• Caracas (Venezuela)

Alexis Alzuru

Al instante

Entre asonadas y elecciones

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Seguir diciendo que un cambio de gobierno puede concretarse a través de una confrontación electoral o mediante una rebelión militar es mantener una ilusión quepara Venezuelaresultará devastadora. Pareciera que la alternativa está en el camino que algunos se niegan a transitar: una alianza entre dirigentes y militantes de la oposición con sus paresdel Polo Patriótico. El momento es político; nopara confabularse con militares o pararepetir que la MUD derrotará al PSUV en las próximas elecciones y sus diputados serán la  mayoría en el parlamento. Es conveniente que la oposición despierte de su sueño electoral. Los jefes del oficialismo controlan las instituciones del Estado; y, por tanto, al CNE. Lo cual indica que el tiempo no es para sacar cuentas electorales; sino para plantar las bases de un pacto político que rescate la democracia.

Una alianza entre las bases de los distintos frentes pudiera producirse después de las parlamentarias; también podría ocurrir antes, aun cuando parece un poco tarde. Pero en cualquierescenario correspondería que la oposición en tanto comunidad civil, no solo como asociación partidista, diera claras señales de su interés de acordarse con los socialistas. Por supuesto, la MUD -o alguna instancia similar-cuanto antestendría que iniciar el proceso de sensibilización de la opinión pública. Pues propiciar un acuerdo entre adversarios exige un período para decantar ideas, resolver controversias y asentar emociones. En resumen, se requiere posicionar algunos mensajesy atemperar una atmósfera.

La alianza entre socialistas y opositores sería un acuerdo entre oponentes. Se trataría de un convenimiento entre sectores que poseen visiones discrepantes y escasos intereses comunes. Por lo cual, la alianza no pretenderíael careo y elección entre modelos de sociedad. Mucho menos perseguiríala conversión de la militancia de una de las partes al credo de su contrincante o viceversa.El asunto es de orden práctico:Se buscaría una asociaciónpara desmantelar la dominación cubana y programar la sustitución democrática del presidente y su grupo. Esos objetivos beneficiarían a todos los demócratas de ambos bloques; a la vez, desfondaría la posición de dominio de la minoría corrupta que ejerce el poder.

Un acuerdo entre fuerzas oficialistas y opositoras sería el inicio de la transición. Un ciclo que podrá iniciarse cuando la MUD entienda que sólo una alianza con los socialistas detendrá el avance de Nicolás Maduro. Por cierto,las recientes  decisiones del presidente y su entorno confirman que mientras sus privilegios y arbitrariedades se incrementan, la vida de los venezolanos se convierte en una existencia insegura, miserable y cruel. Lo cual se corresponde con el deseo que tiene la elite gobernantede meter al pueblo en un puño. Ellos aprendieron que la derrota anímica de los ciudadanos es la antesala de su sometimiento voluntario.

El dominio de la sociedad se gana en el terreno moralantes que en el político. Un objetivo que se logra desmoralizando al sujeto; exacerbando su impotencia, desconcierto y vulnerabilidad. La maquinaria del Estado descuartiza el mundo interior de los ciudadanos a la vez que los reprime y judicializa; los intimida y vandaliza sus protestas. El presidente usa el poder para lacerar a la sociedad hasta que sea sumisa. Mientras tanto la oposición al menos debería evaluar si en la gente queda suficiente aliento como para seguir jugando con las cartas de siempre: la receta conspirativa, la respuesta electoral o aquella recomendación de participar en los dos tableros, una fórmula que a oídos de muchossuena atractiva. La necesidad de la evaluación se presenta urgente. Sobre todo, si se reconoce que en el horizonte hay señales que sugieren un agotamiento moralen algunos sectores de la sociedad venezolana.

@aaalzuru