• Caracas (Venezuela)

Alexis Alzuru

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Alexis Alzuru

El problema es la abstención, no Ramo Verde

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Las decisiones de Nicolás Maduro son coherentes con su objetivo de retener el poder a cualquier precio. Por eso, la responsabilidad de quienes le adversan es ganar la Asamblea con la mayoría absoluta, no sólo denunciar la brutalidad de un gobierno que se hunde en sus miserias. El presidente sabe que Ramo Verde renueva la división entre los venezolanos; también está convencido de que reprimir a dirigentes siembra el desaliento en la población que lo cuestiona. De hecho, sus acciones van destinadas a promover la abstención. Desactivada la participación le resultará fácil provocar el choque entre maquinarias: el engranaje del Estado y del PSUV versus el de la MUD. Restringida la disputa al funcionamiento de aparatos es sencillo predecir que la oposición no conseguirá la mayoría absoluta.

La oposición debería evitar que la encierren en la polémica sobre los presos. Estar pendiente de las preocupaciones de la población es la vía para detener las injusticias que se cometen con los detenidos; invertir ese orden poco les  ayudará a conseguir su libertad. Sobre todo, atender las motivaciones de los ciudadanos puede convertir las parlamentarias en el inicio del cambio que se espera.

Colocar a Ramo Verde como eje noticioso es aceptar que las elecciones se polaricen. Basta reseñar que mientras miles condenan las violaciones de los derechos de los detenidos, otros tantos con su silencio dejan sentir sus dudas sobre el compromiso que algunos dirigentes han tenido con la búsqueda de soluciones democráticas a la crisis. Elegir entre verdugos y victimas es un atractivo insuficiente para llamar a la participación; menos aún es un incentivo que conquiste el voto de los independientes para los candidatos de la MUD.

No parece justo conformarse con la opinión según la cual los venezolanos no salen a las calles a encarar las arbitrariedades del gobierno por  comodidad. El sigilo que en muchos sectores se registra son gritos de reclamos a los jefes de la oposición, antes que una prueba de la cobardía que embarga al pueblo. En caso contrario el respaldo al presidente se mantendría intacto; pero eso no es lo que ocurre. Más de 70% de la población repudia su mandato. Otro asunto es que ese rechazo no haya cristalizado en un masivo apoyo a la MUD.

La gente está anunciando que en las parlamentarias venderá caro su aval a la MUD. Está diciendo que no votará por el eslogan de “Maduro vete ya” o por las promesas de algunas individualidades o partidos. Un cúmulo de signos sugiere que para decidir su voto los ciudadanos esperan algo más que una disputa sobre la legalidad o no de las detenciones que se han realizado. Hay un elector lleno expectativas, reclamos y planteamientos que se movilizaría por alguna propuesta incluyente sobre el modelo de sociedad y acuerdos que le garanticen un mínimo de calidad de vida. Por cierto, queda poco tiempo para mercadear una oferta en esa dirección o en alguna parecida; pues la MUD quemó catorce meses en demostrar a nacionales y extranjeros que varios de sus directivos no están involucrados en conspiraciones militares.

Tal vez a la MUD le corresponda actuar con audacia; la circunstancias obligan a redimensionar sus objetivos y prioridades. Quizás haya que pensar que ahora el esfuerzo es de apertura hacia los independientes; el trabajo no se limita a preservar la unidad entre los de siempre. De allí que una tarea urgente sería convencer a la propia militancia de que mantener en primer plano el debate sobre los presos políticos no necesariamente reporta un crecimiento de la base electoral; como tampoco la incrementa la postura que descarta una alianza con aquellos sectores decepcionados que creen que el socialismo puede renovarse con más democracia.

El presidente desea retener la Asamblea con pocos votos y mucha abstención. Entiende que su éxito electoral dependerá de las estrategias de re-polarizar y desmovilizar, no de la participación de la militancia del PSUV. De allí que haya convertido la detención de dirigentes en leitmotiv de su campaña. Quiere evitar que el voto castigo se convierta en cascada. Entendió que su enemigo no es el opositor militante, sino el elector independiente, el no alineado; a quien trata de paralizar, no de convencer.