• Caracas (Venezuela)

Alfredo Cedeño

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Basta

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A Daniel Ceballos le quedan pocos días de vida, y no pasa nada. A Daniel Ceballos el gobierno lo dejará morir, y no pasará nada. A Daniel Ceballos la “dirigencia” opositora lo llorará con lágrimas de cocodrilo, y seguirá sin pasar nada.

Se cuela desde fuentes rojas que la orden que hay es dejarlo morir. A mi estupor inicial, luego se une la rabia, la impotencia, la indignación, la ira.  Poco a poco se cuela el racionamiento frío, descarnado, real, y entiendo que Daniel se va a morir. Me viene el recuerdo del disidente cubano Orlando Zapata Tamayo, quien murió en La Habana el 23 de febrero de 2010, luego de mantenerse 86 días en huelga de hambre, que fue saboteada por el gobierno cubano cuando le pusieron suero vía endovenosa en reiteradas oportunidades. A este albañil y plomero cubano le habían impuesto una condena de 36 años de cárcel por “desobediencia, desacato y protestas a favor de los derechos humanos”. 

El caso de Zapata sacudió, ya hace cinco años de eso, al mundo entero y fue numerosa la lluvia de peticiones desde todos los rincones pidiéndole a los dictadores cubanos por su vida. Fue en vano. Es un esquema que se repite y que no es de reciente data en esa cárcel hecha país anclada en el mar Caribe. Es un esquema que es de vieja hechura en aquellas tierras. Quiero recordar varios casos.

Comienzo por uno de los que fue en su momento más comentado: el poeta Pedro Luis Boitel murió el 25 de mayo de 1972 luego de una larga huelga de hambre.  No obstante, es necesario puntualizar que antes de Boitel, en 1967, le había tocado a Luis Álvarez Ríos, quien junto a un grupo de presos políticos había apelado a ese recurso extremo para exigir ser separados de los delincuentes comunes con quienes habían sido encerrados. Al cabo de 11 días en huelga de hambre, y luego de unas conversaciones poco claras, el grupo depuso la protesta y de inmediato, sin recibir asistencia médica alguna, los carceleros le sirvieron una comida copiosa que al ser ingerida por Álvarez le produjo la muerte casi de forma inmediata.

Dos años más tarde el turno fue para Carmelo Cuadra Hernández, quien murió el 29 de julio de 1969 en medio de una protesta similar y sin recibir asistencia médica. Al año siguiente del deceso de Boitel fue el turno de Olegario Charlot Spileta, fallecido el 15 de enero de 1973 en similares circunstancias; lo mismo ocurrió con Enrique García Cuevas el 23 de mayo del mismo año; luego le tocó a José Barrios Pedré, que murió el 22 de septiembre de 1977. El 19 de enero de 2012 las agencias informaron: el disidente cubano Wilman Villar Mendoza ha muerto esta noche en el hospital Juan Bruno Zayas de Santiago de Cuba.

¿Es necesario recordar lo que significa para esta pandilla que nos gobierna el modelo cubano? ¿Hace falta escribir sobre la imposición de modelos antillanos en nuestro país?

Entiendo que Daniel se va a morir no sólo por la impronta antillana en nuestro país, también morirá por la inacción de una “dirigencia” opositora apoltronada que no da pie con bola y que hasta ahora luce extraviada, sin capacidad real para timonear esta dolorosa tormenta que desde hace quince años nos azota; son los mismos que han apelado, siguen apelando, y lo seguirán haciendo, a una sumisión absoluta a sus disparates. Somos varios quienes hemos dicho hasta el cansancio que sí es necesaria la participación electoral, pero al lado de una poderosa presencia en las calles. Los hechos han demostrado de manera fehaciente cómo “la calle” ha forzado a estos malvivientes a sentarse a negociar. Pero, ¿qué ha ocurrido siempre? Cuando alguien pide negociar es porque está dispuesto a conceder algo, y siempre que la plaga roja ha convocado a dialogar “la oposición” acude y termina haciendo todo tipo de concesiones sin obtener ninguna contrapartida del otro lado del tablero. 

Fueron los eternamente abandonados muchachos, los incansables estudiantes, la flor más hermosa de  nuestro país, los que han estado saliendo a las calles sin pedir nada a cambio, dejándose matar por nuestra libertad, exigiendo paz y democracia. ¿Y qué ha recibido la muchachada? Coñazos del gobierno y patadas de la “dirigencia” opositora, la misma que sí sabe acudir rauda a cobrar dividendos electorales de esas masivas movilizaciones. Fueron los estudiantes quienes se tiraron espontáneamente a la calle por el cierre de RCTV, y con su gesta muchas veces descalificada al inicio se logró estropearle la fiesta al comandante eterno de sus elecciones de diciembre de 2007.

Debo añadir aquí otro inciso para recordar que fue la salida masiva de la gente al CNE la noche del 2 para el 3 de diciembre la que impidió que se consumara un fraude descarado de la voluntad nacional, que luego fue definida por el señor aquel, con su característica bilis, como “victoria de mierda”. 

Han sido largos años de escaramuzas de todo orden en las que ha habido un claro y marcado divorcio entre la gran mayoría de la colectividad y la “dirigencia” opositora. Es así como hemos visto entrar y salir del escenario una no muy breve lista de actores de variopinto tenor, cada cual rasgándose las vestiduras y jurando, con su respectivo puñado de cruces, que ahora sí vamos a salir de este infierno. Bien sabemos todos que cada día empeora más. Y cada día el país está más solo. Cada día está más al garete. Cada día más es la inercia quien marca el norte en nuestro día a día, que ya bastante deprimente es con tratar de conseguir cómo mal comer o tener para cambiarle los pañales a nuestros hijos.

En medio de este torneo de vilezas y triquiñuelas de toda ralea a Leopoldo López se le ocurrió la poco afortunada idea –al decir de unos cuantos, que no viene al caso citar sus nombres, y quienes con sus hechos bastante en evidencia se han puesto– de llamar a la calle. ¡Ardió Troya! Y él, consecuente con su posición inicial, se entregó a la “justicia roja”.

Casi de inmediato la soledad con que se pretendió rodear al exalcalde fue opresiva, el muro de silencio y descalificación que se trató de alzar sobre él fue ominoso. ¡Insólito! En el momento que más se necesitaba unidad y solidaridad brillaron el revanchismo, el oportunismo, el bendito “pescueceo” que siempre ha reinado entre nuestra casta política. Y ante la soledad de él surgió la figura menuda de su esposa, Lilian Tintori, a la que de inmediato se trató de vejar y descalificar con el mote de la “animadorcita”, y algunas otras sutilezas de similar calibre. Fueron públicos y notorios los desplantes, como el de cierto personaje que el año pasado en el oficio religioso en honor a la Virgen del Valle, en Margarita, no fue capaz de siquiera saludarla. Tanta mezquindad da asco. Tanta miseria da pena ajena. 

Ella sola desde su delgadísima humanidad, cargando con la tristeza de Manuela Rafaela y Leopoldo Santiago, ha soportado vejámenes de todo tipo, pero sin dejar de proteger como una tigra a su familia, tratando de defender a su marido. Ella ha estado saltando de un lado a otro por el mundo entero denunciando los infiernos que en nuestras tierras suceden, y sola.  Y así le llegó el turno a Daniel Ceballos, y fue también el de su esposa Patricia, quien lo relevó como alcalde sin dejar de presentar ante todos los escenarios posibles la injusta detención de su marido. Es así como con saña desde el propio campo opositor se habla de las “cuatro loquitas” de Lilian y Patricia, la mezquindad no tiene parangón en estos lares. En este oscuro tiempo de vesania la solidaridad no brilla precisamente por su presencia. Y pese a ello Lilian y Patricia logran reunir una carta de apoyo a sus esposos rubricadas por una nada despreciable cantidad de exmandatarios del mundo.

Una de las mentes más lúcidas de nuestro mundo intelectual es sin duda alguna Marcelino Bisbal, por eso fue muy triste leer en su artículo del pasado 5 de junio, al hablar de los necios que nos representan en el ámbito político, utilizar como ejemplos por un lado al propio Maduro y a su ministro de Interiores; y a Lilian Tintori por el lado opositor. ¡Qué infeliz ejemplo, querido Marcelo! Lo primero que me viene a la cabeza es: ¿No habían otros ejemplos más notorios para utilizar? ¿O debo pensar que la menuda figura de esa mujer que trata de defender la vida de su marido y la integridad de su familia, ha crecido al punto de eclipsar al resto de esa mal llamada “dirigencia”? Lo segundo que pienso es en una jugarreta de nuestro arraigado machismo nacional y me pregunto ¿por qué usar el ejemplo de una mujer de este lado y no la de muchos otros que sobradamente han demostrado sus habilidades cantinfléricas? Si se le olvidaron a Bisbal ejemplos de ello, le ayudo con el nombre de ese personaje mefítico llamado Ismael García, autor entre otras linduras de la llamada Lista Maisanta, de la cual se escabulló con gran salero para rebautizarla con el nombre de Lista Tascón, pero que es suya y de nadie más, por solo citar uno de los laureles de que puede presumir el ex alcalde de La Victoria.

No puedo, ni quiero, ocultar mi indignación ante esta manada de bueyes cansados que pretenden ser los capitanes de este árido tiempo. Lo he dicho en diversas oportunidades y lo reitero: por favor, apártense, dejen de estorbar y dejen de impedir que quienes sí quieren y pueden modificar nuestro escenario lo hagan. A quienes pregonan que es peligrosa la inexperiencia de estos “muchachos”, les quiero recordar que Alberto Carnevali tenía 39 años al morir, ¡y cuánto no había hecho! Antonio Pinto Salinas tenía 38 años al morir ¡y qué no había hecho! Leonardo Ruiz Pineda tenía 36 años cuando lo asesinaron; Fabricio Ojeda y Pompeyo Márquez no llegaban a los 40 años cuando tumbaron a Pérez Jiménez; y en otros lugares recuerdo a Martin Luther King que murió a los 39 años, pero ya había sembrado la profunda transformación de la sociedad estadounidense. Entonces ¿de qué estamos hablando?

Por todo eso es que digo basta, y hago un llamado a la cordura, a la verdadera unidad, a dejar las jugadas de Maquiavelos de mediopelo, tropicales y subdesarrollados, que no cesan de jugar sus propias agendas. ¿Hasta cuándo joden?  Repito: hoy 10 de junio de 2015 le quedan pocos días de vida a Daniel Ceballos. ¿Lo vamos a dejar morir? Cuando haya pasado este infierno y alguno de los infinitos sayones que aquí sobran pretenda bautizar alguna plaza o avenida con su nombre le repetiré la frase de Sancho que en diálogo con su señor El Quijote dice:

—¡Crueldad notoria! ¡Desagradecimiento inaudito! Yo de mí sé decir que me rindiera y avasallara la más mínima razón amorosa suya. ¡Hideputa, y qué corazón de mármol, qué entrañas de bronce y qué alma de argamasa!

© Alfredo Cedeño

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