• Caracas (Venezuela)

Alexis Correia

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La ley de la demografía

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Toda pretensión de llegar lejos en un concurso de canto como Yo soy el artista (producción de la cadena Telemundo que retransmite Televen, hoy a las 7:00 pm, así como E! Entertainment Television en la TV por suscripción) se estrella contra la demografía. Dentro de Estados Unidos viven aproximadamente 32 millones de originarios de México y 5 millones de Puerto Rico, seguidos por cubanos, salvadoreños y dominicanos. Llegan y llegan venezolanos, pero seguimos sin ser una de las colonias más numerosas o influyentes.

Esta proporción se refleja en los 12 participantes que sobrevivían hasta el pasado domingo: tres mexicanos (Carlos, Susy, Joanna), tres puertorriqueños (Jenilca, Aaron, Stefanía), dos cubano-estadounidenses (Nat’Lee, Envee), una salvadoreña (Cathia), un venezolano (Tairon Aguilera), un dominicano (Pablo) y un híbrido antillano (César). Dentro de los candidatos duros deben estar César (el clásico muñequito de goma con flexibilidad para todos los bailes y géneros), Aaron, Carlos y sus mexicanadas, quizás Nat’Lee, ¿por qué no?, Tairon, que ha optado por una actitud de sangre dulce y cero rollo.

En la última gala que vi, Boris Izaguirre (juez) estaba disfrazado de Robin, imagino que para desasosiego del machazo mexicano de sombrero y bigote que le sientan al lado, cantante del grupo Tucanes de Tijuana o algo por el estilo. Boris se adapta rápidamente y ya habla como todo un niuyorrican: “Eres la persona más grounded (con los pies en la tierra) que hemos visto en este tipo de programas”, le dijo a Carlos. “Debes entender que no todas las cosas son for granted”, le advirtió a Susy.

La expresión de moda en el jurado es aquello de la confort zone: ¿qué participante se atreve a salir de su confort zone? ¿Cuál se mantiene cómodamente dentro de su confort zone, pero la domina tanto que se hace imbatible? La impresión que me da es que Carlos puede llegar a la final cantando puro mariachi. Recuerde: la demografía.

En E! Entertainment Television, de lunes a viernes, pasan emisiones de Yo soy el artista como reality show de convivencia en la escuelita de los cantantes, que dirige Olga Tañón, sí, la de “es mentiroso ese hombre”. He tratado de verlas pero se me hacen intolerables. Ya bastante tengo con llenar las horas vacías de mis propios días. Que si a los muchachos los dejaron salir para un concierto de Enrique Iglesias (tras bastidores, como un poseso, saltaba a hablar del español puro al inglés puro sin ningún aviso) y César gimoteó como una magdalena. Que si la Mujer de Fuego (que me recuerda a mi vecina de al lado) repartiendo su ensalada de garbanzos y vitaminas para que los muchachos no se enfermen. Que si los niños desayunaron hamburguesas de quinoa y almorzaron canoas de lechuga con pollo y aguacate, y una puertorriqueña quería que echaran ketchup. Que si a Tairon le gusta sentarse en los corners (esquinas) en el comedor. Y así. Como le dije hace una semana, tome un cronómetro y juegue a apostar en qué minuto alguien dirá: “Estoy luchando por un sueño”.

El ranking de los que más lloran por cualquier tontería (estrategia válida, tomando en cuenta que el público de este tipo de programas suele orientarse a la balada pop) lo encabezan Envee, una tipa entrada en carnes y peliteñida de escarlata que se siente desadaptada porque casi no habla español, y Pablo, al que parece que se le murió la hermana en un incidente trágico, aunque echó el cuento y no le entendí nada. Le dijeron que estaba salvado y su expresión fue idéntica a una Miss Venezuela. En estos días Aaron se quebró en llanto ante Mamá Tañón: “¡Yo no he logrado todavía verme como los demás me ven!”. Hijo mío: la vida consiste precisamente en olvidarse de eso, o uno se vuelve loco.