• Caracas (Venezuela)

Alexis Alzuru

Al instante

¿Hacia el revocatorio de Maduro?

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El revocatorio de Maduro flota en el ambiente pues la recesión se instaló en los hogares. La crisis entró en los domicilios, no está en las calles solamente. Cada venezolano experimenta en su intimidad la quiebra de la nación. Quizás uno de los mayores errores de Nicolás Maduro ha sido trasladar al recinto de la casas la pelea que mantiene con sus oponentes. De hecho, para demostrar que hay una guerra económica el presidente raciona alimentos, bienes y medicinas al tiempo que autoriza un incremento diario de precios. Ningún pueblo reconoce a un gobierno que permite que la inflación convierta en polvo el salario familiar. Con razón en el Metro se escucha que el sueño de las mayorías es la pronta salida de Maduro. Son demasiados los que ya acarician la idea de revocarlo el próximo año. La derogatoria de su mandato es cuestión de tiempo y acuerdos; su retiro anticipado se asentó en el corazón de la población.

La sustitución legal del presidente pareciera un proceso irreversible porque la crisis de gobernabilidad invadió la cotidianidad. Ahora bien, el revocatorio será una vía de escape excelente para Nicolás Maduro y la cúpula del gobierno, a menos que la oposición arrase en las parlamentarias.

Con una Asamblea anulada los grupos que controlan el Estado acordarán las decisiones que mejor preserven sus intereses. Por ejemplo, usarán la fórmula del revocatorio para colocar al frente del Estado a uno de los suyos. En una primera fase, Diosdado Cabello o aquel dirigente que ellos estimen importante para protegerlos será designado como vicepresidente; luego, lo convertirán en sucesor constitucional del presidente hasta el final del período. Reemplazado Nicolás Maduro, el grupo con mayor conexión con la corrupción tendrá más de dos años para lavarse la cara, oxigenarse y buscar de nuevo el poder.       

La oposición deberá ganar la mayoría absoluta del Parlamento para entenderse con la cúpula oficial en cualquier escenario que se presente. Con la Asamblea controlada por sus adversarios, la élite oficialista estará obligada a conversar. Bajo esas condiciones sus jefes entenderán que el diálogo con los venezolanos no podrán continuar evadiéndolo. También comprenderán que el debate sobre el presente y futuro de la república es entre iguales; además, aprenderán que deben respetar a la contraparte y cumplir los acuerdos pactados. Sobre todo, los oficialistas finalmente admitirán que para encarar la crisis del país estarán forzados a consensuar cualquier decisión, reforma, plan o renovación de las estructuras de poder.

Para incidir en los cambios que se aproximan la oposición deberá controlar la mayoría parlamentaria y mantener un liderazgo con legitimidad suficiente para movilizar al pueblo; de lo contrario los oficialistas actuarán como siempre. Ellos tomarán las decisiones sin consultar. A lo mejor es bueno advertir que para negociar con los rojos la oposición necesita mejorar su capacidad de presión; intimidatoria. Requiere tener autoridad constitucional para colocarlos contra la pared. Ese grupo no se dejará atemorizar con huelgas, marchas, guarimbas o con las denuncias de célebres líderes, medios y organismos internacionales.

Es época de llamar las cosas por su nombre: Venezuela está gobernada por una organización parapolítica. Estos grupos son logias o carteles que repudian la convivencia regulada, el orden y la legalidad. Quieren el caos, para lo cual no les hace falta una guerra civil. Su entrenamiento es para vivir en sociedades desreguladas; ese es el pantano que necesitan para ver crecer sus riquezas.

Por cierto, para torcerles el brazo a los jefes del oficialismo y sentarlos en una mesa de negociación no será suficiente derrotarlos y obtener la mayoría simple en la Asamblea. Entre otras cosas porque el tipo de poder que han acumulado no les permite realizar pactos políticos de cara al público; transparentes. De allí que en estas elecciones, los candidatos de la MUD se encuentren exigidos a ganar la mayoría absoluta; para sus candidatos no habrá otra alternativa. Por eso, los directivos de esa organización no tendrán perdón alguno si no asumen una responsabilidad equivalente a la que ha aceptado la ciudadanía. La gente espera reciprocidad, no guabineo; tampoco quieren favores ni sacrificios.

 

@aaalzuru