferreteros, porque mi suegro tenía una ferretería y me pide asesoramiento, yo le hago un perfil completo de todo lo que era transporte vehicular para el reparto de bloque, arena, y todo eso. Duré casado 10 años y en ese tiempo desarrollé varias empresas y participé dentro del gremio de los ferreteros concreteros que se llamaba Asociación de Concreteros y Ferreterías del estado Carabobo, donde llegué a ser vicepresidente.”

Son tiempos en los que genera una serie de propuestas que se materializan, crea junto a un grupo de inversionistas Vencosa, Venezolana Concretera Sociedad Anónima, donde fungía como vicepresidente de la empresa: “Yo manejé eso y con mis influencias dentro del sector bancario por el vínculo con el BND, más una cantidad de contactos que hice con las plantas cementeras, a esa empresa que no tenía liquidez le movía su capital hasta 5 y 6 veces en el mes. A veces tenía sobregirado un millón de bolívares, que era mucho real, eran 250.000 dólares, pero lo lograba cubrir siempre. Eso me permitió que la empresa tuvo un crecimiento formidable, grande.  Cuando me divorcio monto Referca, Representaciones Fernández Compañía Anónima, y mi empresa llegó a vender más de millón y medio de sacos de cemento al año, aparte de cemento a granel que se suministraba a premezclados. Hice un equipo de cisternas y de camiones, llegué a tener veintipico vehículos pesados, ahí me traigo a un hermano que lo tenía mi padre, que no quiso estudiar más, en la panadería, y me lo traigo y lo enseño el mantenimiento de los vehículos de Transporte FerCon, que tenía la flota de camiones que le prestaba servicio a las plantas y a la empresa Referca, que era la distribuidora de cemento a escala nacional. Me traje a mi padre, lo saqué de la finca, me traje a otro hermano, el mayor, a todos me los traje y les di 25% a cada uno, sin poner ellos un solo bolívar. Y creció la corporación, tuvimos después una fábrica de cal: CalFer, hicimos una planta de pego, exportábamos para las islas del Caribe. Fundamos Inferpeca, que era Inversiones Fernández, nosotros llegamos a los constructores: ¿Cuántos sacos de cemento o cuántas toneladas de cemento necesitas? yo te lo doy y me das tantos apartamentos, un intercambio interesante porque a ellos les servía y nosotros adquiríamos una propiedad sin construirse todavía a un precio ya establecido. En aquel momento, empezando los años 80, el capital de las empresas entre activos y patrimonio era de más de 1,5 millardos de bolívares, en aquel momento de un dólar a 4,30…”

La cadena de éxitos lo va impulsando dentro del mundo empresarial y comienza a figurar en cargos organizativos que lo conducen a Fedecámaras en los años 90.  Durante 6 años fue parte del Consejo de Economía Nacional, donde estuvo con Gastón Parra Luzardo y Tobías Nobrega: “Y jamás pensé que era lo que demostró después.”  Todo esto lo evoca sin melancolía, asegura que no es fácil encontrarse de un día para el otro con una mano adelante y otra atrás: “Y con mis dos muchachos, que siempre han sido mi gran angustia, que ellos coman y tengan donde vivir. Por eso es que ha sido triste para mí la actitud de gente de la que no supe más nunca, como Hugo Fonseca Viso. Debo reconocer un personaje que estuvo a mi lado y que ha sido como mi segundo padre, tal cual lo aprecio y lo respeto, Eddo Polessel, él estuvo y está. Es un hombre que está pendiente todos los años. ¿Traiciones? Albis Muñoz y sus relaciones con gente del régimen, tengo las pruebas; Merentes era su íntimo amigo, así como Tobías Nóbrega y Diego Luis Castellanos. Supe de reuniones de ella siendo presidente de Fedecamaras con gente del régimen. Salía y en las tardes, en las noches, se reunía con ellos y tenía línea directa con Chávez.  Por ponerte un ejemplo.  Hubo un tiempo que ya aquí traté de mantener de alguna manera las empresas y hubo un caso, del que ni vale la pena dar su nombre, que cuando mi administradora fue a presentarle unas facturas pendientes la respuesta que le dio fue: dile que me venga a cobrar él…”

“Nos utilizaron los sectores políticos. Sobre todo Acción Democrática, Copei y Julio Borges. Henry Ramos Allup y Borges son dos personas nefastas. Cuando ya todo estaba que parecía que lográbamos el objetivo los partidos políticos dijeron: no, el negocio es nuestro, no de ustedes.” Carlos Fernández habla con suavidad que engaña, la firmeza en sus palabras no dejan cupo a la duda, sus señalamientos van acompañados de precisiones: “Carlos Ortega y mi persona no estábamos de acuerdo con la fecha anunciada para el paro, pero se nos presentó Juan Fernández (para la época era gerente funcional de Planificación y Control de Finanzas en Pdvsa), y nos dijo que ellos habían asumido esa responsabilidad en cabeza de cada uno de ellos y que si no los queríamos acompañar que lo harían solos, y que ellos tenían controlado toda la distribución de los combustibles. Totalmente mentira. No hubo control por parte de  ellos y nos obligaron a ser solidarios y a asumir la responsabilidad. Y por eso siempre hablé de paro petrolero.”

Es larga la retahíla de situaciones, personas, instituciones y demás hierbas aromáticas que Carlos Fernández enumera. Como dicen mis amigos gallegos: No deja títere con cabeza. “A mí me llevan detenido saliendo del Punta Grill.  Yo en esos días dormía siempre en sitios distintos, porque ya me habían avisado de que me querían agarrar. Un día estando en el hotel Marriot de El Rosal se me presentó uno de los jefes de la DISIP, no recuerdo el nombre, y me dijo: ‘Yo te mando a avisar en el momento que nos den instrucciones pero por ahora no hay nada, no tenemos instrucciones’. Eso fue una semana antes de que me detengan. El día que me agarran yo tenía mi carro y un carro escolta, ese fue el día que en el hotel Meliá se anunciaba que la mesa de dialogo se mudaba de ahí para otro sitio que ya anunciarían, fui a ese acto, que era más de los partidos políticos, y cuando salgo de ahí me llaman, yo iba en camino adónde iba a pernoctar esa noche, era una gente ‘amiga’: Pasa un momentico por aquí, que estamos en el Punta Grill y te comes un pedacito de parrilla. Serían las 10 de la noche.  Y entré, me tomé un whisky, me comí algo y cuando voy a salir viene mi carro, pero no viene con mi chofer, cuando trato de regresarme me caen como diez o quince, cubanos todos, de pantalón bluejean y franela blanca, y empezamos a forcejear. Yo pierdo los zapatos, casi me parten una pierna, me golpean, y me meten dentro de mi carro, en  el piso, con los pies encima, casi asfixiado, y se van. Cuando empieza eso hay unas patrullas de PoliBaruta que empiezan a perseguirlos, pero ellos me entregan a la Disip en El Helicoide.  Allá me bajan sin zapatos, con la pierna bastante lastimada, muy golpeada, y hay un personaje con el cual todavía muchas veces me despierto, un tal Ramoncito, un personaje bastante pequeño, que me insultaba mucho: ‘Ajá, ¿tienes el gobierno listo? ¿Ah? ¿Tú no eres arrecho? ¿Ah?’  No contesté en ningún momento, me sentía muy mal. Él me pasa al que me va a reseñar, y seguía incitándome, y le decía mil cosas al muchacho de la reseña, ese muchacho no le contestó en ningún momento. Luego me llevó al carcelero y le dijo: ‘Vamos a meterlo en un tigrito, y que se desnude pa’ revisarlo no vaya a ser que tenga una vaina por ahí metida. Vejarlo a uno… y al final me meten… Yo tenía exactamente 52 años, iba a cumplir 53, el mismo día que mi hija estaba cumpliendo años, 20 de febrero, de ahí me metieron al tigrito, yo, este, en el tigrito, es un cuarto, sin ventilación, de 2x2, tirado en el suelo, ahí perdí el conocimiento”.

Los recuerdos duros lastiman aunque sean ajenos, la voz baja y entrecortada refleja un calvario que se revive. “Después supe que un muchacho había venido a que firmara un papel de que a mí se me habían respetado todos los derechos, y me consiguió largo a largo, me despierto por los gritos del tipo, me sacan y me llevan para los servicios médicos, y ahí  una persona recuerdo que me estaba grabando; cuando me dicen que me van a inyectar me niego, me dicen: puedes morirte tenemos que ponerte esto. Llamen a mi cardiólogo. El hecho fue que llegaron unos médicos de la PTJ (Cicpc) me decían: Fernández cálmese, y tal, y cual. Al final me pusieron unas pastillas sublinguales y me dejaron ahí hasta medio controlar la situación. Ya de madrugada me vuelven a llevar, descalzo, y me entregan al carcelero, cuando se van, el chamo me dice: ‘Señor Fernández, si quiere se queda sentado ahí en esa silla y si viene alguno de mis jefes usted dice que yo lo saqué porque estaba otra vez mal…’  Y ahí amanecí. Después me cambiaron para una celda y me subían a tomarme la tensión y para hacerlo me sentaban en una silla de parturienta donde me amarraban, me lo hicieron varias veces.  El Ramoncito me decía: ‘Ya te vamos a traer a tu tocayo a Carlos Ortega para que monten el gobierno aquí y tumben al presidente’. Un día un  comisario de la Disip me enseña un papel: ‘No hable porque tiene micrófonos por todos lados’. Después me enseña otro: ‘No coma la comida que le traigan de aquí, diga que de la plata esa que tiene ahí que le compren arepa, o sándwich pero no coma lo de aquí…’ Yo no sabía ni qué pensar, el hombre siguió: ‘Yo soy profesional, no hable con mi jefe -era Miguel Rodríguez Torres-, ni con los defensores que le manden, o la defensora del pueblo, todos son las mismas ratas, nosotros lo vamos a cuidar’. No supe quiénes eran los otros.” 

Fernández califica de show sus traslados a los tribunales: “Llevaban 50 carros, motos, una vaina como de película. Por lo general era en un toyotica amarillo, un corolla, la primera vez me llevan atrás, en el centro, con dos hombres al lado, cuando me montan dicen: ‘Quítales las esposas’;  y uno que está sentado conmigo, me da así por la pierna y dice: ‘Acuérdese jefe que yo voy a ser su jefe de seguridad cuando sea presidente’ ¡Imagínate tú!” La fluidez verbal trastabilla, es obvio su tragar grueso, pero prosigue: “Cuando llegas a los tribunales, al imputado lo tienen que meter en unas celdas abajo, pero la comisión me va a llevar directo a la sala, pero la gente de Darío Vivas y de Bernal y del supuesto arrepentido, ese que fue alcalde de La Victoria, Ismael García, les decían: ‘¡Tienen que meterlo ahí!’ Ellos respondían: ‘Nosotros tenemos la seguridad de él, y ni usted ni nadie nos va a decir cómo hacer nuestro trabajo’. Y me llevaban directo arriba. No conformes con eso subieron en variadas oportunidades al despacho, a presionar, a joder y los funcionarios se plantaron: ‘Esa responsabilidad es nuestra, les agradezco que se vayan de aquí’. La fiscal acusadora era la Luisa Ortega Díaz y quien redacta la boleta de captura, después que ya me tienen ahí, es nada más y nada menos quien hoy es el magistrado de la Sala Penal, Maikel Moreno.” 

Nueva pausa, ahora mucho más larga, hasta que las palabras siguen desgranándose: “En la última audiencia que fue un día sábado en la mañana, me llevaron a las 10 de la mañana para el tribunal, y ya estando ahí veo como empiezan a llegarle sobres a la jueza. Luego supe que eran instrucciones para que me pasara a La Planta o a El Rodeo. Mi abogado era Pedro Berrizbeitia, entramos a la audiencia y la fiscal me formula cinco cargos: traición a la patria, instigación a delinquir, devastación, agavillamiento y otro más, después dice que yo nunca me había presentado lo cual era absolutamente falso. Esta persona es inepta desde todo punto de vista como profesional, no sé cómo es abogada, recuerdo mucho que la juez dice si yo tengo algo que alegar y le digo: ‘Todo lo que ha dicho esa persona es mentira, por esto, y esto, y esto, y esto’. Pedro me empieza a pelar los ojos como que me calle, al final yo me callo pero le dije: ‘Yo jamás le he faltado a la ley’.  Y quiero a esta altura Alfredo, decirte algo, Chávez mandó a investigar mi empresa, todo, todo, todo, y nunca pudieron conseguirme nada porque yo nunca ni milité en ningún partido político, ni tuve contrato con ningún gobierno, ni regional ni nacional, mi esfuerzo fue propio como empresario y con la empresa privada, yo no tengo rabo de paja. El hecho es que ella va a deliberar y nos sacan de la oficina. Era sábado, los baños estaban cerrados y el único baño que había era el que tenía la juez en la oficina de ella. Berrizbeitia, que había sido su profesor, y eso lo supe después, entra a pedirle el baño, pero pasa como media hora; y le digo a Marianela Mata, que era la otra abogada que tenía: ¿Será que Pedro se fue por el baño? Cuando él sale me llama a un rincón y me dice: ‘Carlos la situación es muy complicada, ¿viste los sobres que pasaron? Ella sabe que hasta hoy va a ser juez, porque va a tomar una decisión que no es la que le están pidiendo, pero dice que ella no puede tener ese cargo de conciencia de tu muerte, tu cuadro clínico le da a ella autoridad para mandarte preso casa por cárcel, pero sabe que la destituyen’. Cuando toma la decisión, serían las 3 o 4 de la tarde ya, entramos y ella anuncia su fallo. La Luisa Ortega se le va encima prácticamente. La jueza le dijo: ‘Esa es mi decisión’. Luisa Ortega no puede ni hablar.  ‘Yo creo que fui clara y esa es la decisión, a partir de hoy está bajo custodia del grupo BAE’. ¡Bueno pues! La Luisa Ortega empieza a llamar, y llamar, y empieza abajo esa turba de 200 o 300 borrachos alebrestados por Vivas, García, y toda esta pandilla de sinvergüenzas, a pedir mi cabeza, hasta que se hacen las siete de la noche. Yo ya no tenía miedo. Tú pasas un momento en la vida en donde te ubicas y estás decidido a todo. Yo después que me metieron en el tigrito, a partir de ese momento no es que había pasado el miedo, es que asumes el mayor riesgo que puede ser perder la vida, lo asumes, estás resteado para eso y quizás eso es lo que me alimentó a decir lo que yo dije a la juez contra la fiscal, no estaba diciendo mentira y perdí el miedo. Después de lo que me había pasado en la Disip, lo que me habían hecho, que yo estaba solo, donde nadie me fue a visitar, el único que me pudo visitar fue el abogado y unas  mujeres de derechos humanos que después llegaron, pero mi familia nunca pudo entrar a verme, entonces hasta el más miedoso en su determinado momento cambia eso por fortalezas, de asumir que a lo mejor es lo último que vas a hacer en la vida. Y lo asumí.”

Perdonen el dislate, pero son múltiples las emociones que se agitan al oír a este hombre de voz suave y gestos pausados hacer recuento de aquellos momentos.  Sigamos con él: “Para poderme sacar del tribunal, a las 10 u 11 de la noche, tuvo que venir un piquete de 80 o más guardias nacionales, porque estaba sitiado el tribunal y los muchachos de la Disip no podían, porque además iban a arriesgar mi vida. Llego otra vez a la Disip y me dice un comisario: ‘Carlos, te vamos a llevar mañana, entiende que esta hora es… y no te podemos llevar por tierra, te vamos a llevar en helicóptero’. En la mañana me miden la tensión, me dan pastillas para equilibrarme, y tratan de lanzar un helicóptero y lo ametrallan, del cerro de ahí, lanzan otro y también es plomo, total nosotros salimos como en el cuarto. En el helicóptero donde me sacan viene piloto y copiloto, y otros custodios. Cuando vamos en pleno vuelo el que está al lado mío se inclina y me dice al oído: ‘Mi mamá le manda a decir que ni un paso atrás…” No esconde la emoción que le produce ese recuerdo y muestra sus brazos erizados. Toma aire y prosigue: “Cuando llegamos al Aeroclub de Valencia el mismo funcionario me dice: ‘Ponte este chaleco’. Le digo: ¿Para qué esa vaina? ‘Póntelo, no te dejo hasta que te entregue en tu casa’. Me bajan, me montan en una ambulancia, me hacen otro montón de chequeos y me llevan a la casa, que ya estaba tomada por el BAE, ocho personas con dos camionetas Nissan me acuerdo, él me entrega ante ellos y me dice, cuando ya está para salir: ‘Cuídate, cuídate mucho, porque te quieren matar de los dos lados’. La ultraderecha estaba jugando a sacrificar a alguien para armar el vainero, yo era una pieza en ese momento importante, y él me explica que tienen identificados a varios que quieren salir de mí”.

Su casa en el sector El Bosque, de Valencia, quedó bajo el control de los comandos: “Todos son muchachos jóvenes, la mayoría estudiantes, unos estudiaban administración, otros leyes, jóvenes de veintipico de años, y que al tiempo más de una vez me dijo más de uno: ‘Señor Fernández, ¿me puede ayudar a estudiar?’ Y me sentaba con ellos a hacerlo. Un día uno de ellos le dice a mi hermano que tienen que salir a una misión dos de ellos, mi hermano les dice ‘¿Qué tengo yo que ver con esa vaina?, ese es problema de ustedes’. ‘No, es para informarle, señor Fernández’. Salieron en la mañana en una de sus camionetas y llegaron como a las diez de la mañana, y ese mismo muchacho le entrega a mi esposa una bolsa de más de 10 kilos de fresas que su papá se lo había mandado de Mérida en el avión que llegaba a Valencia.”  Nuevo silencio, muy largo esta vez. La mirada se pierde y un hilo de voz retoma el relato: “No las tengo aquí, pero he pedido que me las guarden en Venezuela para ver cómo me las pueden traer, las cartas que me mandaban los familiares de esos muchachos. Una de las cartas decía: ‘Yo soy la mamá de fulano de tal, entiéndalo, él está cumpliendo con su obligación pero yo vivo en tal parte, mi teléfono es tal, y lo apreciamos y lo queremos mucho, mi hijo lo está cuidando’. Otro me decía escríbamele una cartica a mi hermana, otro más escríbale una cartica a mi mamá.  Y así como ellos muchísimas personas. Un día se comienza a oír que me van a revocar la medida de casa por cárcel y al poco fueron a visitarme tres monjitas, ellas sabían que había micrófonos por todos lados y me hacen señas que quieren hablar conmigo, así que nos vamos al patio, y me dicen: ‘La madre superiora le manda a decir que pronto van a venir tres monjas a visitarlo, y se van a ir tres monjas, pero ella necesita sus medidas exactas, para que venga una exactamente de su porte, y allá no se preocupe que no le va a faltar nada’. ¡Por supuesto que no acepté! Eso era echarles una responsabilidad infinita encima.”

Asegura que recibió la solidaridad que no recibió de quienes debía haberla tenido. “Todo fue un juego de trampas y traiciones, y así nos pasó a todos, Manuel Cova traicionó a Carlos Ortega, y bien feo, pero que te lo cuente él.  En diferentes oportunidades Juan Fernández me aseguró que tenían controlado el suministro de gasolina de Carenero, mentira, los que se hicieron solidarios fueron los de la marina mercante que sí asumieron, y son los que paran los barcos, el sector petrolero no cumplió y en las reuniones que hacíamos todos los días ofrecían de todo. Después nos vinieron con el cuento de que ellos no podían quitarle el suministro de combustible o de gas a los hospitales y la vaina. Si tú te metes en una situación de estas, te metes, nunca hubo desabastecimiento como tal de la gasolina, había unas pocas bombas que no tenían; Acosta Carles tomó el control de El Palito y de Yagua, se hizo millonario vendiendo la gasolina que se robó y así muchos de ellos mismos. Hubo contactos con el sector militar, diseñamos estrategias como partir la ciudad y tener el control, y el sector militar también falló y tampoco cumplió. Nosotros nos reunimos en varias veces en la casa de Olavarría, con ellos, y tampoco asumieron el papel que debían haber asumido. Por atrás había jugadas de varios políticos. Lewis Pérez Daboin es un sinvergüenza, fue el infiltrado más grande que tuvimos, llegó el momento que yo sabía que el único que transmitía cosas que yo decía en el Directorio que teníamos de la Coordinadora Democrática, que la fundé yo el mismo día del 11 de abril, en Fedecamaras, esas declaraciones que daban los voceros del gobierno, sobre mí, que yo era el talibán, que yo era el más radical, era él y yo le dije un día: Acuérdate de tomar nota bien para que salgas corriendo y se lo des a tu jefe José Vicente Rangel. Y se me alzó; le dije: Si tú quieres también nos damos unos coñazos si quieres que lo resolvamos así, pero tú eres el que le lleva la información.  Ese trujillano vendió su alma al diablo. Lo repito: Lewis Pérez, secretario de la Coordinadora Democrática, era el mayor infiltrado que teníamos nosotros dentro de la organización y todo lo pasaba a José Vicente Rangel, mano derecha de Hugo Chávez.”

Asegura no ver salida en este momento: “Caemos en lo mismo, una oposición política que es una sociedad de cómplices que avala al régimen, que le da piso político y que lleva a la sociedad engañada a elecciones tras elecciones que están amañadas, que están controladas. Que no hay salida por la vía electoral lo digo desde hace más de 12 años, Chávez hizo un Consejo Electoral como su traje a la medida. El padrón electoral lo manejan como les da la gana, lo aumentan, lo rebajan, lo cambian, como la salamandra cambian los circuitos para favorecerse. No se deberían realizar elecciones mientras verdaderamente no se depure el padrón electoral y las autoridades. Yo estoy claro y convencido de que somos mayoría, pero estoy claro y convencido de que están controlando y están manejando todo.  Siempre dije que las máquinas electorales, que son de lotería italiana, eran bidireccionales y que aunque supuestamente estaban desconectadas, estaban conectadas por vía wi fi a otra sala electoral donde había más de 20 monitores, uno por estado, y donde se observaba en tiempo real quien estaba votando y cómo. Ellos saben en cada mesa quien no ha votado y va gente para que vote, si se revisan las huellas en los cuadernos electorales, no van a coincidir con el votante, pero todo eso está cuadrado, todo está manejando, y todo lo sabe también la Mesa de La Unidad. Pero ahí Henry Ramos Allup y Julio Borges negocian con el régimen por sus parcelas de poder, ellos son culpables de lo que el país vive en este momento. Ellos saben que en una dictadura no hay salida por los votos y Venezuela está en una dictadura. El mundo internacional hoy en día sabe de las trampas y está consciente porque los que estamos afuera hemos trabajado para desnudarlos, en ese sentido Eric Evall nos ayudó muchísimo. Basta de callarse, hay que decir que en las elecciones del 2006 con Rosales, José Vicente Rangel y Teodoro Petkoff fueron a conversar con él y le dijeron: ‘Tú eres el candidato que el presidente quiere y tienes que ser un candidato fuerte, te vamos financiar toda la campaña’. Según lo que me dijo Eric Evall le dieron 300 millones de dólares. Entonces vamos a ser claros, Venezuela no tiene salida por la vía de las herramientas de la Constitución mientras verdaderamente no se depuren las instituciones y eso no va a suceder porque ahora estamos en una situación peor. Hemos dejado correr todo esto y el único que se ha venido favoreciendo ha sido el régimen a costillas de 25.000 muertos todos los años. ¿Cuántos muertos llevamos? ¿Cuál es el costo que tenemos hasta este momento? La delincuencia en Venezuela es lo que fue el paredón abiertamente en Cuba, ahora se utiliza por la vía de la delincuencia y de los pranes para limpiar de opositores al país. Ellos armaron dentro de las cárceles a todos esos grupos para usarlos como grupos de choque contra la sociedad en su determinado momento. Yo respeto mucho a todos aquellos que luchan por encontrar una vía constitucional y yo no la descarto, yo no le digo a la gente que no vaya a votar. No, ese es un derecho que usted tiene, pero no es suficiente, no es la solución y por el contrario cada vez que vamos a elecciones legitimamos más como demócrata a un dictador.

Reconoce que no fue fácil encontrarse de un momento al otro en un país extraño: “Sin ningún amigo prácticamente, aunque sí tuve venezolanos que no conocía aquí y que me tendieron una mano, pero es muy duro y muy difícil. Pero creo que mis valores están fundamentados en mi formación por mis padres. Soy hombre que vengo de abajo, que he sabido estar abajo, en el medio y arriba; hoy vuelvo a estar abajo, pero con principios y valores, me acuesto todas las noches y me duermo en paz con mi conciencia.  Y te voy a echar un cuento: en 2004, estando aquí, a mí se me acerca,  cuando el referéndum, a mí viene un personaje de parte de Dídalco Bolívar, a su vez de parte de Chávez y me ofrece tres millones de dólares. Me dice: ‘¿Te das cuenta cómo te han abandonado toda tu gente?’ Un empresario de Maracay. ‘Chávez te manda a decir que te engañaron, que te utilizaron pero que cuánto perdiste, ¿tres millones de dólares? Dime dónde te los van a poner, pero tú acompáñame a una casa aquí en Weston que te vamos a grabar para que tú le mandes un mensaje a la nación de que el país necesita unos cambios y que Hugo Chávez es el personaje que trae la transformación de Venezuela en beneficio de todos los venezolanos y que lamentablemente tú te equivocaste’. Yo le dije: Mira, yo estoy necesitado de dinero pero todos los días comen mis hijos y como yo, así que creo que todavía no es el momento. Regresó al mes siguiente ¡y me ofreció cinco! Eso fue ahí en la estación de servicio en Panna Express, aquí mismo en Weston, y le dije: Mira, yo no sé cuánto vale mi conciencia a lo mejor le vendo mi alma al diablo el día que mis hijos no tengan qué comer, a lo mejor la vendo por mil dólares, pero todavía comemos, difícil pero vivimos decentemente, y tengo un lema que me dijo mi padre desde pequeño: usted podrá engañar a todo el mundo pero jamás podrá engañar a su conciencia y quien engaña a su conciencia no puede dormir tranquilo por el resto de sus días. Te agradezco no vuelvas más, dile a tus jefes que Carlos Fernández muere con las botas puestas.”

No deja de repetir que su lucha continua por Venezuela, y reconoce tener diferencias profundas con la MUD. “Creo que quienes manejan la oposición en Venezuela le hacen mucho daño al país y a los ciudadanos. ¿Cómo es posible que han dejado a los estudiantes solos? He dicho organícense, el régimen no puede con 30 millones de habitantes, siempre lo he dicho ese régimen, o cualquier gobierno, estará ahí hasta que la sociedad lo decida. No esperemos un golpe de Estado porque eso no existe en Venezuela ni puede haberlo porque hay una destrucción total del sector militar. Nosotros en este momento no podemos confiar en que lo que pueda venir después si cae Maduro sea mejor tampoco, porque las Fuerzas Armadas están tan divididas y a su vez destruidas moralmente…, aunque hay cuadros medios, coroneles, con valores intachables que sí quieren un cambio. No hay que seguirlos pateando, hay que enamorarlos.  ¿Qué declaraciones hace Henry Ramos Allup cada vez que puede? No vamos a permitir una bota, no vamos a aceptar una bota, ¿tú tienes salida en este momento sin la participación militar? Yo no la veo. Vamos a imaginarnos, ganamos las elecciones, Capriles gana las elecciones, ¿cómo gobierna Capriles? Sí no tienes las fuerzas armadas de tu parte no puedes gobernar en un país como está, al otro día estás fuera del poder. Tenemos que ir a una transición que nos permita reconstruir la institucionalidad del país para entonces poder ir a un proceso electoral en donde se decida por vía de los votos cuál es el destino que quiere llevar el país, pero tenemos que ser sinceros, tenemos que ser reales. Pero ese grupo de políticos sabe que no tiene espacio en esa nueva visión de Venezuela, ¿por qué? Porque la gente sabe que son corruptos y que han participado. ¿Tú quieres un mejor país o quieres una mejor situación personal? Decídete. Por eso le digo a todo el mundo, ¿de qué lado te anotas? Yo tengo un partido, ¿te quieres anotar? Se llama Venezuela, ¿te quieres anotar en ese partido? échale pierna, ese es el partido con el cual yo me manejo.

Este empresario ahora usa como como cinco cachuchas: “Hago de todo, pero muy feliz, saqué la licencia de real state, soy realtor, también soy business consultant de un bufete de abogados especializados en inmigración, tengo una empresa que ubica mercancías y las exporta, y te hablo desde repuestos hasta comida, y también hago el servicio de ir a buscar pasajeros al aeropuerto y llevarlos a las diligencias donde ellos necesitan ir, yo en persona voy, me llaman al 305- 5628666 y les hago el servicio personalizado de traslados a cualquier diligencia.” Sin embargo, no cesa de pensar el país: “Mando a la gente que se lea lo que le pasó a Pinochet. Muy duro decirlo, muy duro, porque no quiero la violencia, ni soy de los que aspiro a que tengamos cualquier cantidad de personas desaparecidas pero ¿dónde ha llegado la sociedad venezolana? ¿Cómo controlas ese malandraje? Por eso digo: léanse la historia de Pinochet, no digo que lo apliquen, léanlo.”


© Alfredo Cedeño

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