• Caracas (Venezuela)

Alexis Correia

Al instante

El culto al muerto

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Los “poderes fácticos” conspiran para que Nora (Televen, lunes a sábado, 9:00 pm) probablemente quede en el recuerdo como una buena telenovela, pero no una que marcará época como Por estas calles, de su mismo autor, Ibsen Martínez. Las palabras enmudecidas de la autocensura y un contexto en general restrictivo (que incluye cuñas publicitarias de productos invisibles en los anaqueles) constriñen la creación en televisión abierta. La participación de “capital semilla” internacional propicia, además de acentos anodinos, una pareja de protagonistas de dudosa aleación. Y sin embargo, es posible percibir el influjo de una pluma diferente.

En exteriores reconocibles de una Caracas coquetamente fotografiada casi como una ciudad de un país normal se rastrean pistas que conducen a una posible crítica político-social.

Una matriarca que idolatra a un muerto, un hijo que ha elevado a santo malandro (se opone, a ella, una hija, la menos querida de la familia, que quiere salir de abajo con su propia empresa, abolir el conformismo rentista). Un prisionero con el privilegio de una celda cinco estrellas. La superioridad estratégica del hampa ante el Estado, porque ella “carece de burocracia”, como señaló en un diálogo Mingo Vidal (el actor Iván Tamayo). La homofobia como apenas una de las expresiones de la discriminación. Una casa dividida por un muro de Berlín transparente, similar a ese punto del bulevar de Sabana Grande en el que se acaba el municipio Libertador y empieza Chacao. Una comuna socialista de cirqueros que se rige por ingenuidades como “la importancia del ser, más que del tener”.

El gran personaje de Nora, por lo visto hasta ahora, es Daniel Moros (Eduardo Victoria), un agente incorruptible de la ley que, en un pacto fáustico registrado en una escena desconcertante, vende su alma al diablo (un poder sin rostro, o los que mandan de verdad) a cambio de impunidad para la venganza pasional que ejecutará contra la heroína emprendedora y el ilusionista prófugo, variante del buen ladrón. Sus secuencias de sexo con Flor (Luciana Sylveira), la hermana de su esposa muerta, han sido todo menos rutinarias.

Alexander Leterni (en el papel de Ronald, un bailarín tomado por homosexual en su barrio) y Samantha Dagnino (la chelista Solange), robados del cine y otros mundos alternativos para la televisión, por momentos le roban el show a los protagonistas Carla Giraldo y Andrés Zúñiga, cuyos diálogos con frecuencia arrancan bostezos, despiertan poco interés. Hasta ahora, lo que más me impresiona de Giraldo son sus tomas de perfil que me hacen recordar al Cyrano de Bergerac y que rompen un poco con cierto estereotipo criollo de belleza quirúrgica. Su interpretación como Nora la coloco aún bajo observación. No me convence. A Zúñiga, como Félix, lo noto desganado.

Apartando a los que presuntamente llevan el principal peso de Nora, el reparto, en general, es compacto. Pocos lo están haciendo notoriamente mal. En el grupo de los flojos, o los que todavía no han asido por completo sus criaturas, van Miguel Ángel Tovar (Douglas), Georgina Palacios (Gabriela), Oriana Colmenares (Minnesota), Fedra López (Juanita) y Alberto Zeni (Aurelio Sotolongo).

Sonia Villamizar (como Aída, principal aliada de Nora) y Kiara (la guionista-biógrafa Carolina Pinzón) no solo lucen sólidamente instaladas en sus personajes, sino que, como mujeres, parecen irradiar cada vez más un pasmoso amor propio blindado con crema C de Pond’s. Daniel Lugo (el magnate Otoniel Lobo) siempre es un lujo, un recuerdo denso de mejores tiempos en esta televisión.

Por cierto, los admiradores y detractores de Mónica Fernández, la jueza de Se ha dicho, váyanse preparando para una gran escena de fusión de géneros junto con Flor Núñez. Con Nora, la emprendedora, seguiremos el domingo que viene.

@alexiscorreia