• Caracas (Venezuela)

Alexis Correia

Al instante

Ese acento indefinible

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Entre cacerolazo, cohetazo y guerra de minitecas con los éxitos del PSUV, intento ver la nueva telenovela de las 9:00 pm en Televen: Las Bandidas. En realidad es la de las 9:30 pm, aunque unos días empieza a las 9:25 pm o las 9:35 pm, otros días se atraviesa una cadena, y creo que un sábado la cosa arrancó a las 9:00 en punto, como me gusta: en ese sentido, soy conservador.

Es una de esas telenovelas de ahora en las que los actores venezolanos hablan con acentico extraño y ha sido extirpado cualquier elemento local. Versión de Las Amazonas, de César Miguel Rondón. Las Bandidas es el nombre de una hacienda, porque, para decepción, hasta ahora no he visto que las tres hermanas Montoya de la historia tengan nada de bandidas: más bien son de esas chicas que se cuentan sus intimidades mientras abrazan, descalzas y en chorcitos, una almohada de plumas. "La pasividad, ese mal femenino", como decía un titular de Cosmopolitan que me quedó grabado.

Lo primero que me llamó la atención fue un Jean Paul Leroux un poco sobreactuado como Sergio Navarro, el primer pretendiente de la protagonista Fabiola Montoya (la actriz colombiana Ana Lucía Domínguez), luego desplazado por el recién aterrizado veterinario Alonso Cáceres (el galán canoso Marco Méndez, importado de México debido a la escasez de hombres). En una escena de pelea, Leroux gritaba como Brad Pitt llamando a Héctor en Troya. Habría que recordarle, y este consejo va para el país en general, que no por alzar la voz y entonar como macho necesariamente se infunde miedo. Leroux tiene ahí mismito el ejemplo de todo un veterano, el puertorriqueño Daniel Lugo, que hace al patriarca Olegario Montoya.

Toda telenovela se sustenta sobre secretos. El guapo veterinario con canas que parecen mechitas le esconde a Fabiola que tiene una hija que baila ballet, ya bastante crecidita. Y Olegario al parecer mató al hermano de su hacendado rival en el pueblo de San Lorenzo, Rodrigo Irazábal (Guillermo Dávila), que entiendo que era Roberto Messuti, a quien hasta ahora sólo he visto enmarcado en un retrato. Ni quiero imaginar que Messuti ha estado de permiso debido a las elecciones.

Daniela Bascopé no me convence cuando la han puesto de protagonista, pero en Las Bandidas, en un rol más en segundo plano como la bióloga Corina Montoya, al parecer enrollada por un hombre de apellido prohibido, es una de las que siento más creíbles. Marjorie Magri (Amparo Montoya, la hermana que se regresó de Boston debido a que su querencia era el monte) luce un espléndido acondicionamiento físico, aunque como barajita que aumenta su cotización en la industria, aún sufre altibajos. Su novio Reynaldo (Gabriel Parisi) hace honor a todos los prejuicios sobre el actor esculpido en gimnasio. Hasta ahora no he visto a nadie que ponga el nunca desdeñable ingrediente humorístico.

El más cálido de todo el reparto, de lejos, Guillermo Dávila. Carlos Cruz, algo descuidado con el peso, es una presencia intrigante como el Matatán, brazo ejecutor de Olegario y uno de los pocos cuyas escenas provoca ver. Los protagonistas, como de costumbre, no se entretienen mucho, aunque Marco Méndez es muy guapo (no tengo problema en reconocerlo, y en envidiarle) y tiene buena química con Domínguez. Héctor Peña (Vicente, novio enamorado solo de Corina) sigue con su eterno problema: cuerpo de Apolo y voz desnutrida. Claudia La Gatta va destapando poco a poco su potencial de cuaima como Malena, la esposa-brebaje rejuvenecedor de Olegario.

Seguiré pendiente en próximas columnas, espero que con más calma al fondo, de este nuevo tipo de telenovela venezolana con inyección de urgido capital foráneo.