• Caracas (Venezuela)

Alexis Correia

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Alexis Correia

La filipina Lastimosa

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¿Qué atrae a un hombre en una mujer? Solo puedo hablar por mí. Acumular años ha consistido en un proceso implacable de relativización, desgaste del deseo y demolición de las idealizaciones de lo femenino. Un escote no es razón para cambiar de acera. No importa tanto un cuerpo, un pellizco de moléculas arriba o abajo, sino qué haces con ese cuerpo, o aquello que llaman el “fuego interno”. Nadie es tan misterioso o elegante como para dejar de estornudar, masticar o digerir. Igual valoro la discreción, que debería mantenerse hasta en el hipotético y drástico acto de quitarse la vida. Lo de lanzarse al Metro está totalmente out, causa molestias a la ciudadanía.

Seguramente usted vio el Miss Universo en Miami. Le dejo a otros la tarea, que acometieron con éxito seguramente aquel mismo domingo en tiempo real, de analizar la configuración de los organismos, la confección de las fibras textiles o la justicia del veredicto. Yo me concentré en lo que ocurrió a la primera hora de la transmisión de Venevisión: seleccionaron a 15 de las 88 muchachas y a cada una de las semi-semifinalistas las describió un video de 45 segundos. Supongo que, antes de viajar a Miami, a cada una de las candidatas se les envió un recordatorio electrónico: “Agradeceremos cualquier material fotográfico o audiovisual acerca de su infancia, familia o hobbies en general”.

A algunas se les olvidó, seguro. Se resolvió con trucos de edición, eso que llaman la “magia de la televisión”. Otras se fajaron. ¿Hubo video de las 88 participantes? No lo sé. Solo vimos 15, y tenían títulos tan cuchis como “La actriz tímida”, “La exploradora urbana”, “Mi país, mi amor”, “Cocinando la belleza”, “Familia playera”, “Determinada con el tango”, “Hermana gemela”, “La chica del taekwondo” y “¡Beisbol!” (la venezolana Migbelis, cuyo padre es el ex pelotero de ligas menores Miguel Castellanos).

En general, las fotos familiares no son estéticamente bonitas. La mayoría de las personas no somos especialmente atractivas, sobre todo si nos ponen al lado de una miss. ¿Pero qué se hace? Es la familia. Se vio a la niña Migbelis con sus rulitos y a 13 parientes (zulianos) metidos en una misma foto. La argentina Valentina (“La acampadora familiar”) le ganó con una imagen de 16 parientes, todos muy rubios, muy argentinos, en Punta del Este o algo por el estilo. La que más se fajó con el material de referencia de sí misma fue la ucraniana Diana, que no pareció venir de un país en guerra. En 45 segundos se comprimieron sus disfraces de niña, una partida de voleibol con la hermana y la mamá (¿se acuerdan de la mancheta?), torneos de baile y un saludo vía webcam de los primos desde Kiev, o algo así.

La holandesa Yasmín me despertó una total indiferencia, pero para una persona como yo, que probablemente nunca volverá a viajar, su fugaz paseo en bicicleta por Ámsterdam valió más que 100 gramos de quinoa. La brasileña Melissa mostró una banda de su estado natal, Ceará, pero la traductora de Venevisión, que esa noche tenía muchísimo fastidio, igual pronunció “Sierra”. La australiana Tegan le dio una ramita a un canguro.

El más estremecedor me pareció el de la filpina Mary Jean, de apellido Lastimosa. Algunas de sus fotos familiares, incluso con la magia de la televisión, estaban en un estado francamente deplorable y grasiento. Un video en blanco y negro se congeló en un hombrecito en cholas y bermudas: su tío, al parecer víctima de cáncer. Confieso que la imagen me pareció digna de una película de terror asiática estilo Cólico.

¿Un video de 45 segundos dice realmente algo de alguien? No lo sé. Yo traté de imaginar a través del Miss Universo cómo es Doral, un sitio donde dicen que viven muchos compatriotas, pero lo único que aprendí es que todo está en construcción. Si hubiera tenido que elegir entre las 15 chamas por sus videos, me quedaba con la jamaiquina Kaci: gastronomía de diseño, discreción, cabello de varón, la mínima información y mucho para la imaginación.