• Caracas (Venezuela)

Alexis Alzuru

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Alexis Alzuru

La revolución de las palabras

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Las conversaciones entre la MUD y el gobierno quizás haya que mantenerlas, pero no deberían ser la únicas ni las prioritarias. La comunicación que urge es con el pueblo. No existen impedimentos para hablar con los usuarios de los servicios públicos, los consumidores, los representantes de los gremios y de los sectores productivos. Tampoco está vetado el intercambio con la militancia chavista y los millones que apostaron por el reordenamiento de la nación bajo presupuestos socialistas. Que esos encuentros no estén previstos ni se hayan pensado indica que una parte de la oposición supone que las reuniones con el oficialismo son la clave para destrancar el juego. Por supuesto, la otra parte entiende que conversar en Miraflores o en las comunidades es ingenuidad. Advierten que dialogar fortalece al presidente y debilita las protestas. Quienes apoyan estas ideas concluyen afirmando que la confrontación es el arma para derrotar al grupo que administra el poder. Lo cierto es que los dos bloques de la MUD enfocan su atención en los jefes del gobierno, no en la población. Aun cuando la solución democrática a la crisis está en manos de la gente, no en las de los funcionarios del Estado.

La comunicación entre la MUD y el pueblo promete resultados que nunca se lograrán hablando con el presidente o a través de las barricadas. Por ejemplo, mientras el diálogo con la gente fortalece la resistencia activa, las mesas con el oficialismo auguran frustraciones. Por lo demás, el gobierno recibe un golpe letal cuando se le reduce su base de apoyo, no cuando algunos ciudadanos se enfrentan con la GNB y los colectivos armados.

Ampliar los interlocutores y redimensionar la comunicación es una estrategia más eficaz que sentarse con la élite gobernante o continuar con las refriegas callejeras. En el escenario del enfrentamiento las ventajas del gobierno son claras. Los ciudadanos llevan las perder, aun cuando sus convicciones se encuentren intactas y se sientan con voluntad para seguir luchado. Venezuela vive una etapa oscura porque las condiciones favorecen a quienes tienen el poder. De hecho, Nicolás Maduro es solo parte de un engranaje. Si se quiere: la cara visible de una maquinaria que tiene el monopolio de las instituciones públicas, así como de las riquezas, bienes y el dinero de la nación; posee el control de las relaciones y de la información. Cuenta con la mejor tecnología y las armas de la república, las legales y también las ilegales. La sociedad está en situación de inferioridad. Sus posibilidades de defensa son mínimas; sin embargo, mantiene la palabra bajo su dominio. Tal vez llegó el momento de valorar más el poder subversivo del lenguaje que el del activismo. Para lo cual se requiere restituir su función política. Esto es: transformar el diálogo en actos de persuasión de la voluntad popular.

Las circunstancias de Venezuela reclaman triunfos sobre el oficialismo, no solo actos de integridad moral o valentía. Pues no se trata de poner la mejilla cada vez que algunos burócratas quieran dar una bofetada para satisfacer su lujuria. Tampoco el asunto es convertir a los jóvenes en el blanco que los vándalos usan para entrenar su puntería. Ninguna persona quiere que los estudiantes se conviertan en mártires. Por cierto, a medida que los oficialistas reducen las barricadas se sienten con el derecho de actuar con impunidad. Sus deseos de crueldad aumentan con los sentimientos de victoria.

La meta es generar una verdadera revolución comunicativa que desarticule el respaldo social con el que aún cuenta el gobierno. Activar la transvaloración del socialismo: mostrar que las acciones del presidente traicionan las creencias de sus seguidores. Desnudar la situación ridícula en la que se encuentra el país por la ruindad de unos pocos. En fin, demostrar la vileza de sus pretensiones hasta conseguir que la voluntad y los votos del pueblo los conviertan en polvo.

 

*Profesor UCV